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: Mi hijo no come

La obsesión de muchos padres por la comida y la insistencia para que los niños coman cantidades desproporcionadas son los motivos principales de esta situación

Qué hacer para mejorar

  • No quiere comer con cuchara: El desarrollo de cada niño es distinto, y si el primer hijo comenzó a comer con cuchara las papillas y los purés con 4 o 5 meses, no significa que el siguiente hijo lo haga de la misma manera. A veces se confunde la paciencia (por ingeniárselas para que el niño coma de cuchara cuando todavía no quiere) con la insistencia. Conviene respetar el desarrollo de cada niño para evitar situaciones incómodas, como que el niño llore siempre mientras come, que escupa la comida o que aprenda a vomitarla.
  • Demasiadas proteínas: Los niños pequeños han de comer en plato pequeño, de forma que quepa en el plato una cantidad de comida proporcional a sus necesidades. Una ración saludable de carne son 100-120 gramos, cantidad justa para una persona adulta y para un adolescente, pero demasiada para un niño pequeño. Tanta proteína no es necesaria, ni sana. Por tanto no es un buen hábito saciar al niño con proteínas sin que antes haya comido verduras o cereales, como tampoco lo es que los niños coman proteína animal siempre, tanto para comer como para cenar. Las cifras de sobrepeso y obesidad infantil se han duplicado en los últimos 10 años, y cada vez son más las personas jóvenes con hipercolesterolemia o triglicéridos altos.
  • Demasiada leche y lácteos: Muchos adultos serían incapaces, y con toda la razón, de comer la cantidad exagerada de lácteos que toman muchos niños. Medio litro de leche al día o sus equivalentes en yogures y quesos suaves es más que suficiente. Si come más, es lógico que no le quepa mucha más comida en el estómago.

Más fruta de la que come un adulto: Dar a un niño pequeño dos o tres piezas de fruta batidas para merendar es exagerado, desproporcionado. Conviene ofrecerle al niño una cantidad de comida proporcional a su tamaño, y en particular al volumen de su estómago.

Los niños no tienen el mismo apetito todos los días

  • Raciones y platos de mayores para los menores: En una comida familiar el niño comienza por comer un buen trozo de pan porque es un día especial, y come más tarde de lo normal. Comienza la comida: picoteo de chorizo y queso (el niño come), unas croquetas (el niño come varias), primer plato (un plato de verdura que el niño come)… ¿Con todo lo que el niño ha comido ya, se pretende que coma la paella, que pruebe el guiso de pollo o se tome la fruta de postre? Son muchas las ocasiones en las que se le ofrece al menor una cantidad de comida similar a la de un adulto.
  • Todo el día comiendo: Si un niño con un año comía muy bien y de manera abundante, cuando cumpla dos no tiene que comer el doble, aunque parezca un razonamiento lógico. Lo más probable es que después del año, el niño coma menos, porque su crecimiento no es tan exagerado y por tanto sus requerimientos son menores y, de manera natural, su cuerpo le pide menos.

Malas prácticas

  • Padres muy insistentes: La sobreprotección de muchos progenitores es mala consejera de la educación infantil y de la educación alimentaria. Angustiarse e insistir en que el niño coma un alimento que se resiste a comer, lo único que provoca es mayor rechazo por parte del pequeño. El círculo vicioso ha comenzado.
  • Odiosas y “temidas” comparaciones: Las comparaciones ridiculizan a los niños, por lo que no es sano usarlas con el objetivo de que coma más y mejor. Cada niño tiene unas necesidades concretas, un apetito particular y un gusto diferente por los alimentos que conviene tener en cuenta y respetar.
  • Obligar a comer todo y comidas que el niño aborrece: Lo sano es justo lo contrario: no obligar a comer si muestra rechazo y no obligar a comer comidas que el niño aborrece. Lo idóneo es servirle la cantidad que sabemos que comerá con seguridad y esperar a que pida más si se ha quedado con hambre. Conviene dejar un tiempo prudencial entre un plato y otro y pasar al siguiente, haya o no haya comido todo, incluido el postre, pero sin chantajearle con el postre o con dulces o chucherías.
  • Chantaje emocional: ¿premios y castigos con la comida? “Si te comes las espinacas te compro un helado”… Los expertos aseguran que usar la comida como premio o castigo es un error pedagógico. Los alimentos que se usan como premio (suelen ser dulces, helados, chocolates, chucherías…) o como castigo (verduras, pescado o cualquier alimento sano que el niño no aprecie) también suponen un error dietético.

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