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Los españoles pagamos 265 euros de impuestos al año para tratar los problemas de salud generados por la obesidad y el sobrepeso, según datos de la OCDE. Un coste para nuestros bolsillos que seguirá creciendo si no se reducen las alarmantes cifras de obesidad infantil. : ¿Cuánto nos cuesta la obesidad?

El gasto de los tratamientos

La obesidad repercute en las arcas públicas y en los bolsillos de todos los ciudadanos. De hecho, supone un enorme coste al país. Según el informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), La pesada carga de la obesidad, publicado a finales de 2019, la obesidad y el sobrepeso representan el 9,7% del total del gasto en salud en España, lo que supone que 265 euros de los impuestos de cada ciudadano están destinados a estos tratamientos. Todo esto se traduce en que el sobrepeso reduce el PIB español en un 2,9%. Esto es mucho más que la media de los países de la OCDE, que de destinan una carga de 8,4% del gasto sanitario a este problema y cuyo coste en impuestos individuales se sitúa en 181,60 euros por persona al año.

La pregunta inevitable es a qué se destina todo este dinero que nos cuesta la obesidad. Y cuando toca responder, los ministerios que se encargan de todo aquello relacionado con este asunto se pasan la pelota mutuamente. “Este tema lo lleva Consumo”, nos responden desde Sanidad. “Esta cuestión debería ir dirigida al Ministerio de Sanidad”, nos aseguran desde Consumo. A falta de respuesta oficial por parte de las instituciones gubernamentales, el informe de la OCDE da algunas pistas de cómo se divide este dinero. De media, el sobrepeso es responsable del 70% de todos los costes de tratamientos de diabetes, del 23% de lo que cuestan curar enfermedades cardiovasculares y del 9% del coste de los tratamientos de cáncer.

La prevención, única solución

España cuenta con la estrategia NAOS (para la Nutrición, Actividad Física y Prevención de la Obesidad). El Ministerio de Consumo y la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) también lanzaron, en noviembre del pasado año, la campaña Pon más héroes en tu plato y llena tu vida de superpoderes, con la que pretendía fomentar una alimentación saludable entre los menores. Todo un despliegue de vídeos, carteles, filtros para las redes sociales y una página web con juego incluido en la que los más pequeños pueden aprender qué alimentos no son saludables y los que sí.

Esta campaña no es la primera (y suponemos que tampoco la última). Como se puede observar en el histórico de las campañas publicitarias del Ministerio de Consumo, hay otros ejemplos como ¡Despierta y desayuna! (de 2006 y 2007), con la que se pretendía inculcar la importancia de un desayuno saludable y de la práctica frecuente de actividad física. Pero si hay una medida que aplauden los expertos es, sin duda, el aumento de los impuestos sobre los refrescos que pretende llevar a cabo el Gobierno (en Cataluña ya se hace desde 2017). “Sabemos que el consumo de bebidas azucaradas es uno de los motivos de la obesidad infantil, limitarlas a través de políticas nutricionales es una gran iniciativa”, asegura Babio.

Las comunidades autónomas también gestionan y tienen la capacidad de desarrollar sus propios planes sanitarios, y también desarrollan sus metodologías de acción contra la obesidad. Por citar algunas, el gobierno del País Vasco ha desarrollado un programa de iniciativas para una alimentación saludable encaminado a reducir en un 20% la ingesta de sal y azúcares libres en 1.000 días. Andalucía cuenta con un Plan Integral de Obesidad Infantil, que se centra en la formación y en la detección precoz; la Comunidad de Madrid tiene InfaSEN, que promueve una dieta saludable y hace hincapié en la importancia del descanso y la actividad física; y Cataluña implementó en 2019 un plan piloto con el que pretendía atajar el problema en las comunidades más desfavorecidas.

Otros ejemplos son el del Departamento de Salud del País Vasco cuenta con la estrategia de prevención Sano, a través de la cual promueve un mayor consumo de frutas y verduras, más tiempo de actividad físicas y menos horas delante de las pantallas. “El sedentarismo es otra de las causas asociadas a la obesidad y hay estudios que muestran una asociación positiva entre ver más de dos horas al día la televisión y el aumento del sobrepeso. Por lo tanto, es otro factor de riesgo sobre el que se tienen que hacer estrategias”, indica la vicepresidenta de la Sociedad Española de Dietética y Nutrición.

Cataluña, además de haber sido pionera en España con el impuesto a las bebidas azucaradas, también tiene su estrategia, en la que se pone el acento en las familias con menos recursos y se cuenta con expertos en ejercicio y en psicología para crear mensajes efectivos que lleguen a los niños. Algo importante, ya que –según el estudio Aladino– la prevalencia de la obesidad infantil es mayor en las rentas bajas. “Es necesario tener esto en cuenta para desarrollar cualquier medida, ya sea de prevención o de tratamiento”, añade Babio. Desde 2013, la Xunta de Galicia cuenta con su plan Xermola a través del cual se llevan a cabo controles de nutrición saludable en las escuelas, se da información a través de la asistencia sanitaria y se promueven la actividad física entre los menores.

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