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: CUANDO EL TOPE DE AZÚCAR SE SUPERA EN UN SOLO TRAGO

CON EL CALOR, EL CONSUMO DE BEBIDAS AZUCARADAS SE DISPARA. MUCHAS LATAS DE REFRESCOS CONTIENEN EL DOBLE DE LA CANTIDAD DE AZÚCAR RECOMENDADA POR LA OMS. POR ESO, SU CONSUMO CONTINUADO SE VINCULA CON DIABETES Y ENFERMEDADES CARDIOVASCULARES. Y UN MITO A DESTERRAR ANTE LA DESHIDRATACIÓN VERANIEGA: EL USO DE BEBIDAS ISOTÓNICAS NO SIEMPRE ES LO MEJOR. LOS ESPECIALISTAS RECOMIENDAN ERRADICARLAS DE LA DIETA Y, A LA HORA DE REFRESCARSE, OPTAR POR EL AGUA.

Prioridad: reducir el consumo

José López Miranda fue consciente del riesgo del azúcar cuando, recién licenciado en los noventa, residió un par de años en EE UU: «Entonces ya sufrían una epidemia de obesidad y los problemas cardiovasculares que acarrea se habían disparado. Ver a personas con obesidad mórbida era habitual. Pues bien, eso ya está sucediendo en España, y si no hacemos algo nos irá muy mal». Muchos especialistas abogan por enseñar desde la infancia la riqueza de los distintos sabores de alimentos y bebidas sin enmascararlos con el sabor dulce.

Como ocurrió con el tabaco, hasta ahora la medida más efectiva para reducir el consumo de bebidas azucaradas ha sido gravarlas con impuestos y tasas. En Cataluña el aumento del precio de las latas entre un 5% y un 10% ha tenido un resultado espectacular. El impuesto especial empezó a aplicarse en mayo de 2017 y en el primer año se redujo el consumo de estos refrescos un 22%, según un estudio del Centro de Investigación en Economía y Salud de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Esta investigación, basada en el análisis de las ventas semanales de 105 productos en 160 tiendas de Cataluña, constataba una reducción mayor de las ventas en zonas con mayores índices de obesidad.

El estudio señalaba que «el impuesto ha conseguido el objetivo a corto plazo», y añadía: «los datos muestran una caída del consumo de bebidas azucaradas en seis litros por semana, producto y tienda respecto a las light/zero». Reducir el consumo de hidratos de carbono simples, junto a otras medidas (ejercicio físico, tomar menos sal y no fumar) «tiene más efecto en la salud de la población que cualquier medicamento», explica López Miranda. Pero desterrar las bebidas azucaradas es un reto difícil porque su consumo no se percibe como algo dañino y, por tanto, es un hábito socialmente aceptado.

NO SÓLO SON BEBIDAS DE COLA

¿Cuántas personas se plantean optar por refrescos más sanos cuando salen a comer o a tomar algo? Alternativas existen: agua con gas y limón, café con hielo, cerveza sin alcohol, zumo de tomate, té con hielo y limón… López Miranda recuerda que los refrescos azucarados son muy recientes en la alimentación humana: «Tienen poco más de un siglo, y no debemos olvidar que, aunque los extraigamos de fuentes naturales, son totalmente artificiales y nuestro cuerpo no está diseñado para tomarlos».

Aunque la mala fama se la llevan los refrescos como la cola, otras bebidas que en ocasiones se presentan como opciones más saludables tampoco lo son, porque tienen los mismos efectos perjudiciales en la salud humana. Los batidos o néctares, por ejemplo, albergan tanta glucosa y fructosa como un bollo industrial; una bebida energética de 500 mililitros contiene 18 terrones de azúcar (72 g) y un brick individual de zumo de frutas incluye seis terrones (24 g).

‘ZERO’ O ‘LIGHT’, SOLO DE VEZ EN CUANDO

La denominación de los refrescos que incorporan edulcorantes artificiales en vez de azúcar responde a criterios de márketing: la etiqueta light está más enfocada al consumo femenino y la marca zero, al masculino. Su composición es básicamente la misma. Los edulcorantes que emplean con más frecuencia son sacarina, aspartamo, sucralosa y acesulfamo K. Aunque circulan mitos sobre los efectos perjudiciales de estas sustancias químicas en la salud, los especialistas aseguran que, en las cantidades autorizadas, son seguras para el consumo.

Pero, al margen de su seguridad, ¿estas bebidas representan una buena opción frente a las convencionales? Según José López Miranda, conviene tener claro que «la mejor forma de hidratarse es beber agua, café o té, y si excepcionalmente se toma un refresco, debe ser siempre sin azúcar». No pasa nada por tomar una bebida zero o light de vez en cuando, pero acostumbrarse a estos refrescos conduce a patrones de alimentación inadecuados, apuntan los especialistas. Se debe al conocido como efecto halo o efecto sacarina, que consiste en introducir en la dieta elementos en principio saludables (en este caso, la bebida sin azúcar), pero compensarlo con alimentos ricos en calorías. Así, una persona puede beber un refresco zero y, sin embargo, tomar una pizza con 2.000 calorías.

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