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Parques públicos de juego infantil : Demasiados defectos de seguridad

El juego es un elemento de interrelación natural entre los niños

En mantenimiento, suspenso

Por otra parte, se han calificado como defectos leves los que restan calidad al uso de las zonas o aparatos de juego. Afectan a la estética, funcionalidad o limpieza de los mismos: falta de pintura, grafitis, papeles y suciedad en el perímetro… Entre éstos destacan las zonas oxidadas, las partes abolladas en las rampas de descenso y las basuras en los perímetros de los aparatos.

Las deficiencias leves más frecuentes tienen su origen en el incorrecto o insuficiente mantenimiento de los equipos de juego. Las cifras hablan por sí solas: el 5% de los aparatos no funcionaba (los que peor lo hacían eran los balancines y columpios y las causas eran la falta de piezas, las estructuras endebles o poco estables, la ausencia de asientos en los que sentarse…) y en el 61% de los aparatos se echó en falta una mano de pintura. Además, el 46% lucían partes oxidadas, en el 23% se vieron partes rotas o sueltas y en el 32% el grafitti o las pintadas decoraban el mobiliario lúdico. El vandalismo urbano es causa directa de este deterioro, pero es también común que los aparatos hayan quedado obsoletos y que el mal estado de los mismos se deba a la carencia de unas revisiones y mantenimientos adecuados.

Las condiciones de conservación e higiene de estas zonas de juegos infantiles no son tampoco su punto fuerte. El 29% de los perímetros de los aparatos se encontraba sucio el día de la inspección. Las ciudades con peores datos en este sentido son Pamplona (el 65% de aparatos con su entorno sucio), y San Sebastián (60%). Por el contrario, Alicante y Bilbao, sin apenas problemas de limpieza, contaban con los espacios más impolutos. Los motivos por los que se encontraban sucias estas zonas lúdicas son muy diversos. Se han encontrado, por ejemplo, preservativos, excrementos de perro, cristales e innumerables colillas y mondaduras de fruta.

Llama la atención que en el 10% de las zonas no había una sola papelera. Y en el 14% de las zonas con papeleras se comprobó suciedad alrededor de las mismas, lo cual induce a pensar que no son suficientes o que el vaciado de las papeleras no se efectúa con la diligencia o la frecuencia requeridas. Además, en un parque de cada tres las papeleras no se encontraban en buen estado. Los defectos más habituales: óxido y grafitis.

Un sistema de valoración exigente y penalizador

Los usuarios de estos aparatos son inocentes, poco precavidos, acelerados e incluso un poco temerarios. Son, en definitiva, niños. Por esta razón, CONSUMER ha diseñado un sistema de valoración exigente a la hora de analizar la calidad y seguridad de las zonas de juego. La rigidez del sistema, bastante penalizador, obedece a que, como han asegurado a esta revista los expertos consultados, los aparatos de juego son elementos extraños para el niño (no son objetos cotidianos en su entorno), y en los que el peligro es intrínseco a su propia naturaleza.

Esto, unido a la limitada psicomotricidad de los niños (sus movimientos son frecuentemente torpes e imprecisos) hace que aumente el riesgo de accidente ante fallos o imperfecciones de los aparatos de juego, aun siendo algunos de ellos aparentemente insignificantes.

La ONU establece en la Declaración de Derechos del Niño de 1959 que “el niño debe disfrutar plenamente de juegos y recreaciones, que deben estar orientados hacia los fines perseguidos por la educación; la sociedad y las autoridades públicas se esforzarán por promover el goce de este derecho”. En posteriores declaraciones, el alto organismo internacional hace hincapié en la necesidad de este tipo de actividades para el correcto desarrollo de la personalidad infantil.

Por otro lado, el derecho de los menores al esparcimiento y al juego se recoge también en la Constitución española, que determina que los poderes públicos fomentarán la educación sanitaria, la educación física y el deporte, así como la adecuada utilización del ocio.

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