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Comparados los precios de 67 salas de A Coruña, Barcelona, Bilbao, Madrid, Sevilla y Valencia : El lujo de ir al cine

El precio medio de una entrada en fin de semana es de 6,76 euros, casi tanto como los 6,57 euros que se paga por una ración mediana de palomitas (3,36 euros) y un refresco (3,21 euros)

Palomitas y refresco, casi tan caros como la entrada

Para muchos usuarios, acudir al cine no se limita a pagar la entrada y entrar en la sala a ver la película, antes hacen otra cola, la de la tienda en la que se venden palomitas, y refrescos, compañeros para disfrutar de cualquier sesión a cualquier hora. De las 67 salas analizadas por CONSUMER EROSKI, 53 facilitaron los precios de una ración mediana de palomitas, que pesaba entre los 130 gr y los 225, y de un refresco también de tamaño intermedio que media entre los 50 y los 75 cl.

En el caso del aperitivo, su precio medio es de 3,36 euros. Algo más barato es lo que cuesta de media la bebida: 3,21 euros. En conjunto, ambos suman 6,57 euros, una cifra muy similar a la de una entrada de cine durante el fin de semana, 6,76 euros. En total, el desembolso que supone ir al cine acompañado de palomitas y refresco asciende a 13,33 euros.

Por ciudades, Madrid es la capital más cara para saciar el hambre mientras se ve una película en la pantalla grande. Las palomitas cuestan de media 3,76 euros, y la bebida 3,60 euros. Muy cerca está Barcelona con 3,60 euros por el snack, y 3,50 euros por el refresco. Le sigue Bilbao donde una ración de palomitas mediana cuesta 3,50 euros y la bebida del mismo tamaño 3,30 euros. En A Coruña se paga de media 3,30 euros por el cubilete de palomitas y 3,10 por el refresco. Sevilla y Valencia son las ciudades más baratas para dar rienda suelta a estos caprichos: en ambas capitales las palomitas cuestan 3 euros y la bebida 2,90.

Las palomitas de la discordia

Los más de 3 euros que, de media, cuesta una ración mediana de palomitas en los cines analizados pueden incitar a buscar una alternativa algo más barata si no se quiere renunciar a ellas mientras se disfruta de una película. La solución más habitual pasa por comprarlas en otros establecimientos, casualmente ubicados muy cerca de las salas, con precios más reducidos .


Madrid es la capital en la que más se paga
por ir al cine: durante el fi n de semana la
tarifa media asciende a 7,32 euros

Claro que no siempre es posible. Quien más y quien menos habrá acudido en alguna ocasión cargado con palomitas, y viandas varias, y se habrá topado con la prohibición de entrar en el cine con productos adquiridos en el exterior. Ahora bien, ¿es legal este imperativo? Y si es así, ¿en qué condiciones debe realizarse?

Lo cierto es que no hay una respuesta única. Varía en función de la comunidad autónoma en la que se encuentre la sala. Con carácter general, los distintos espectáculos y actividades recreativas, entre los que se encuentran los cines, están regulados por el Reglamento General de Policía de Espectáculos Públicos y Actividades Recreativas. Pero cada comunidad tiene también competencia en esta materia. En la mayoría de las normas autonómicas no hay un epígrafe específico y expreso sobre si es lícito o no prohibir la entrada a usuarios que porten productos comprados en el exterior. Sin embargo, sí que se reconoce el derecho de la sala de cine a fijar las condiciones de admisión, y la obligación de los espectadores de cumplirlas. En ese caso, las salas deben comunicar de forma clara y legible, por medio de carteles en los puntos de acceso y de compra de las entradas, las condiciones de admisión, incluida la de prohibir la entrada con productos del exterior. Sin la presencia de esos carteles, las empresas responsables de las salas no pueden evitar que los usuarios entren con alimentos comprados en otros establecimientos. De lo contrario, se vulneraría el derecho a la información y libre determinación para decidir si entrar o no en la sala.

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