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Parques públicos de juego infantil : Demasiados defectos de seguridad

El juego es un elemento de interrelación natural entre los niños

Los adultos también juegan su papel

Para que los niños disfruten del juego en un parque infantil y lo hagan con el menor riesgo posible, no sólo cuenta la calidad y el estado de conservación de los aparatos de juego y la zona donde se hallan ubicados. Deviene también fundamental la educación que esos niños reciben de sus padres.

Si un adulto lleva a un niño a un parque, ha ser consciente de que hasta los que cuentan con los materiales y diseño más eficaces, ergonómicos y seguros tienen sus limitaciones. En otras palabras, que los accidentes no sólo ocurren por defectos en los aparatos e instalaciones.

Frecuentemente, vienen precedidos por acciones temerarias de los niños que superan las posibilidades de prevención del diseño de los aparatos involucrados en el accidente. Los niños necesitan experimentar los equipos por sí mismos, no les sirven los consejos. Para que los niños eviten que el peligro les sorprenda, los adultos deben hacerles comprender, de la forma más didáctica y amena posible, los riesgos existentes.

Es muy conveniente que compartan el juego con los niños y les enseñen a valerse por sí mismos. Y que les enseñen a respetarse y a no empujarse, sobre todo en los lugares elevados. En los toboganes, por ejemplo, está muy bien acostumbrar a los niños a esperar a que termine de bajar el último antes de lanzarse el siguiente. Hay que mentalizarles también de que deben rodear los equipos en movimiento, especialmente los columpios, causantes habituales de encontronazos y golpes. Asimismo, conviene que se habitúen a evitar los resbalones, fijándose en la superficie que pisan, y a agarrarse firmemente en las estructuras de trepar.

Otra medida de precaución, con muy poco predicamento en estos parques, es que los niños mayores tomen conciencia de la vulnerabilidad de los más pequeños, que los respeten e intenten no atropellarlos. Una última, y cívica, buena costumbre: avisar a las autoridades de los defectos de seguridad y mantenimiento que detecten en estas zonas de juego infantil. Y, naturalmente, exigir las reparaciones oportunas.

No hay normativa

Lamentablemente, no existe una legislación española que regule cómo han de ser los parques infantiles en cuestión de seguridad y calidad de aparatos e instalaciones. Por esta razón, CONSUMER se ha basado en normativas europeas (la comunitaria EN 1176 y 1177, y la alemana DIN-7926) a la hora de establecer criterios de evaluación del estado de los aparatos. Con frecuencia, las deficiencias de equipamiento detectadas en los aparatos de juego tienen su referencia en estas normativas. Por ejemplo, en el 23% de los columpios, toboganes, balancines y conjuntos estudiados hay defectos contemplados en ellas (altura excesiva, ausencia de vallas protectoras, pavimentos inadecuados). Esto, en relación al total de aparatos estudiados (490), significa que uno de cada 10 presentaba alguna carencia enunciada por las normativas europeas.

Un aspecto clave en materia de prevención de accidentes es el tipo de suelo sobre el que reposan los aparatos. El pavimento sintético, de caucho o materiales similares, es el más seguro y recomendable (en caso de caída del niño, el que mejor amortigua la posible lesión), si bien resulta el más caro de instalar. El informe ha constatado que las autoridades van asumiendo la cuestión: casi el 40% de los aparatos inspeccionados se hallaba sobre una superficie de caucho o material sintético. El 37% lo era de arena, interesante ante los accidentes pero algo problemático en materia de higiene. Además, la arena puede apelmazarse y convertirse en una superficie dura en caso de caídas. Pero aún son demasiados los aparatos que resposan sobre superficies nada aconsejables, como el hormigón (11%) y los adoquines de piedra (el 5%).

Por ciudades, la situación más encomiable se ha registrado en San Sebastián, cuyos aparatos de juego estudiados reposaban en un 81% en caucho, mientras que en el polo contrario en Castellón ninguno lo hacía. Otra situación muy mejorable es la de Pamplona: el 70% de los pavimentos son de hormigón o de adoquines de piedra. Ya en niveles de menor importancia, se ha comprobado que la grava, el césped y los troceados o cortezas de madera (más aceptables) están en el 3,5%, el 3% y el 4% de los aparatos, respectivamente.

El material más común de los aparatos de juego es el metal, ya que el 86% de ellos tenían partes metálicas. Los oscilantes y columpios son casi todos de metal. La madera está presente en el 67% de los aparatos. Los multijuegos son los que más recurren a este material. El PVC es menos frecuente: sólo aparece en el 46% de los aparatos y es más común en los multijuegos. Otros materiales más secundarios fueron la goma de los asientos, la cuerda para trepar… Los expertos consideran que, en la medida de lo posible, convendría sustituir los aparatos de metal por otros de madera o plástico.

Cómo podrían mejorar los parques infantiles

Una vez que entren en vigor las normas europeas EN sobre equipos de áreas de juegos, se deberían incorporar a la legislación española. Hasta entonces, podrían adoptarse medidas con el fin de que se aprueben unas reglas técnicas para la normalización de los equipamientos de las zonas de juego infantiles, que acrediten la calidad y seguridad de dichos elementos. Así, los técnicos municipales encargados de esta cuestión podrían saber a qué atenerse. Además, otras iniciativas podrían ser:

  • Tráfico: defender suficientemente las áreas de juego frente al tráfico rodado (entraña ruidos y peligro), separándolas de él por medios naturales (setos) o artificiales (muros o vallas). O, mejor, instalando los nuevos parques en zonas alejadas de la circulación viaria.
  • Niños minusválidos: mejorar la accesibilidad de los parques para estos usuarios con necesidades especiales.
  • Sustituir las superficies duras y poco seguras (hormigón, piedra…) por pavimentos (caucho, material sintético) que amortiguan golpes y caídas. Si son de arena (un material aceptable), requieren constante llenado y renovación.
  • Sustituir los elementos metálicos de los aparatos por maderas tratadas y plásticos.
  • Mejorar la conservación e higiene de estas zonas. Inmediata reparación o retirada de equipos que generan riesgos. Una inspección con la periodicidad adecuada parece la mejor medida.
  • Más información: carteles con indicaciones sobre centros sanitarios próximos que presten atención en caso de accidente, y sobre dónde hay que comunicar los desperfectos observados en las instalaciones.
  • Diferenciar, en función a la edad aconsejable de sus usuarios, los aparatos de juego, o los diversos espacios de cada parque.
  • Favorecer, en padres y niños, la concienciación sobre los riesgos derivados del uso de estas áreas.
  • Vigilancia rutinaria y específica, por parte de las autoridades públicas, de las áreas de juegos infantiles.

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