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: La fiebre, ¿amiga o enemiga?

En el 99% de los casos la fiebre es una respuesta frente a las infecciones debidas a virus o bacterias

La fiebre en niños

Los niños recién nacidos y con menos de tres meses de vida deben acudir al hospital en cuanto se les detecte fiebre. Es allí donde se les realizarán diferentes pruebas para averiguar sus causas. Después del primer trimestre de vida, la fiebre en el bebé, por sí sola, ya no es un síntoma tan alarmante como para correr a las urgencias hospitalarias, salvo algunos casos:

  • Si la fiebre sola supera los 40º C o 40,5º C.
  • Si la fiebre se acompaña de otros síntomas como erupción en el cuerpo, dificultad respiratoria, vómitos y/o diarreas o de un trastorno de conciencia (el niño está obnubilado y desorientado).

Además, en los bebés y niños de corta edad es muy importante controlar la fiebre porque puede subir mucho, de forma súbita y provocarles convulsiones febriles. Y es que en la etapa infantil la fiebre es un síntoma muy frecuente, debido a la inmadurez del sistema inmunitario, y su causa suelen ser las infecciones. En cambio, en los adolescentes, la fiebre es menos frecuente que en los niños más pequeños, pero puede deberse a enfermedades más importantes.

Remedios y fármacos para bajar la fiebre

La fiebre se puede tratar con dos tipos de medidas:

Las medidas físicas, con las que se logra una rápida bajada de la temperatura corporal. En adultos, se puede recurrir a la aplicación de esponjas, gasas o compresas empapadas en agua y alcohol por todo el cuerpo y, más en concreto, en partes como la frente o la nuca. En niños con fiebre muy alta se pueden utilizar bañeras con agua a una temperatura inferior a la suya corporal (no es preciso que esté muy fría), donde se les sumerge durante unos instantes para bajársela.

Los tratamientos farmacológicos son cruciales, intentar reducir la fiebre solo con medidas físicas podría tener un efecto contraproducente. Son medicamentos con efecto antitérmico. Y, entre los más utilizados, figuran los siguientes:

  • Paracetamol. Es el tratamiento antitérmico más empleado, útil en cualquier grupo de edad, incluso en lactantes.
  • Ibuprofeno. Se trata de un antiinflamatorio utilizado en niños a partir de los tres años de edad, aunque también es válido en adultos.
  • Ácido acetilsalicílico (Aspirina). Muy eficaz como antitérmico y antiinflamatorio, pero que debe evitarse en los adultos con enfermedades gástricas y en los niños.

El paracetamol es el antitérmico más empleado y es útil en cualquier grupo de edad

Junto a este paquete de medidas, el descanso es otra pieza fundamental para lograr la recuperación de la persona con fiebre. Esto se debe a que el reposo permite que la sangre haga “su labor”: dirigir todos los factores que constituyen la defensa del organismo hacia el foco de la infección. De manera habitual, el reposo se produce de forma natural, ya que los niños dejan de jugar y los adultos reducen su actividad. Además, ambos tienen menos apetito, lo que permite que la sangre, en vez de concentrarse en los músculos y el estómago, se dedique más a ese proceso curativo.

Consejos para niños y personas con fiebre

  1. En los niños, controlar la fiebre es muy importante porque son muy sensibles a las variaciones térmicas y es fácil que alcancen los 40º C y esto les provoque convulsiones febriles. En los ancianos, también hay que vigilar pequeños cambios de su temperatura corporal, porque pueden deteriorar mucho su estado de salud general.
  2. Sea cual sea el método de medida, cuando la temperatura corporal supere los 38º C, de forma mantenida, se debe consultar al médico.
  3. Consultar inmediatamente al médico de urgencias si la fiebre está por encima de los 40º C o cuando se tiene fiebre cada día y durante un período prolongado (más de 2 semanas).
  4. Cuando el niño tiene fiebre, hay que destaparlo y desabrigarlo para que pierda calor.
  5. No abrigar ni al niño ni al adulto con fiebre para que suden porque les puede subir aún más la temperatura.
  6. En caso de que la fiebre no baje, se puede meter al niño en una bañera con agua tibia, a 28-29 grados para que pierda calor.
  7. No dar de comer en exceso ni al niño ni al enfermo adulto. Si no tiene apetito, dar comidas ligeras, fáciles de digerir y abundante líquido.
  8. Permitir a la persona con fiebre descansar, reposar e hidratarla.

Fuentes: Jordi Pou, jefe de Pediatría del Hospital Sant Joan de Déu, de Barcelona, y Antoni Sisó, director de Investigación de Atención Primaria del Centro de Salud Les Corts, de Barcelona, y profesor asociado de Medicina, de la Universidad de Barcelona.

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