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: Las edades de la nutrición: alimentación infantil de 3 a 11 años

La diversificación alimentaria que se inició a partir de los 6 meses de edad se irá moldeando durante toda la vida. A partir de los 3 años, con la incorporación de los alimentos con riesgo de atragantamiento, el menú de los pequeños podrá ser el mismo que el de los adultos. En esta etapa, la forma en que se fomente una alimentación saludable posiblemente traiga consecuencias en la relación que los niños tendrán con la comida, tanto a corto como a largo plazo.

En esta etapa de la vida el objetivo no solo es ofrecer una alimentación que permita el crecimiento y desarrollo óptimo de los menores, sino también fomentar conductas saludables que en el futuro disminuirán el riesgo de padecer algunas enfermedades como la obesidad. Seguir una alimentación saludable desde edades tempranas y durante toda la vida ayuda a prevenir, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la malnutrición (en todas sus formas) y también un buen abanico de patologías no transmisibles (es decir, no infecciosas), como la diabetes tipo dos o las enfermedades cardiovasculares.

Una alimentación saludable debe ser suficiente, satisfactoria, completa, equilibrada, segura, adaptada al entorno y al destinatario, sostenible y asequible. Todos estos requerimientos no se traducen en un patrón alimentario concreto, ya que depende de la cultura y la tradición culinaria, que puede venir marcada por un territorio o zona geográfica, por las influencias migratorias y también por elecciones religiosas, familiares y personales.

La dieta mediterránea (eliminando el consumo de bebidas con alcohol) es un patrón de alimentación saludable que se considera adecuado para todas la etapas del ciclo vital, incluyendo las edades más tempranas (de 3 a 11 años). Este modelo alimentario fue declarado en 2013 Patrimonio Inmaterial de la Humanidad de la Unesco y se caracteriza por:

  • Elevado consumo de hortalizas, frutas, legumbres, frutos secos, cereales de grano entero (integrales) y aceite de oliva.
  • Un importante consumo de pescado y una ingesta moderada de lácteos y de carnes.
  • Dar preferencia a los alimentos frescos, con productos locales y de temporada.
  • Gran riqueza y variedad gastronómica, con relevante presencia de tradiciones locales.

Para acercar a los más pequeños a este patrón alimentario, se debe fomentar el consumo de más frutas y hortalizas, legumbres, frutos secos y llevar una vida social y activa. El agua debe ser la bebida de elección, así como los cereales y derivados integrales, el aceite de oliva virgen y los alimentos de temporada y proximidad. Finalmente, debe consumirse menos sal, azúcares, carnes rojas y procesadas, y alimentos ultraprocesados.

Productos ‘dudosos’ y ejercicio

Seguir una alimentación equilibrada es, sin lugar a dudas, un aspecto fundamental para la salud. Sin embargo, también lo es dificultar, limitar y poner barreras a la elección y disponibilidad de alimentos insanos. A pesar de que a menudo se cree que ambas elecciones son excluyentes, lo cierto es que no lo son. Una persona puede seguir un patrón alimentario saludable y a la vez incluir una gran cantidad de alimentos insanos en dicho patrón.

De igual forma, una persona que realiza suficiente actividad física (según la OMS, los niños de 5 a 17 años deberían realizar 60 minutos diarios de actividad física de intensidad moderada a vigorosa), puede también haber adoptado una cantidad considerable de conductas sedentarias, como permanecer sentado varias horas frente al televisor u otras pantallas. “Tan importante (o incluso más) es tener una alimentación saludable y ser físicamente activo, como limitar el consumo de alimentos insanos, por ejemplo, toda la bollería, los dulces, los refrescos, las bebidas energéticas o la comida rápida”, advierte el nutricionista Eduard Baladia, miembro de la Academia Española de Nutrición y Dietética.

Fomentar una alimentación saludable es cosa de todos

Dificultar el acceso a alimentos insanos es, por una parte, una responsabilidad social individual: si en casa no se compran alimentos insanos, los niños tendrán acceso limitado a los mismos, lo que podría disminuir el riesgo de algunas enfermedades relacionadas con el sobreconsumo de estos alimentos. Es decir, las decisiones individuales y familiares tienen un impacto en la sociedad y en el entorno que nos rodea. Por otra parte, la ciencia dice que la publicidad de estos alimentos y la exposición a las pantallas influye en las preferencias y en el consumo de comida basura, por lo que sin lugar a dudas es también una responsabilidad social empresarial. Finalmente, existe una responsabilidad social pública o gubernamental, que reside en las instituciones y administraciones encargadas de diseñar y ejecutar políticas, poner barreras a la comida basura través de leyes, decretos y regulaciones, más aún cuando la ciencia sugiere que son políticas efectivas y posibles.

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