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: Cada bocado deja una huella en el planeta

CUALQUIER ACCIÓN COTIDIANA DEJA UNA MARCA EN EL MUNDO QUE NOS RODEA. Y, EN CONCRETO, NUESTROS HÁBITOS ALIMENTARIOS ESTÁN ‘DEVORANDO’ EL PLANETA. PEQUEÑOS CAMBIOS EN NUESTRAS OPCIONES DE COMPRA NOS AYUDARÁN A LLEVAR UNA DIETA MÁS RESPETUOSA CON EL MEDIO AMBIENTE.

¿Cuánto le cuesta al planeta?

Tenemos unos hábitos alimenticios que devoran el planeta, por lo que la comida supone un peso muy importante en nuestra huella. La Organización de Naciones Unidas (ONU) cuantifica que la producción de alimentos consume un 30% del total de energía en el mundo y es responsable del 22% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Además, se calcula que hace uso del 70% del agua dulce disponible y del 11% de la superficie de la Tierra. El sistema alimentario también se encuentra en el epicentro de la crisis climática. Los expertos del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) instan en un reciente informe –Cambio climático y los usos del suelo– a una transformación del sistema alimentario para enfrentar el cambio climático. Una amenaza que, a su vez, ejerce un estrés adicional en los suelos, aumenta su degradación y se reduce el suministro de alimentos (al disminuir, por ejemplo, los cultivos de trigo y maíz).

Superamos los límites de la tierra

El último Informe Planeta Vivo de la organización no gubernamental WWF señala que nuestra huella ecológica ha aumentado casi un 190% en los últimos 50 años. Esto significa que estamos llevando a la naturaleza al límite, consumiendo por encima de lo que es capaz de generar. De hecho, el pasado 29 de julio, la humanidad acabó con el presupuesto de recursos que la Tierra tenía para todo el año. Es el llamado Día de la Sobrecapacidad de la Tierra, calculado por Global Footprint Network (GFN), una fecha que se ha adelantado dos meses en los últimos 20 años. A este ritmo de consumo, necesitaríamos 1,75 planetas para satisfacer nuestra demanda. Esta fecha varía en gran medida según el país. Qatar, por ejemplo, entra en “déficit ecológico” el 11 de febrero, mientras que Indonesia llega hasta el 18 de diciembre sin utilizar recursos extra. Por su parte, los japoneses necesitan 7,7 países como el suyo para satisfacer sus demandas; y haría falta un territorio del tamaño de cuatro veces China para abastecer a los ciudadanos de ese país cada año. En España las predicciones no son mucho más optimistas. Nuestro país ya había agotado los recursos anuales el pasado 28 de mayo. Hasta ese día, vivimos y consumimos como si tuviéramos a nuestra disposición el equivalente a 2,9 países como el nuestro, tal y como asegura Global Footprint Network.

¿Qué debe cambiar?

El consumo desmedido de recursos acelera la crisis climática sin precedentes que vivimos. Por tanto, vivir sin sobrepasar los límites del planeta requiere inevitablemente una reducción general del consumo. Gobiernos, productores y consumidores debemos apostar, además, por formas de producción y de consumo más respetuosas con el medio ambiente. Como hemos visto antes, nuestro sistema de producción actual es altamente demandante de agua, suelo y energía. “Para mejorarlo es imprescindible realizar buenas prácticas agrícolas y ganaderas”, afirma Celsa Peiteado, experta en agricultura de WWF. Una buena forma de hacerlo es utilizar fertilizantes naturales en vez de abonos químicos y optar por el uso de razas autóctonas y cultivos locales, “mejor adaptados a las condiciones de clima o de suelo” propias de cada territorio. Apostar por la ganadería extensiva ayuda a proteger los pastos –que son sumideros de carbono– y da empleo en zonas rurales. “Además, es importante recurrir al riego deficitario controlado, es decir, utilizar solo el agua que necesita el cultivo para tener cosechas de calidad, a la vez que se respetan los ríos y demás ecosistemas acuáticos”, explica la experta. No pueden dejarse de lado los métodos de producción sostenible, como la certificación ecológica, el sello Marine Stewardship Council (MSC), que garantiza una pesca respetuosa con el medio ambiente, o el sello GlobalG.A.P (Good Agricultural Practice) que acredita, entre otras, las buenas prácticas agrícolas o la sostenibilidad del pescado procedente de la acuicultura.

Una compra responsable

La otra cara de la moneda, el consumo, es también fundamental en este cambio. Los consumidores tenemos la oportunidad de hacer una compra responsable que disminuya la huella que nuestro día a día deja en el medio ambiente. Para hacerlo, debemos tener en cuenta todas las fases de vida del producto: la producción, el consumo y los residuos. Evitar un envase de plástico no implica que ese alimento sea sostenible si su producción deja un enorme impacto hídrico en el lugar de origen o si la gran cantidad de pesticidas empleados contamina el agua y el suelo donde crece. Aunque todavía no se incluye la huella ambiental en la etiqueta de un producto, existen hábitos que el consumidor puede seguir para reducir este impacto (ver despiece página 49). Pequeños cambios en nuestras opciones de compra que pueden tener un gran impacto en nuestra propia salud y en la capacidad de producir alimentos del planeta. Y tú, ¿qué huella quieres dejar en el mundo?

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