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Los datos, informaciones, interpretaciones y calificaciones que aparecen en esta información corresponden exclusivamente al momento en que se realizaron y tienen, por tanto, una vigencia limitada.

Encuestadas 2.000 personas de 25 a 69 años de 9 comunidades autónomas sobre la influencia de la crisis en los hábitos alimentarios familiares : Hogares en crisis: las familias moderan la cantidad y calidad de sus compras en alimentación

¿Qué compramos y cuánto cuesta?

Cambios en la cesta de la compra

Pero los consumidores encuestados no solo miran y comparan más, la costumbre más habitual en esta recesión es la de sustituir un tipo de alimento considerado más caro por otro más económico. Lo hace el 83% de los responsables de compra entrevistados, especialmente los jóvenes de entre 25 y 39 años y quienes forman una familia monoparental o una pareja con hijos y otro familiar a su cargo.

La carne de bovino, el marisco, el molusco y el crustáceo; el pescado blanco y la carne de ovino y caprino se consideran los alimentos más caros, mientras que los más económicos son las pastas, la carne de ave y el arroz.

Además, uno de cada dos consumidores consultados admite que modera la cantidad de producto que adquiere. En mayor medida, lo hacen los responsables de la compra en su hogar de entre 50 y 59 años, las personas que viven solas y las parejas o familias monoparentales con hijos y otro familiar a su cargo.

Así, más del 40% de los consumidores consultados adquiere menos carne de bovino (vaca o ternera), embutidos, y galletas, bollería, pastelería, repostería y chocolates. Entre el 31% y el 38%, también ha reducido la cantidad de pescado (blanco y azul) y marisco, queso, productos lácteos como batidos y postres lácteos; frutos secos, patatas fritas de bolsa, gominolas y otras chucherías; azúcar, confituras y miel; salsas, y bebidas refrescantes y zumos; y vino y cerveza.

Por el contrario, el 35% adquiere más carne de ave (pollo, gallina o codorniz) y en torno al 20% más verduras y hortalizas, fruta fresca y pasta.

Por su parte, otros consumidores han decidido ir más allá y sacar de su cesta de la compra algunos alimentos que consideran un lujo. El 22% de los entrevistados ha eliminado el marisco, los moluscos y los crustáceos, así como algunas bebidas alcohólicas, como los licores.

Alrededor del 15% tampoco incluye la carne de ovino y caprino (cordero, oveja o cabra), productos precocinados o preparados, las salsas, las patatas fritas de bolsa, las gominolas ni chucherías parecidas. En similar proporción, también han abandonado el chocolate y los frutos secos.

Con todo, no solo varían la cantidad de productos que adquieren, también la calidad. El 51% de los entrevistados reconoce que la crisis económica le ha obligado a reducir la calidad de los productos alimenticios que compra, especialmente las familias monoparentales o en pareja con hijos y otro familiar a su cuidado.

¿Todo es más caro?

Y es que el 86% de los entrevistados está convencido de que el precio de los productos alimenticios, por regla general, ha aumentado desde que estalló la crisis económica. Lo creen así especialmente las mujeres, los jóvenes de entre 25 y 39 años, los castellano manchegos y las familias monoparentales.

Y esta percepción no es del todo errónea. Según los datos del INE, entre 2008 y 2014, la variación del IPC en materia de alimentación ha sido del 5,7%. Sin embargo, dentro de ese periodo de tiempo, a partir de 2013, los precios de los productos alimentarios han entrado en terreno negativo y han disminuido un 2,2% en un año (desde agosto de 2013 hasta el mismo mes de 2014, último dato disponible).

Recortar sin desajustar

La alimentación también hay que cuidarla en tiempos de crisis. A pesar de que la sombra de los recortes se cierna sobre el presupuesto doméstico, existe la posibilidad de abaratar costes sin descuidar la dieta y empeorar la salud. Estos son algunos consejos para conseguirlo:

Antes de comprar:

  • Llevar una contabilidad con los gastos semanales.
  • Realizar un plan de menús semanal.
  • Planificar las compras y no adquirir alimentos de forma improvisada, ya que puede que no se aprovechen al máximo.
  • No acudir a la compra en ayunas o en aquellos momentos del día en los que se tiene más hambre.

Durante la compra:

  • Ajustarse a una lista de la compra elaborada con antelación y que contemple las necesidades alimentarias.
  • Escoger los alimentos de temporada y de origen local.
  • Comparar los precios de los alimentos e identificar las buenas ofertas.
  • Prescindir de caprichos caros e innecesarios.

En casa:

  • Recuperar la comida casera. Así, se reducen costes y se puede cuidar mejor la calidad y los nutrientes de los ingredientes de los platos.
  • Recurrir al arroz, la pasta y las legumbres como plato principal, que son alimentos básicos con precios asequibles.
  • Elaborar un buen potaje o “comida de rancho”. Las carnes y los pescados siempre son productos más caros que el kilo de arroz, de pasta o de legumbres secas. Además, si se conjugan ambos tipos de alimentos, se logra un plato contundente y nutritivo.
  • Cambiar los refrescos por el agua, mucho más económica y sin calorías ni azúcares que puedan desequilibrar la dieta.
  • Llevar unos hábitos de comida racionales y no compulsivos: masticando bien y más lentamente se digiere mejor y se come menos. También es recomendable evitar las golosinas y una ingestión de azúcares excesiva fuera de las horas de comida.
  • Aprovechar las sobras para hacer nuevos platos. Buscar recetas para las sobras de comidas, como croquetas, lasañas, canelones, migas, etc.
  • Conservar los alimentos apropiadamente. Congelar aquellos que puedan pasarse de fecha.

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