Saltar el menú de navegación e ir al contenido

EROSKI CONSUMER, el diario del consumidor

Buscador

logotipo de fundación

Canales de EROSKI CONSUMER


Estás en la siguiente localización: Portada > Edición impresa >

Los datos, informaciones, interpretaciones y calificaciones que aparecen en esta información corresponden exclusivamente al momento en que se realizaron y tienen, por tanto, una vigencia limitada.

: La pandemia pasa factura psicológica

De la noche a la mañana hemos sufrido una sobredosis de malas noticias y nos hemos visto abocados a una convivencia intensa. Ahora que el final está más cerca, dos expertas nos ayudan a volver a un escenario que nunca será igual. Pero hay que intentarlo.

Hacer frente al miedo

“El miedo es una emoción funcional, que nos ayuda a enfrentarnos a situaciones en las que estamos en peligro”, explica Elisabet Marina. Ese miedo nos ha sido útil –a niños y a mayores– para entender que teníamos un enemigo (el virus) y protegernos de él, así como para identificar a los héroes que nos han ayudado.

Sin embargo, durante las últimas semanas nos hemos visto más vulnerables. Hemos caído en la cuenta de que podemos estar en riesgo, y esa percepción también la han vivido nuestros hijos. El estudio de 2013 Trastorno de estrés postraumático en padres y niños después de desastres relacionados con la salud, de la Universidad de Cambridge, revela que los niños que sufrieron una cuarentena tuvieron cuatro veces más estrés postraumático que los que no la vivieron.

Otro estudio, este acerca del impacto psicológico de la experiencia de cuarentena del SARS, concluye que el 54% de las personas que habían sido puestas en cuarentena evitaba a la gente que tosía o estornudaba, el 26% eludía los lugares cerrados y el 21% rehuía todo espacio público en las semanas posteriores al período de cuarentena. Por otra parte, hay que tener especial cuidado con las personas mayores, que probablemente habrán sentido con mayor intensidad el miedo a morir por la infección; ese miedo les ha hecho enfrentarse a su vulnerabilidad, especialmente por los mensajes tan repetidos de que son el colectivo de riesgo.

  • Qué podemos hacer. Superada la crisis, nuestro cerebro va a buscar estrategias para hacer que ese miedo sea adaptativo, transitorio. Buscará argumentos y explicaciones para tranquilizarse. Iremos en busca de lo racional. En los niños será más sencillo, tienen una mayor capacidad de adaptación, pero nuestra actitud será decisiva para lograr que superen sus miedos: debemos transmitirles calma y ofrecerles seguridad. Procuremos no hablar de nuestros miedos y angustias en su presencia: aunque parezca que no se están enterando, tienen una gran capacidad para percibir las emociones. También es importante ayudarles a que expresen cómo se sienten, escucharlos y no quitar importancia a sus emociones. En los mayores, el mejor camino será el del afecto y el de ofrecerles nuevas ilusiones (una escapada en familia, una celebración) y formas de sentirse todavía útiles y activos (ayudar con alguna receta, algo de bricolaje o de costura, una consulta sobre el trabajo…).

¿Pedir ayuda profesional? Como el miedo, la tristeza o la ira son emociones funcionales que han podido surgir en una crisis como la de la Covid-19. La tristeza nos hace reflexivos y nos ayuda a valorar la vida; la ira o el enfado también aparecen porque en muchas ocasiones necesitamos el desahogo de no entender. Como indica Elisabet Marina, todas las emociones tienen una función y nos predisponen a la supervivencia. El problema surge cuando son de tal intensidad que nos paralizan y nos limitan en cualquier función del día a día.

  • Qué podemos hacer. Una apatía generalizada puede ser síntoma de que necesitamos ayuda profesional. Cuando la introspección no sea reflexiva, sino de encerramiento, cuando solo queramos estar con nosotros mismos y desde sentimientos disruptivos (soledad, abandono,frustración…), cuando entramos en una vorágine de emociones negativas en las que no tenemos herramientas para encontrar un aliento, un consuelo. El médico de cabecera puede orientarnos en este camino, pero, si nos sentimos incapaces de buscar un profesional, podemos confiarnos a nuestras personas más allegadas para que nos ayuden a encontrar recursos con los que poder mejorar nuestra situación emocional.

Las personas con trastornos. Entre las más vulnerables encontramos los pacientes con depresión. A su visión negativa de la vida se suma el conjunto de acontecimientos desagradables y de alarma que se han desarrollado.

  • Qué podemos hacer. Si tenemos alguna persona en nuestro entorno en estas circunstancias, es muy importante que se pueda sentir arropada. Resulta primordial que sigan intentando mantener horarios de comida y de descanso, pues los cambios en los ritmos cronobiológicos son negativos para las enfermedades mentales. También conviene que tengan una rutina fija, un horario en el que se incluyan tareas laborales o domésticas, así como actividades de ocio y de contacto con los seres queridos.

Con los adolescentes

Aunque la relación con ellos no siempre es fácil, en el confinamiento habremos incorporado nuevas rutinas: comer juntos, ver series, aprender a hacer un pastel… El objetivo es intentar mantener abiertos esos nuevos espacios de unión, que no desaparezcan.

  • Podemos ayudarles a valorar los aspectos positivos que ha tenido esta experiencia: la unión familiar y la participación en las tareas del hogar, aumento de las responsabilidades y control de las emociones.
  • También es el momento de decirles que hemos apreciado cómo han sido capaces de trabajar la responsabilidad al estudiar desde casa, y enseñarles a valorar la figura del profesor.
  • Intentar evitar la ‘adaptación hedonista’: que la alegría por volver a salir y por empezar a recuperar la vida de antes no se difumine en cuestión de días. El objetivo es que aprendan –y nosotros para eso debemos dar ejemplo– a apreciar y valorar los pequeños placeres de la vida. 

Paginación dentro de este contenido

Te puede interesar:

Infografías | Fotografías | Investigaciones