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: La pandemia pasa factura psicológica

De la noche a la mañana hemos sufrido una sobredosis de malas noticias y nos hemos visto abocados a una convivencia intensa. Ahora que el final está más cerca, dos expertas nos ayudan a volver a un escenario que nunca será igual. Pero hay que intentarlo.

Manejar el duelo

Si el fallecimiento de una persona querida es siempre difícil, más lo es aún no haberse podido despedir de ella para prevenir el contagio. Pueden surgir sentimientos de culpa por no haberle dicho lo que sentíamos, lo que le queríamos, así como sensaciones de impotencia y de frustración.

  • Qué podemos hacer. Una vez que la situación ha pasado, sugiere Silvia Álava, puede ser el momento de celebrar un acto o una ceremonia para recordar a esa persona que ya no está, y pedir a nuestros familiares y amigos que nos acompañen. Aunque aplazada en el tiempo, es una ocasión para superar entre todos el duelo.

Otras pérdidas. Aun cuando no hayamos perdido a un ser querido, hay otros duelos que vamos a tener que atravesar. Todos hemos perdido algo en esta crisis: puede ser el empleo, pero también la renuncia a algún proyecto –vital o profesional–, la frustración de tener que empezar de cero o el vacío que ha dejado en nosotros haber estado semanas sin poder estar con personas a las que queremos y necesitamos.

  • Qué podemos hacer. Ante este tipo de situaciones traumáticas, es completamente normal sentirnos tristes, frustrados y con rabia. Cada uno de nosotros necesitará un tiempo de adaptación para integrar el trauma en su vida y poder construir a partir de él. La siguiente fase es aprovechar la energía y ver de qué manera podremos, cuando la situación esté bien, reconvertirnos. Hay que asumir y aceptar la nueva situación y dedicar energía a nuevos proyectos.

Combatir la desconfianza. La palabra resentimiento se refiere a “volver a sentir”. Por eso, si nos dejamos llevar por este resentimiento revivimos el rencor: a los políticos, las autoridades, al bicho invasor, a las noticias tóxicas, a la mala gestión y a la realidad. Todo esto nos lleva a la desconfianza. Movernos en el recelo y en la sospecha acrecienta la incertidumbre y no nos permite avanzar. Mientras nos quedemos ahí, no recuperaremos la confianza.

  • Qué podemos hacer. Una cosa es estar atento y tener una postura crítica y otra, moverse en la suspicacia y la aprensión. Es posible que nos sintamos engañados, pero también conviene identificar aquello que se ha hecho bien, y de corazón. “Trabajar desde el perdón es liberador –explica Silvia Álava–. No tiene que ver con la fe, sino con no ir buscando las malas intenciones de los demás. Un buen ejercicio es cambiar el rencor por el agradecimiento”. Se trata de transformar esa búsqueda de los culpables en una búsqueda de toda la gente a la que tenemos algo que agradecer. Desde agricultores a reponedores, de sanitarios a transportistas, de limpiadoras a voluntarios.

Con los más pequeños

Han estado varias semanas con nosotros, viéndonos a todas horas en casa, y ahora no podemos desaparecer de la noche a la mañana. La separación debe ser gradual, y hay que explicarles la nueva situación con palabras que puedan entender.

  • Si nuestro trabajo ha sido tradicionalmente muy exigente y nos ha dejado poco tiempo para nuestros hijos, este es el momento de entender el significado de la palabra ‘conciliación’.
  • Ahora que hemos tenido la ocasión de jugar más con ellos, de dedicarles más tiempo, hacer manualidades o inventar historias, intentemos mantener dentro de nuestras rutinas estos juegos y momentos de intimidad.
  • Hay que aceptar que les va a costar mucho esfuerzo reincorporarse a la vida cotidiana. Igual que tras las vacaciones necesitan un periodo de adaptación, también ahora van a necesitar de nuestra paciencia.

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