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Accesibilidad en las ciudades: analizados zona centro, ayuntamientos, ambulatorios, bus urbano y eurotaxi en 18 ciudades : Las ciudades marginan aún más a ciegos y sordos que a quienes usan sillas de ruedas

Sólo A Coruña supera el "aceptable" en la nota global de accesibilidad. Las mayores carencias se registran en las medidas de adaptación para las personas ciegas y sordas. Quienes se desplazan en silla de ruedas han visto mejorar algo su situación

La prueba en el centro de la ciudad

Las personas con discapacidad motriz que participaron en el estudio necesitaban para desplazarse la silla de ruedas. Sólo en ocho de las 18 capitales el pavimento del centro urbano se mostraba estable. En once ciudades (Alicante, Barcelona, Cádiz, Córdoba, Murcia, Pamplona, San Sebastián, Sevilla, Valencia, Vitoria y Zaragoza) algunos bordillos tenían una altura superior a 14 centímetros. En concreto, en ninguno de los pasos de peatones por los que se cruzó en las capitales alicantina, gaditana y sevillana se había rebajado el bordillo, y sólo en algunos de las cordobesa, madrileña, murciana y zaragozana. Es más, en Sevilla y Valladolid el técnico de la revista tuvo que ayudar a subir y bajar las aceras a la persona discapacitada con la que estaba realizando la prueba. En el 40% de las ciudades analizadas, tanto farolas como señales, por su deficiente ubicación, representaban un obstáculo para el tránsito de la silla de ruedas. En la misma proporción, se encontraron elementos del mobiliario urbano con esquinas o aristas.

El pavimento táctil, que ayuda a orientar la dirección de los pasos de las personas invidentes, se vio en siete de cada diez ciudades (las excepciones: Cádiz, Murcia, Pamplona, Sevilla y Zaragoza). Mucho menos frecuentes son los suelos sonoros, muy útiles para personas que utilizan bastón (sólo se hallaron en A Coruña, Granada, San Sebastián y Valladolid).

Por otra parte, en casi la mitad de las capitales se hallaron baldosas de diferente color para que las personas con visión reducida puedan diferenciar los espacios, como por ejemplo la dirección hacia un paso de cebra. En varias calles de Valladolid (Gamazo, Muro, General Ruiz y 2 de Mayo) este pavimento táctil estaba mal situado y conducía a los invidentes directamente al tráfico. Llama la atención que sólo una de cada tres ciudades (Barcelona, Bilbao, Granada, Málaga, Murcia y San Sebastián) contaba con semáforos en todos los cruces que se encontraron el técnico y la persona discapacitada.

En el 40% de los recorridos realizados el tiempo para que la persona en silla de ruedas cruzara el paso de peatones no era suficiente (proporción similar a la de las personas ciegas o sordas): en A Coruña, Alicante, Bilbao, Cádiz, Pamplona, Valladolid y Vitoria tuvieron que acelerar el ritmo.

Es recomendable que los semáforos cuenten con algún dispositivo para avisar de cuándo se pondrá en rojo: el más habitual es que la luz verde pase de ser permanente a intermitente, muy útil para las personas sordas y hallado en la mayoría de las ciudades; mucho menos común es instalar una pantalla para indicar los segundos que quedan para que se encienda la luz roja, algo que se vio en todos los semáforos en Granada. Entre las demandas de la comunidad sorda, se encuentran el cambio de color de los semáforos ante una situación de riesgo (el paso de ambulancias, coches de policía o bomberos).

Para las personas ciegas, lo idóneo es que los semáforos emitan una señal acústica. Ninguno de los comprobados en Zaragoza lo hacía, y en una de cada cuatro ciudades se detectaron fallos de funcionamiento. Además, en A Coruña y Valladolid tienen un horario de funcionamiento limitado.

Mención aparte merecen las rejillas de ventilación, sumideros y alcantarillas, dado que si no están debidamente enrasadas o no son antideslizantes se convierten en un peligro para personas en sillas de ruedas o invidentes. En dos de cada tres ciudades se observaron deficiencias al respecto.
En Cádiz, Granada, Valencia, Zaragoza y nuevamente Valladolid se hallaron señales, banderolas y toldos, entre otros elementos, que sobresalían de la pared a una altura inferior de 2,20 metros, con los que los discapacitados visuales podían chocar. Uno de los lados de la fuente monumental de la plaza de El Pilar de la capital aragonesa queda enrasado con la acera y carece de indicaciones, por lo que las personas ciegas o con visión reducida pueden meterse en ella sin darse cuenta.

Las escaleras representan uno de los mayores impedimentos para las personas en silla de ruedas. Pues bien, se encontraron en los recorridos de la mitad de las ciudades. Una de las medidas para salvar este tipo de obstáculo es la instalación de rampas, pero en Córdoba, Valladolid y Zaragoza no las había en demasiados lugares con escaleras. Asimismo, en tres de cada diez casos la pendiente era demasiado pronunciada (situación peor: Granada, Sevilla y Valencia) y el 40% de las escaleras carecía de pasamanos.

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