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Seguros de vida "riesgo" : Múltiples modelos para cubrir el infortunio

Variedad de seguros

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Los dos tipos de seguros de vida más habituales son los ‘temporales’ y los de ‘vida entera’. Estas dos modalidades están presentes en los catálogos de todas las aseguradoras, a partir de ahí cada una ofrece variedades distintas. La cobertura básica de un seguro de este tipo es el fallecimiento. Cuando su titular fallece, su entorno familiar cobra una indemnización para solventar los posibles problemas económicos y de nivel de vida que generaría la muerte del asegurado. No obstante, los seguros de vida pueden adoptar muchas formas, con lo que a la forma ‘pura’ (un solo riesgo), se le suma también la fórmula mixta (combinando la cobertura de diversos riesgos). Puestos a comparar entre prestaciones y tarifas, resulta fundamental recordar que no hay dos personas iguales y, por eso, tampoco dos seguros de vida iguales.

Seguros temporales

Los seguros temporales por fallecimiento cubren al asegurado por un periodo de tiempo determinado, que puede variar desde unos días (un viaje), varios años (entre 10 y 20) o hasta determinada edad (65 ó 75 años, según la aseguradora). Si la persona fallece durante la vigencia del seguro, el beneficiario recibirá el capital contratado, pero si no sufre ningún mal, la compañía aseguradora no tendrá que pagar la indemnización. Estos seguros destacan por su coste relativamente bajo, lo que permite asegurar capitales muy elevados. El capital del seguro deberá ser suficiente para cubrir las necesidades del asegurado, que pueden variar con el paso del tiempo. Hay tres tipos de seguros temporales: constante, creciente y decreciente. El primero mantiene el mismo capital durante toda la vigencia del seguro, en el creciente el capital va aumentando en función de las necesidades de la familia (mayor número de hijos, créditos para la compra de viviendas, etc.), y en el decreciente el capital disminuye con el tiempo, como en los seguros que garantizan el pago de un préstamo bancario.
Por lo que respecta a las primas, éstas pueden ser renovables (cada anualidad del seguro varía en función de la edad que va alcanzando el asegurado, de acuerdo con la evolución de su tasa de mortalidad) y constantes (el tomador del seguro paga en los primeros años una prima superior a la que le correspondería por su edad y pagará menos de la que le correspondería cuando por el paso del tiempo el seguro se encarezca).

Seguros de vida entera

La finalidad de este tipo de seguros es proporcionar a la familia o a la persona designada como beneficiaria un capital que pueda compensar la pérdida de los ingresos debida al fallecimiento del asegurado, facilitar a los herederos un capital que les permita atender los gastos de transmisión de bienes o garantizar el pago de las deudas o hipotecas sin tener que recurrir al resto de la herencia.
El capital asegurado (cantidad que se acuerda pagar a modo de indemnización cuando ocurra el acontecimiento señalado en la póliza, en este caso la muerte del asegurado) se abona a los beneficiarios inmediatamente después del fallecimiento del asegurado, con independencia de la fecha en que esto ocurra.
Las primas pueden ser vitalicias, es decir, se pagan hasta el momento de la muerte, o temporales; el pago de las primas tiene un periodo determinado (20 ó 30 años) pero la cobertura del seguro se extiende hasta que se produzca el óbito.

Cómo acertar en la elección

  • Tómeselo con calma y valore todos los aspectos: la compañía que le ofrece el producto, su solvencia, su capacidad de gestión, el precio, las garantías, las condiciones del contrato, etc.
  • Primero busque el seguro que más se ajuste a sus necesidades y luego compare.
  • Antes de decidir la suma del capital que pretende asegurar con el mismo, realice un cálculo de los gastos que desea cubrir.
  • Si necesita obtener la mayor cobertura al menor coste posible, contrate un seguro temporal. La mayoría de las personas aseguradas tiene una necesidad a corto plazo del seguro de vida, cuya duración ronda los 20 años (tiempo suficiente, por ejemplo, para que los hijos crezcan y sean autosuficientes). Casi todo el mundo lo contrata para proteger a su familia ante la eventualidad de una muerte, pero a medida que los hijos se forjan sus propias vidas esas necesidades desaparecen de la póliza.
  • Si es usted joven, no es recomendable contratar un seguro anual renovable, ya que la prima crece cada año y la compañía aseguradora tiene la facultad de renovar o no el seguro en cada vencimiento anual. Además, a medida que pasa el tiempo y aumenta el riesgo la prima crece a mayor velocidad. Por tanto, es mucho más interesante un seguro con prima temporal constante, a pesar de que los primeros años resulte menos económico.
  • A menudo las aseguradoras ofrecen, junto con las garantías de fallecimiento e invalidez absoluta, la posibilidad de otras coberturas complementarias (la más frecuente es la de doble capital del asegurado en caso de accidente y triple para los siniestros de tráfico). Estúdielas atentamente: en ocasiones pagando poco más puede cubrir contingencias interesantes.
  • Si usted es el tomador del seguro y casado en régimen de gananciales, desde el punto de vista fiscal es mejor pagar el seguro con dinero privativo que no sea de los dos cónyuges. De esta manera ahorrará impuestos.
  • En la cláusula referente a los beneficiarios es conveniente incluir a cada uno de ellos con nombres y apellidos en lugar de la fórmula convencional: “el cónyuge y los hijos”. De esta manera cobrarán el capital asegurado sin necesidad de esperar a la declaración de herederos.
  • Es habitual que, cuando van a percibir la indemnización, los beneficiarios se encuentren con la desagradable sorpresa de que es menor que el capital asegurado inicialmente. Para que tal situación no se produzca, es muy importante no ocultar ningún dato al contratar la póliza, ya que se puede aplicar una reducción proporcional a la prima que se debió pagar si la compañía hubiera conocido la verdad.

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