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“La buena voluntad de la industria está bien, pero, si no funciona, hay que establecer reglas” : Entrevista: Alberto Garzón, ministro de Consumo

¿Será la subida del IVA a las bebidas azucaradas una realidad este año?

Está en vigor la parte que corresponde a los Presupuesto Generales del Estado. Es una herramienta para desincentivar el consumo, no para recaudar. De hecho, en términos cuantitativos, no sube una gran cantidad de céntimos por cada producto individual. Lo que hace es trasladar un mensaje de salud pública desde las autoridades hacia la sociedad: “Este tipo de producto no es saludable y su consumo excesivo puede tener unas consecuencias muy dramáticas en el medio y largo plazo en términos de obesidad infantil”. Como sabemos, esta tiene una correlación muy importante con la obesidad en edad adulta y, a su vez, empeora los pronósticos de muchas enfermedades. Recientes experiencias piloto en algunos lugares del mundo –podríamos poner el ejemplo de Cataluña, como modesta prueba piloto– han funcionado, las encuestas que se hacen después revelan que la gente entiende el mensaje y trata de cambiar sus hábitos. Evidentemente, esto por sí solo no resuelve todo. Hay que combinarlo, pero teníamos la oportunidad de incorporarlo de forma inmediata en los presupuestos. Vamos a estar muy atentos a la evolución, a hacer encuestas posteriormente para ver si funciona, para comprobar hasta qué punto ha sido útil y cómo se puede reforzar.

¿Por qué solo se ha decidido aumentar el gravamen de los refrescos y no el de otros productos ultraprocesados, también ricos en azúcares? Es una especie de prueba piloto. Probamos con una serie de productos, los más agresivos en términos de salud, para ver cómo funciona. Después, haremos un seguimiento, una política de control. Si vemos que funciona, tendremos que expandirlo. Estamos hablando de una preocupación que, aunque ha crecido mucho en los últimos años, es relativamente nueva. Es decir, hace 30 años nadie se preocupaba por el consumo saludable y, por eso, las políticas públicas también son nuevas. Tenemos que ver cómo hacemos políticas públicas exitosas. No buscamos titulares. De hecho, no se trata de un asunto extraordinariamente atractivo. Simplemente, creemos que es útil para el propósito de reducir la obesidad infantil. Y forma parte de un pack.

Además de aumentar el impuesto a los productos menos saludables, ¿se plantean reducciones fiscales o ayudas que incentiven el consumo de alimentos saludables? No le decimos a la gente lo que tiene que comer: puede comer lo que quiera. Pero hay que entender que el componente educativo es central y, por lo tanto, tratamos de mostrar señales que enviamos a través de la regulación, como la fiscalidad; o enseñar con campañas de información, un etiquetado más útil, más transparente. Desde luego, en casos extraordinariamente necesarios sí vamos a la regulación directa. Es el caso de la publicidad infantil, con la que entendemos que se ha sobrepasado la capacidad de ofrecer cualquier producto a cualquier persona, porque hablamos de sectores especialmente vulnerables como son los menores.

¿Qué formas manejan para incentivar un consumo saludable? Varias. Por ejemplo, la mayoría de los productos saludables tienen el IVA más reducido posible. Hablamos de productos que forman parte de una dieta equilibrada y que se han ido perdiendo. En nuestro país somos afortunados por tener una dieta mediterránea, pero se da la paradoja de que se pierde como hábito de consumo, y especialmente en las familias más pobres, por múltiples razones, sobre todo, socioeconómicas: hay menos tiempo, se visitan más restaurantes de comida rápida que tienen efectos más perjudiciales… Todo eso hay que abordarlo de manera conjunta, pero no es sencillo. Sobre todo, porque cuando hemos llegado al Ministerio nos hemos dado cuenta de que había una tendencia a combatir eso, pero dispersa y poco contundente. El hecho de que tengamos un Ministerio de Consumo ya es en sí mismo un mensaje. Y creo que puede ayudar en esta dirección.

La hoja de ruta de Nutri-Score

Ya casi está aquí. El objetivo del Ministerio de Consumo es regular, después del verano, la implantación voluntaria del etiquetado frontal Nutri-Score para que las empresas lo utilicen de forma correcta. Voluntario, sí, porque las competencias para hacerlo obligatorio son de la Comisión Europea. Nutri-Score traerá consigo, además, una gran campaña de acciones formativas para explicar a los consumidores para qué sirve y cómo se utiliza esta herramienta. Pero, ¿por qué se ha elegido este sistema y no otro? Desde el ministerio reconocen que este etiquetado no es perfecto, pero cuenta con un gran respaldo dentro de la comunidad científica. Además, al estar ya implantado en algunos países de nuestro entorno, como Francia, Alemania y Bélgica, ayudará a las empresas españolas a competir en igualdad de condiciones en esos mercados. Tras su regulación, llegará el turno de la publicidad. Según fuentes del ministerio, este etiquetado va a proporcionar perfiles nutricionales que servirán de base para abordar a finales de año la regulación de la publicidad de los productos insanos, con especial atención a aquella dirigida a los menores.

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