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: Plástico: un problema de fondo sin alternativa perfecta

UNA DE LAS GRANDES CRISIS MEDIOAMBIENTALES DE LA ACTUALIDAD ES LA INGENTE CANTIDAD DE PLÁSTICO QUE INUNDA MARES Y OCÉANOS. LOS LLAMADOS BIOPLÁSTICOS SE PRESENTAN COMO LA ALTERNATIVA. PERO ¿SON EL REMEDIO CORRECTO?

Inconvenientes de los bioplásticos

El término bioplástico suena muy bien, pero no todo son ventajas. En primer lugar, la producción de plásticos con materiales de origen renovable, como el PLA (ácido poliláctico), también genera un impacto en el medio ambiente. Por ejemplo, el cultivo del maíz, materia prima con la que se pueden fabricar plásticos PLA, necesita gran cantidad de agua y de energía, además de conllevar un uso y desgaste del suelo. Así, ese origen vegetal, aunque a priori sea bien percibido, acarrea unas implicaciones medioambientales y éticas que también deben tenerse en cuenta a la hora de valorar si un material es más sostenible que otro.

En segundo lugar, el residuo generado tras el uso de un bioplástico presenta otros problemas. Por un lado, la gran variedad de bioplásticos ocasiona confusión en el momento de ser desechados: por ejemplo, si tiramos un bioplástico compostable al contenedor amarillo, podemos estar dificultando el proceso de reciclaje, ya que debería ser depositado en el contenedor marrón para su posterior compostaje. Sin embargo, otros bioplásticos como el BIO-PET se pueden reciclar sin problema arrojándolos al contenedor amarillo. Pero, ¿y si un plástico biodegradable no acaba en el contenedor, sino en la naturaleza?

Un análisis en profundidad

Que un objeto sea biodegradable no significa que, si se deja en el monte tras un domingo de pícnic, vaya a descomponerse y desaparecer por sí solo. Para que esta degradación suceda en un corto plazo de tiempo, han de cumplirse ciertas condiciones, que deben ser proporcionadas deliberadamente para la correcta y rápida eliminación del plástico biodegradable en cuestión. Por ejemplo, el bioplástico PLA (ácido poliláctico) se degrada muy bien cuando se trata de hacer compost de forma industrial, pero tarda más en un suelo que no tenga suficiente humedad, y su biodegradabilidad es prácticamente nula en el mar. Es decir, el bioplástico PLA se descompone bajo la acción de microorganismos, pero solo lo hará en un corto plazo en condiciones industriales. Así pues, lo realmente importante en este caso es su cualidad de compostable, porque en condiciones no industriales (es decir, sin la acción deliberada del hombre para su procesado), la degradación será mucho más lenta.

Por tanto, los problemas de la gestión de los residuos de bioplásticos son en muchos casos similares a los del plástico convencional. Así, aunque de los más de dos millones de toneladas de bioplásticos que –se calcula– se produjeron en 2017, el 42,9% fueran biodegradables, la diferencia a la hora de tratar el residuo no es significativa. Si nos preguntamos si puede alguien tirar al campo una bolsa hecha de bioplástico biodegradable con la conciencia tranquila de que no producirá impactos, la respuesta es no. Esa bolsa no va a descomponerse fácilmente, especialmente en aquellos entornos en los que las condiciones no sean las idóneas, y lo más probable es que termine rasgada y convertida en pedazos de menor tamaño o arrastrada por el agua hasta el océano.

La eliminación de un plástico, incluso siendo biodegradable, no equivale a una ausencia de huella o impacto. Tanto el proceso de compostaje como la biodegradación en la naturaleza de los plásticos generan gases de efecto invernadero, como el metano o el dióxido de carbono. Además, aparte de este tipo de gases, algunos productos plásticos también pueden generar, al descomponerse, sustancias tóxicas que tienen un impacto negativo sobre los ecosistemas. Un estudio elaborado por investigadores de la Universidad de Alcalá y la Autónoma, ambas de Madrid, concluyó que uno de los plásticos biodegradables más comunes, el polihidroxibutirato (PHB), libera durante su degradación nanoplásticos que producen efectos tóxicos sobre organismos acuáticos como algas y bacterias. Sí existen algunos plásticos biodegradables comerciales que pueden degradarse totalmente sin dejar residuos tóxicos, pero son minoría.

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