Saltar el menú de navegación e ir al contenido

EROSKI CONSUMER, el diario del consumidor

Buscador

logotipo de fundación

Canales de EROSKI CONSUMER


Estás en la siguiente localización: Portada > Edición impresa >

Los datos, informaciones, interpretaciones y calificaciones que aparecen en esta información corresponden exclusivamente al momento en que se realizaron y tienen, por tanto, una vigencia limitada.

Cerca de la mitad de los menores españoles presenta sobrepeso u obesidad. El origen es multifactorial, pero no puede obviarse el papel de una alimentación poco saludable. ¿Es responsabilidad de los fabricantes? Representantes de la industria, nutricionistas y expertos en seguridad alimentaria analizan las causas y apuntan posibles soluciones. : ¿Con qué alimentamos a nuestros hijos?

Comer bien desde los primeros purés

Para el doctor Ángel Gil, presidente de la Fundación Iberoamericana de Nutrición, el problema nace ya en los primeros meses de vida del niño. “Desde el destete, deberían establecerse buenos patrones nutricionales. Pero vemos un consumo excesivo de cereales refinados y de proteínas en detrimento de las leguminosas o la fruta”, explica este experto. Este desequilibrio provoca carencias de algunas vitaminas, como los folatos o la vitamina D. “Un niño gordito no es un niño sano. Tampoco todos se estilizan al dar el estirón. Unos, sí; otros, se convierten en adolescentes y adultos con problemas de peso.

La obesidad es una forma de malnutrición por exceso que en muchos casos se prolonga también en la edad adulta. Ya tenemos casos de niños con síndrome metabólico o colesterol. Esto supone adelantar entre 20 y 30 años la aparición de una posible enfermedad cardiovascular”, advierte Gil. Una buena estrategia para implementar unas mejoras en la dieta sin sacrificar tiempo a diario es planificarla compra y el menú semanal, cocinar del tirón un día y congelar de domingo a domingo. E incorporar guarniciones con verduras y hortalizas y postres con frutas. Nunca es tarde para invitar a los pequeños a probar sabores y productos nuevos. “No es cierto que los niños por sistema rechacen los vegetales. La primera vez que le damos a un bebé un puré de verduras pone cara rara. La segunda vez, ya no tanto. Y a partir de la tercera, lo acepta sin problemas. El paladar se hace a la diversidad de sabores si se le ofrecen esos alimentos. Otra cuestión es que sean más caros en el punto de venta, pero no en origen. Ahí quizás toca analizar el papel del sector de la distribución”, continúa Gil.

¿Qué se puede hacer? 

No hay alimentos malos. Tampoco hay que prohibir. Así lo recalcan los nutricionistas: todo depende de las cantidades y la frecuencia. No hay que sentirse culpable por dar al niño pizza un día, ni por que coma tarta en un cumpleaños o una hamburguesa en un día especial. Pero deben ser momentos puntuales dentro de una dieta variada y rica en nutrientes de calidad.

La industria y la restauración aportan tanto propuestas saludables como tentaciones golosas. Los padres tienen la última palabra sobre qué ponen en el plato de sus hijos. Lo que necesitan es conocimiento para elegir correctamente. También, ayuda para abordar la obesidad de sus hijos en edades tempranas. “Es necesario un gran esfuerzo desde las instituciones públicas a nivel nacional. La estrategia NAOS estaba muy bien sobre el papel, pero no se dotó de recursos. Y hace falta invertir en formación nutricional para la población general y financiar programas de investigación y abordaje de la obesidad infantil, tanto en atención primaria como en hospitales. Con equipos multidisciplinares que integren también a nutricionistas, incluso a profesionales de la actividad física para combatir el sedentarismo”, propone Ángel Gil.

En la actualidad, cuando se detecta un problema de obesidad infantil, se trata desde pediatría. “Tenemos unos pediatras excelentes, pero cuentan con poco tiempo en la consulta para tratar el problema en profundidad. Al final, se queda en unas recomendaciones aisladas cuando hacen falta medidas de conjunto”, destaca el doctor Gil. Considera la obesidad infantil como una auténtica ‘pandemia’. “Si no se previene ahora, en unos años se multiplicarán las enfermedades cardiovasculares. Y eso tiene un coste económico para el sistema sanitario y humano para toda la sociedad”, añade.

Los sistemas de semáforos, como Nutri-Score, ayudan a padres y madres a detectar los alimentos nutricionalmente más beneficiosos para sus hijos. “En cambio, los impuestos sobre los productos azucarados, si no se acompañan de más medidas, se quedan en meras medidas recaudatorias. Y lo pagan los bolsillos de los consumidores”, denuncia el doctor Gil. Aun así, lo cierto es que muchos de los alimentos más asequibles presentan perfiles nutricionales muy cuestionables. Una situación que, unida a la actual crisis económica, hace que la obesidad se cebe con especial crudeza en los hogares con menos recursos. Es uno de los puntos clave de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas: garantizar el acceso a alimentos de calidad, nutritivos y asequibles a toda la población.

Paginación dentro de este contenido

Te puede interesar:

Infografías | Fotografías | Investigaciones