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Crédito al Consumo y Ventas a Plazos : Financiar al consumidor

Una de las más inequívocas características de la sociedad de consumo es que somos muchos los ciudadanos que vivimos por encima de nuestras posibilidades.

Impago a la financiera

Un usuario contrató un viaje turístico con una agencia, que le concertó para el pago del viaje un crédito con una sociedad financiera. Esta tenía en exclusiva la atribución de los préstamos concedidos a los clientes de dicha agencia, según un acuerdo de ambas sociedades.

El consumidor reprochó a la agencia de viajes un cumplimiento defectuoso del servicio contratado, y dejó de abonar los plazos del préstamo a la financiera, que, a su vez, interpuso una demanda contra el usuario por el impago de la cantidad adeudada. Como cuando ocurrieron los hechos, la Directiva Europea de Crédito al Consumo no estaba adaptada a nuestro ordenamiento jurídico, el Tribunal Europeo, en sentencia del 7 de marzo de 1996, consideró que el consumidor no podía argumentar ante la financiera defectos en la prestación del servicio por parte de la agencia, de modo que se aplicó el artículo 1257 del Código Civil, que establece que los contratos sólo afectan a las partes firmantes.

Si la Directiva hubiese estado adaptada entonces, como lo está hoy en la actual Ley de Crédito al Consumo, este consumidor hubiera podido alegar ante la financiera, para justificar el impago, el cumplimiento defectuoso del contrato por parte de la agencia de viajes.

Pacto de reserva de dominio

Un consumidor compró un coche mediante un contrato de financiación con pacto de reserva de dominio, es decir, el vehículo era propiedad de la financiera hasta que el usuario abonara el crédito en su totalidad. La cláusula de reserva de dominio se inscribió en el Registro de Ventas a Plazos, y como el consumidor mantenía una deuda con la Seguridad Social, se procedió al embargo del vehículo en favor de esta entidad pública, en el Registro de Tráfico de Zamora. Ante estos hechos, la financiera acudió a los tribunales con un argumento que, en su opinión, le amparaba: la reserva de dominio, por la que el vehículo era de su propiedad y no del consumidor, de ahí que no podía ser embargado por un tercero.

La Audiencia Provincial de Zaragoza, en sentencia del 29 de mayo de 1997, consideró que el pacto de reserva de dominio es la garantía por excelencia en las operaciones a plazos, por lo que no se entiende la propiedad efectiva de la compra hasta el pago total del precio. Esta fórmula permite al comprador disfrutar del objeto, pero no así de su propiedad. Respecto a este caso concreto, el vendedor ya había ingresado el dinero, por lo que la propiedad recaía en la compañía financiera.

El ordenador financiado no se vendió

Una consumidora firmó para la compra a plazos de un ordenador la póliza de un préstamo que, en sus condiciones generales, autorizaba a la financiera a efectuar directamente el pago al vendedor y le reservaba el dominio de los bienes, en una operación regulada entonces por la antigua Ley de Ventas a Plazo, de 1965. Al final, el consumidor no recibió el ordenador y dejó de abonar los plazos a la financiera, que, como ya había abonado la compra al vendedor, presentó una demanda por las cuotas impagadas.

La Audiencia Provincial de Granada, en sentencia del 11 de octubre de 1997, estimó que al no estar acreditada la entrega del bien objeto de financiación al comprador, éste no se encuentra obligado a realizar desembolso alguno ante la compañía financiera, dado que, de lo contrario, se hubiera producido un desfase en su propio perjuicio.

Según la sentencia, si a la financiera le estaba permitido efectuar el pago al vendedor, debería haberse cerciorado de que éste cumplía también con la entrega del ordenador al cliente. Por lo tanto, debía asumir las consecuencias derivadas de su propia negligencia y no podía reclamar al comprador en virtud de la póliza del préstamo la cantidad impagada.

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