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Los españoles pagamos 265 euros de impuestos al año para tratar los problemas de salud generados por la obesidad y el sobrepeso, según datos de la OCDE. Un coste para nuestros bolsillos que seguirá creciendo si no se reducen las alarmantes cifras de obesidad infantil. : ¿Cuánto nos cuesta la obesidad?

Cómo reducir estos gastos

Todos los expertos coinciden que todas estas campañas son insuficientes para atajar el problema de la obesidad. Para la OCDE es necesario implementar un paquete de políticas que incluya un etiquetado que especifique si un alimento saludable o no, la prescripción médica de actividad y el fomento de programas de bienestar. Según sus cálculos, esto podría suponer un ahorro de 32 millones de euros al año en costes sanitarios. Dice también que lograr una reducción calórica del 20% en los alimentos con alto contenido en azúcar, sal, calorías y grasas saturadas podría prevenir 472.000 enfermedades no transmisibles en los próximos 30 años y ahorrar 169 millones de euros al año en costes sanitarios.

La Organización Mundial de la Salud apela directamente a los políticos: “Para frenar la epidemia de obesidad infantil es necesario un compromiso político sostenido y la colaboración de muchas partes interesadas, tanto públicas como privadas. Los gobiernos, los asociados internacionales, la sociedad civil, las organizaciones no gubernamentales y el sector privado tienen un papel fundamental en la creación de entornos saludables y de condiciones de asequibilidad y accesibilidad de opciones dietéticas mejores para los niños y los adolescentes”. De hecho, en 2019, pidió prohibir el exceso de azúcar en los alimentos para bebés y que no se publicitaran comidas y bebidas dulces para este sector de la población.

Dentro del su marco de estrategia, la OMS llevó a cabo entre 2013 y 2020 un plan de acción mundial para la prevención y control de enfermedades no transmisibles. O lo que es lo mismo, una estrategia global para abordar las enfermedades prevenibles y crónicas que derivan de la epidemia de la obesidad infantil. Además, cuenta con una comisión destinada únicamente a acabar con este problema.

Niños con enfermedades de adultos

La obesidad infantil acarrea toda clase de secuelas, explican desde la Fundación Española del Corazón: “Además de suponer un problema de autoestima, aumentar la difi cultad para realizar actividades físicas y fomentar la discriminación entre los demás niños, implica un importante riesgo para la salud”. Entre los últimos, facilita la aparición de enfermedades coronarias, diabetes, hipertensión arterial, infarto cerebral, apnea del sueño u osteoartritis. Todas ellas, tradicionalmente consideradas de como enfermedades de adultos. “La obesidad hace que los niños que la sufran sumen 30 años a su salud vascular”, apuntan desde esta fundación. Un enorme peso para el organismo que aumenta el riesgo de padecer problemas cardiovasculares, y otros parámetros como la glucosa, el colesterol total y los triglicéridos. “La alta prevalencia de la obesidad condiciona la aparición en niños de enfermedades como la diabetes, la hipertensión y otras patologías asociadas. Un niño que tiene obesidad tiene una enfermedad que puede avanzar a otras patologías y reducir la calidad de vida de ese niño”, explica Nancy Babio.

Tal es la magnitud del asunto que, tras presentar el informe Riesgo Cardiovascular desde la infancia, en 2019, la Sociedad Española de Cardiología (SEC) urgía a las instituciones a tomar medidas y proponía una serie de propuestas de actuación dirigidas a los menores para mejorar la salud futura de la población española. En total, seis recomendaciones, relacionadas con el ejercicio físico y la alimentación, y un sello de calidad como reconocimiento a los centros escolares que fomenten la actividad física, la educación nutricional y apuesten por la calidad de sus menús escolares.

“Los expertos recomendamos incluir una hora diaria más de actividad física a la semana en Educación Infantil y Primaria, ya que no solo contribuye al desarrollo físico y mental del niño, sino que también fomenta la sociabilización de los pequeños”, explica Emilio Luengo, miembro de la Sociedad Española de Medicina del Deporte. “En general, los colegios son uno de los lugares clave para llevar a cabo las medidas de prevención por su capacidad para educar en una buena salud nutricional y que los niños a su vez lo transmitan a sus padres”, analiza Babio. Además de las medidas físicas, la SEC recomienda mejorar la gestión y la calidad de la oferta alimentaria en la organización de los menús escolares.

Además de evitar las máquinas dispensadoras de alimentos en los colegios e institutos. Por último, propone la creación de un sello de calidad para los centros escolares que cumplan ciertas características relacionadas con la promoción de la actividad física, la educación nutricional y la calidad de la alimentación servida en el centro.

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