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Accesibilidad en las ciudades: analizados zona centro, ayuntamientos, ambulatorios, bus urbano y eurotaxi en 18 ciudades : Las ciudades marginan aún más a ciegos y sordos que a quienes usan sillas de ruedas

Sólo A Coruña supera el "aceptable" en la nota global de accesibilidad. Las mayores carencias se registran en las medidas de adaptación para las personas ciegas y sordas. Quienes se desplazan en silla de ruedas han visto mejorar algo su situación

Ayuntamientos: ¿la casa de todos?

Los ayuntamientos forman parte de la rutina de muchos ciudadanos. Se acude a ellos para realizar trámites, pedir información, casarse, trabajar, consultar documentos o solicitar asesoramiento. Por tanto, cualquier persona tendría que poder acceder a las instalaciones del ayuntamiento fácilmente y sin mayor problema. Sin embargo, la realidad es muy diferente.

En ninguna oficina consistorial se proporcionó información en braille

Las entradas a los consistorios han de ser accesibles, lo que no ocurre en los ayuntamientos de Bilbao, Oviedo, Sevilla y Valladolid. Escalones, rampas que resultan peligrosas por su pronunciada pendiente y puertas no adaptadas imposibilitaban la entrada o hacían que la persona en silla de ruedas necesitase ayuda para poder acceder. En el de Bilbao la puerta principal era inaccesible, si bien pudieron pasar al edificio por una de las entradas laterales. En Valladolid se entró por la puerta trasera tras rodear todo el edificio.

En cuanto a las personas ciegas, ocho de cada diez entradas de los ayuntamientos carecían de pasamanos. En los detectores de metales de los de A Coruña, Granada, Málaga y Valencia llegaron a pedir a la persona ciega que colaboraba en la prueba que se desprendiera de su bastón.

También dejó que desear el trato del personal en las oficinas municipales estudiadas en Córdoba, Murcia, San Sebastián, Valladolid y Vitoria. En lugar de hablar directamente a la persona ciega, se dirigían a su acompañante, gesticulaban o empleaban vocablos como “aquí”, “allí”, etc. que no aportan información útil a los invidentes.

Una vez dentro de las instalaciones, es necesario poder maniobrar con la silla de ruedas en el interior. Pero en los ayuntamientos de Bilbao, Oviedo y San Sebastián las dimensiones del edificio dificultaban la movilidad. A esto hay que sumar que en diez oficinas municipales se encontraron suelos resbaladizos.

Máquinas para coger el turno e información a una altura excesiva, alfombras en los suelos, mesas de atención al público que no permiten el acercamiento a las personas en silla de ruedas (en una de cada tres oficinas) o mostradores muy altos fueron sólo algunas de las muchas contrariedades con las que se hallaron los técnicos de esta revista y los discapacitados que participaban en la prueba.

Atendiendo ya a las personas ciegas, en ninguna oficina consistorial se proporcionó la información en braille y sólo en las de Barcelona y Murcia ofrecían la posibilidad de cumplimentar impresos en soporte digital. Y únicamente en el de Sevilla contaban con gestión domiciliaria (un trabajador acude al domicilio de la persona tras solicitar el servicio por teléfono; allí le ayuda a rellenar el impreso y posteriormente lo lleva a las oficinas). Eso sí, en la mayoría de los ayuntamientos el personal no manifestó problema alguno en ayudar a rellenar el impreso al invidente, actitud de agradecer, si bien se considera insuficiente. No proporcionaron alternativa alguna de gestión al usuario invidente en los locales municipales de Bilbao, Granada, Oviedo, Vitoria y Zaragoza.

De parecido, si no peor, alcance fueron los obstáculos con los que se toparon las personas sordas. Sólo en las dependencias municipales de Cádiz había un intérprete profesional de la lengua de signos. Además, de los doce consistorios que carecían de este servicio sólo en Barcelona, Málaga y Oviedo se pudo solicitar un profesional capaz de comunicarse en este lenguaje, aunque fuera necesario pedirlo con dos días de antelación (en Oviedo disponen de un servicio de 24 horas para casos urgentes).

En este contexto, las personas con discapacidad auditiva no tuvieron más remedio que comunicarse de manera escrita, por gestos e incluso leyendo los labios del trabajador de la Administración de su ciudad. Los ayuntamientos menos considerados con los sordos fueron los de A Coruña, Bilbao, Pamplona y San Sebastián, seguidos de los Sevilla, Valencia, Valladolid, Vitoria y Zaragoza.

Otra de las carencias más llamativas es la falta de sistemas de aviso visual para alertar en caso de emergencia. Salvo en el ayuntamiento de A Coruña, no había dispositivo de este tipo: en los edificios que disponían de un mecanismo de aviso en caso de evacuación, en la mayoría de las ocasiones era sonoro.

Respecto a los ascensores, se comprobó su accesibilidad en las dependencias municipales visitadas, excepto en los ayuntamientos de Barcelona, Madrid, Oviedo y Sevilla, debido a que el edificio era de un piso o a que no se localizó elevador alguno. Y la cabina del ascensor del ayuntamiento de Cádiz y San Sebastián no permitía la entrada de una persona en silla de ruedas y de un acompañante, y sólo cuatro de cada diez ascensores de los ayuntamientos tenía pasamanos.

En el lado positivo, cabe mencionar que los botones del ascensor estaban situados a una altura correcta, excepto en los de los ayuntamientos de las capitales gaditana y alavesa. En siete de cada diez casos, la cabina del ascensor contaba con botonera en braille o en alto relieve pero sólo en Alicante y Córdoba se hallaron dispositivos acústicos.

El baño es un espacio imprescindible en cualquier edificio y debe permitir el acceso y el uso de cualquier ciudadano. En las oficinas municipales de Cádiz, Córdoba, Murcia, Oviedo, Sevilla y Vitoria no se localizó ningún aseo adaptado. El baño visitado en el Ayuntamiento de Pamplona era muy pequeño y apenas entraba la silla de ruedas.

En líneas generales, se echaron de menos puertas correderas, pavimentos antideslizantes, lavabos que permitan regular su altura, barras de apoyo abatibles junto al inodoro, etc. así como letreros en braille que diferencien los baños de señoras y de caballeros para las personas ciegas y, para las personas sordas, sistemas visuales para indicar si están ocupados o no.

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