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: Enfermedades, fármacos y conducción, un triángulo peligroso

Conocer los síntomas de la enfermedad, su tratamiento y seguir las directrices del personal sanitario sobre las limitaciones que puedan afectar a la conducción son las claves para conducir con seguridad

Riesgos en embarazadas y personas mayores

Embarazo sin riesgos

La conducción es una actividad que no está contraindicada para las mujeres embarazadas siempre que se lleve una gestación sin problemas y se tomen las debidas precauciones, entre ellas evitar los desplazamientos largos, descansar periódicamente y aprovechar las pausas para caminar o practicar algún ejercicio. No obstante, hay que tener en cuenta una serie de factores que pueden alterar la capacidad de concentración durante la conducción y poner en peligro a la futura mamá y el feto. Uno de los más frecuentes es el sueño que sufren algunas mujeres en este estado.

La gestación puede producir cambios en el nivel de azúcar en la sangre, modificaciones de la tensión arterial, alteraciones en la visión y edemas en los miembros inferiores. Durante los últimos meses de embarazo el tamaño de la barriga puede obstaculizar los movimientos y reflejos, impidiendo que se puedan realizar maniobras con seguridad, por lo que en las últimas semanas del embarazo lo más aconsejable es que la futura madre deje de conducir y ocupe alguna de las plazas destinadas a los pasajeros. Como medida de prevención de males mayores en caso de accidente, es obligatorio el uso del cinturón de seguridad en todos los desplazamientos, salvo que el médico o la comadrona lo hayan desaconsejado expresamente. En estos casos, se deberían evitar o limitar los viajes en coche. Lo más recomendable es utilizar el cinturón de tres puntos de anclaje -aquellos que disponen de banda pélvica o inferior, y banda torácica o superior- frente al de dos puntos. En cuanto a su modo de empleo, se coloca la banda superior de manera que ésta se ubique entre los dos pechos, y la banda inferior tan abajo como sea posible, evitando la presión directa sobre el abdomen y el pecho.

Mayores al volante

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Con la edad aumentan los síntomas que indican un deterioro cognitivo, sensorial y motriz que, combinado con alguna patología, puede dificultar la capacidad de atención y, por tanto, la conducción. Según datos de la Asociación Española de Centros Médicos Psicotécnicos (ASECEMP), se deniega con mayor frecuencia la renovación del carné a los mayores de 65 años (2’75%) respecto a los demás grupos de edad (menos del 1%). Salvando las particularidades de cada uno, el deterioro progresivo de las capacidades psicomotoras se hace más evidente a partir de los 65 y se multiplica después de los 75 años.

El 77% de los conductores españoles se pone al volante bajo estados de estrés, y el 22% lo hace en episodios depresivos

Aunque para muchos automovilistas las personas de más edad representan un peligro al volante, los expertos indican que cada persona envejece de una manera diferente, y este estado no es incompatible, en principio, con los principios más elementales de seguridad vial. De hecho, ni España ni los países de la UE establecen límites a la conducción por edad. Según datos de la DGT, menos del 5% de los implicados en accidentes de tráfico supera los 64 años. Esta situación la reflejan las compañías de seguros, que no cobran recargo alguno a los mayores de 65 años, mientras que sí lo hacen con los más jóvenes. Los indicadores más habituales de que algo no va bien se hacen evidentes cuando la persona mayor no respeta las señales, no hace el stop ni cede el paso, gira sin avisar, invade de manera continuada el carril contrario y sufre golpes frecuentes por errores de cálculo al circular o aparcar. Otros síntomas son las dificultades para seguir una trayectoria en línea recta.

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