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: La Universidad en la encrucijada

El sistema universitario afronta el último curso previo a la obligatoria implantación del modelo inspirado en la Declaración de Bolonia con expectación, incertidumbre y ritmos diferentes de adecuación

Adiós a licenciaturas y diplomaturas

A primera vista, la novedad más aparente de la entrada en vigor del nuevo modelo se encuentra en el cambio de denominación de los estudios superiores. Los universitarios ya no acabarán su formación como licenciados en Biología o diplomados en Educación Social. Pasarán a ser Graduados en Periodismo o en Química. Bolonia estructura todos los estudios universitarios de Europa en tres niveles consecutivos comunes: Grado, Máster y Doctorado. En el curso 2010-2011 no podrán ofertarse plazas de nuevo ingreso en primer curso para las titulaciones de Licenciado, Diplomado, Arquitecto, Ingeniero, Arquitecto Técnico e Ingeniero Técnico. No obstante, conviene recordar que los estudiantes que hayan obtenido sus títulos con anterioridad a la puesta en marcha del Plan de Bolonia no se verán afectados por esta nueva normativa. El Real Decreto de Ordenación de Enseñanzas Universitarias, aprobado en octubre del 2007, establece que los títulos universitarios oficiales obtenidos conforme a planes de estudios anteriores a la entrada en vigor del real decreto mantendrán todos sus efectos académicos y, en su caso, profesionales.


El precio del primer curso de una misma
titulación puede ser hasta 30 veces más
caro en función de la universidad elegida

Por tanto, en este curso académico que acaba de empezar el estudiante se topa con una etapa de incertidumbre y de transición entre la universidad tal y como se conocía hasta ahora y una nueva que está por venir. La disyuntiva es matricularse en una carrera ya adaptada o no. Entre las principales ventajas, la de enfilar su formación hacia la senda que marcará un futuro más especializado y con un título homologado en Europa. Entre los inconvenientes, el de acceder a un sistema aún imperfecto e incompleto.

Todo apunta a que el mercado laboral, no sólo el nacional sino que también el del resto de la Unión Europea, demandará en los próximos años personas con un título expedido por una universidad en la que se hayan asumido y aplicado las directrices europeas. Precisamente, el énfasis en la adecuación de la oferta educativa a la demanda del sector productivo es uno de los mayores recelos que la adaptación al marco europeo ha suscitado entre algunos colectivos estudiantiles y grupos académicos de titulaciones con un número reducido de alumnos, que ven peligrar su continuidad. Por ello, lo han tachado de “mercantilización de las aulas”, interpretación que las instituciones universitarias tildan de “enfoque desajustado”.

Como mínimo, cuatro años de estudios

La reestructuración de las enseñanzas superiores se refleja también en su duración. Con el Proceso de Bolonia las carreras de tres años son ya cosa del pasado. Esto redunda en el aumento del tiempo de formación para algunas titulaciones, el descenso en otras e incluso su desaparición, al menos tal y como se identifican en el sistema tradicional.

El primer nivel de la enseñanza universitaria, el Grado, tiene una duración de 4 años, lo que equivale a la superación de 240 créditos europeos (ECTS). Y es que cambia también el concepto de crédito universitario tal y como lo conocemos ahora. En estos momentos, un crédito equivale a diez horas de clase tradicional. En cambio, por cada ECTS se contabilizan entre 25-30 horas. Esto no quiere decir que la carga de trabajo del estudiante sea mayor. Representa un cambio de modelo. En lugar de centrar el eje de evaluación y de conocimiento en la clase magistral, se enfoca hacia el trabajo personal del estudiante, al que se pretende dotar de mayor iniciativa y autonomía. El acento no se pone tanto en la enseñanza como en el aprendizaje. Por ello, junto con el tiempo que se pasa en el aula, se incluye el que se dedica fuera de ella: estudio, tutorías, trabajos, seminarios… Además, con esta nueva figura se pone fin a uno de los mayores problemas que el sistema encontraba para dar uniformidad, homogeneizar y homologar distintos títulos europeos.

Los estudios de grado -a los que se accede de la misma forma que hasta ahora: título de bachiller, o equivalente, y prueba de acceso a la universidad aprobada- tienen como finalidad dotar al estudiante de una formación esencial para el ejercicio de una actividad profesional. Para dar por finalizado el Grado, el universitario debe elaborar un trabajo de una extensión mínima de 6 créditos y máxima de 30, ya incluidos en los 240. Sin embargo, estudios como los de Arquitectura y Medicina, regulados por una directiva europea específica, precisan 300 créditos ECTS (5 cursos lectivos).

Cambios en máster y doctorado

Una vez que el estudiante concluye su Grado puede lanzarse a la búsqueda de empleo o bien puede continuar su formación cursando un postgrado, bautizado como máster, que complemente sus estudios. La principal novedad es el que los másteres, cuya duración será de uno o dos cursos (60 ó 120 créditos ECTS) según el plan de estudios, ya no serán títulos propios reconocidos únicamente por el centro que los imparte, sino que se convierten en una titulación oficial. Se dividen entre profesionales, que forma al estudiante para ejercer una profesión, o de investigación, paso previo para cursar el doctorado. Y es ahí, en el doctorado, donde se encuentra otra de las innovaciones de Bolonia. Un título de Máster se convertirá en requisito imprescindible para acceder al tercer nivel de los estudios universitarios y obtener el título de doctor. En concreto, se fijará en 300 créditos europeos, (240 del grado y 60 del Máster) el mínimo requerido para poder iniciar el doctorado.

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