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Donación de órganos : Gesto solidario de unos, segunda oportunidad para otros

El donante, un benefactor social

El perfil del donante ha cambiado. Si hace unos años, el 80% eran jóvenes que morían a causa de accidentes de tráfico, hoy proliferan los donantes de entre 40 y 50 años fallecidos por hemorragia cerebral o infarto, según informa la Organización Nacional de Trasplantes (ONT). Son personas que fallecen en los hospitales en condiciones adecuadas para donar. Pero, aun de estos, tan sólo el 1% cumple todos los requisitos de donación, entre los que priman no padecer enfermedades de tipo infeccioso o neoplásico (cáncer). Esta exigua proporción de donantes válidos refleja la necesidad vital del aprovechamiento de todos los cadáveres útiles. Y, por ende, la del consentimiento de los familiares de fallecidos que pueden ser objeto de extracción de órganos para uno o varios trasplantes.

Según una reciente encuesta, la mitad de los donantes españoles de carné ofrecen sus órganos por solidaridad. Aceptan que una vez muertos ya no les servirán de nada y entienden que hay personas que podrán continuar viviendo gracias a su generosidad. Un 38% de estos donantes voluntarios lo es por mera reciprocidad: el día de mañana ellos mismos pueden convertirse en receptores de órganos ajenos. También los hay que piensan, acertadamente, que la donación ahorra dinero al sistema público de salud. En el caso del riñón, por ejemplo, el trasplante resulta mucho más económico para las arcas públicas que la hemodiálisis.

Carné de donante

Es un documento que se formaliza en vida del donante, y por el que este declara su voluntad de permitir, tras su muerte, la extracción de órganos y tejidos que pudieran resultar útiles para trasplantes. Naturalmente, este carné no es imprescindible para convertirse en donante, ya que todos los somos en potencia. Pueden solicitar el carné de donante todas las personas mayores de edad, y se anula cuando se desea (rompiéndolo y comunicándolo a los familiares), ya que su posesión no es vinculante.

En todos los casos, se consulta con la familia el deseo de donación del fallecido y se pide la aprobación de los parientes, pero es muy poco frecuente que la familia se oponga a la voluntad expresa del donante fallecido. La tarjeta de donante es gratuita y se expide en instituciones públicas (Consejerías de Salud, coordinaciones hospitalarias de trasplante, Servicios de Información al usuario de hospitales, Centros de Salud y en la Organización Nacional de Trasplantes) y en entidades privadas, como asociaciones de enfermos renales y de trasplantados de hígado, corazón o riñón.

El receptor, o la espera angustiosa

Los receptores son enfermos graves que malviven con un órgano que ha dejado de funcionar. Su inclusión en la lista de espera correspondiente (de riñón, de hígado, de corazón…) se ve condicionada por una máxima irrefutable: la convicción médica de que tras el trasplante la calidad de vida de ese paciente mejorará sustancialmente. En ocasiones, la intervención quirúrgica supone mayor riesgo (pensemos en pacientes en diálisis que sufran además una patología cardiaca, y en el peligro que la anestesia acarrea para el corazón) que el beneficio esperado. Tampoco se recomienda el trasplante en personas con más patologías graves que la que requiere la sustitución del órgano, ya que su calidad de vida difícilmente mejorará. Cada caso, de todos modos, es analizado individualmente por los doctores especialistas.

España es el país con listas de espera más reducidas para trasplantes en todo el mundo, según datos de la ONT. Esta lista es una base de datos con los nombres de todos los solicitantes de un trasplante y con la información necesaria para elegir rápidamente, ante un órgano disponible, el receptor más adecuado. La compatibilidad entre el órgano donado y el receptor del mismo dependerá del grupo sanguíneo, de las dimensiones antropométricas, de complejas cuestiones de inmunología y, en el trasplante del riñón, de ciertos antígenos, sustancias que introducidas en el organismo dan lugar a reacciones inmunitarias. Los plazos de espera difieren según el órgano a trasplantar. En el cardíaco, la espera media es de dos meses, y para el trasplante hepático sube a tres meses y medio.

Estos periodos, aparentemente largos, suponen menos de la mitad de los vigentes en la mayoría de los países. En USA (con una de las tasas de donación más altas), los trasplantes de corazón exigen una espera media de siete meses. Y los de hígado, ocho meses. En muchos países europeos, la espera es similar a USA y superior a la de nuestro país, que es el único en que las listas se han acortado. Asimismo, somos los ciudadanos más altruistas en lo que a donaciones se refiere.

Podemos presumir de la proporción de donaciones más elevada del mundo, con casi 34 por cada millón de habitantes. Ya en las comunidades autónomas, destacan el País Vasco y Cantabria, por encima de las 50 donaciones por millón de habitantes. Les siguen Madrid, Cataluña y Comunidad Valenciana, que superan las 35 donaciones por millón de habitantes. En cuanto a trasplantes de los principales órganos, los índices españoles son de 46 trasplantes de riñón por millón de habitantes, 20 por millón en hígado y 8 por millón en corazón.

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