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“La buena voluntad de la industria está bien, pero, si no funciona, hay que establecer reglas” : Entrevista: Alberto Garzón, ministro de Consumo

Hablemos de otras políticas. ¿Siguen otros ejemplos, como el de Reino Unido, en su regulación de la publicidad?

Seguimos todas las experiencias internacionales. En España tenemos un Ministerio de Consumo por primera vez, pero en otros países, especialmente en los anglosajones, es una competencia muy desarrollada y una preocupación desde hace tiempo. Hay líneas de trabajo de la Comisión Europea en las que ya vamos retrasados y queremos acelerarlas. Hablamos, por ejemplo, de la nueva Agenda del Consumidor, prevista para 2020-2025 y que habla de consumo ecológico, de derechos de los consumidores, de etiquetado, de mejorar la información… En otros países esto lo tienen mucho más avanzado, y sus industrias también están más adelantadas. Hoy, en los supermercados españoles ya hay productos que han incorporado el Nutri-Score como herramienta de marketing, pero también porque en sus países de origen ya está implantado. Hay fabricantes y distribuidores que quieren influir positivamente en la alimentación saludable.

¿Qué camino les animaría a seguir? Hay empresas muy concienciadas con esta tarea. Es su negocio, y conocen muy bien las demandas cambiantes de la población. Hace 30 años no existían estas exigencias. Las empresas lo saben, hacen estudios de mercado y conocen perfectamente que la gente demanda productos más naturales, menos ultraprocesados. Más producto cercano, más conexión local. Todo eso lo saben y lo van adaptando. A aquellas empresas sensibilizadas con este asunto, no solo por razones de negocio, sino porque comparten como valores y principios, una situación peligrosa de obesidad infantil, las invitamos a que aceleren. Las que vayan en esa dirección, van a tener a través del etiquetado Nutri-Score una especie de premio.

¿En qué sentido? Me refiero a que la gente va a preferir comprar los productos menos nocivos. Y, en ese sentido, hay un alineamiento de intereses. Puede haber resistencias, pero vendrán de aquellas empresas cuya existencia depende en gran medida de productos malos para la salud. Es decir, dejaremos tiempo a la adaptación, pero como Gobierno no podemos permitir que haya un vector por el que los menores pongan su vida en riesgo.

¿Qué objetivos realistas, alcanzables, se ha trazado para esta legislatura? Es difícil… A mí, por deformación profesional, como economista, me gustan mucho los números. Y, además, creo que, sin materia prima, sin datos, no se puede hacer bien política pública. Pero nos ha tocado una pandemia que ha distorsionado toda la serie temporal. Es decir, había una evolución muy lenta, pero positiva, en los indicadores. Y, ahora, de repente, la epidemia y la crisis económica hacen que todo eso se distorsione. No sabemos en qué punto estamos. Mientras no haya información y datos nuevos –que no tenemos porque son indicadores complejos, requieren más tiempo–, es difícil marcarse un objetivo completo.

¿Puede un único Ministerio hacer frente a un problema como el de la obesidad infantil? La obesidad infantil requiere una aproximación multidimensional. Desde el Ministerio de Consumo tratamos humildemente de ser la palanca con más fuerza, porque tenemos mucha capacidad regulatoria. Pero hablamos de un fenómeno con muchas aristas, que abarca desde la educación en las familias a la forma de transmitir de las empresas, de los medios de comunicación… Todos estamos integrados en la cadena de mensajes que, al final, están detrás de nuestros patrones de consumo. Incluso tiene que ver con el urbanismo: ¿pueden los menores en sus barrios hacer ejercicio físico? ¿Estamos construyendo ciudades donde solo hay casas de apuestas? En el Ministerio vamos a hacer todo lo posible, y creo que lo estamos haciendo bien. Pero somos conscientes de que se necesita el trabajo de todas las administraciones y de la sociedad civil. Hay una creciente conciencia sobre estos temas, en la parte ecológica y en la de la salud. Eso hace que el consumo responsable y el saludable sean dos vectores. Pero hay muchas resistencias que tienen que ver con grandes poderes económicos que han sacado mucho beneficio con un modelo de negocio que no quieren cambiar. Vamos a hacer que se pueda cambiar.

¿Qué queda por hacer? Todavía tenemos muchos retos. Las políticas que se han ido impulsando, aunque han conseguido frenar la subida vertiginosa de los índices de obesidad infantil, no consiguen reducirlos. Fomentar la mejora de los hábitos nutricionales familiares, impulsar el ejercicio físico, establecer medidas del control de la publicidad mucho más rigurosas y redoblar esfuerzos desde las administraciones públicas para incluir en los criterios de compra de alimentos la perspectiva ambiental, cultural y nutricionalmente adecuada son algunas de ellas.

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