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Los datos, informaciones, interpretaciones y calificaciones que aparecen en esta información corresponden exclusivamente al momento en que se realizaron y tienen, por tanto, una vigencia limitada.

Cerca de la mitad de los menores españoles presenta sobrepeso u obesidad. El origen es multifactorial, pero no puede obviarse el papel de una alimentación poco saludable. ¿Es responsabilidad de los fabricantes? Representantes de la industria, nutricionistas y expertos en seguridad alimentaria analizan las causas y apuntan posibles soluciones. : ¿Con qué alimentamos a nuestros hijos?

Mensajes poco coherentes 

Para los más críticos, la industria peca de hipocresía. En especial cuando recuerdan la necesidad de llevar una dieta equilibrada, comer cinco piezas de frutas y verdura al día y realizar actividad física en las propias cajas de galletas con alto contenido en azúcar o en las bolsas de snacks, por ejemplo. “Es cierto que practicar deporte no compensa una dieta desordenada, pero no se puede prohibir todo ni modificar todo en un instante. He llegado a leer que se deberían incorporar advertencias respecto al azúcar similares a las de las cajetillas de tabaco. Es un disparate que no se sostiene a nivel científico. Todo depende del gasto calórico de cada niño, de la cantidad y de la frecuencia. No demonicemos alimentos, eduquemos al ciudadano sobre nutrición”, se defiende Frabetti.

“Saber qué aporta cada alimento permitiría a los padres decidir si se puede o no consumir a diario o si en vez de una ración entera, deben dar al niño solo la mitad. Mientras tanto, el paquete le recuerda que realizar ejercicio es mejor para la salud que pasar toda la tarde enganchado a un videojuego y que no está de más incorporar algo de ensalada en la cena”, añade. Una ecuación compleja para los padres que deberían calcular el gasto calórico real de cada uno de sus hijos según su edad y actividad física y suministrar los porcentajes adecuados de alimento en cada situación.

Más propuestas saludables en el súper

Desde la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas destacan los cambios que ha llevado a cambio la industria. “En los últimos años hemos aumentado la oferta de refrigerados y congelados fáciles de consumir con una mayor presencia de ingredientes saludables”, cuenta Enrico Frabetti. Tarrinas de palitos de zanahoria, ensaladas con pollo aliñado listas para consumir o bolsas de frutas troceadas y congeladas son algunas de esas propuestas. “Implica un reto para los padres: tomarse un tiempo para hacer la compra, descubrir esos nuevos productos e incorporarlos a la cesta”, añade. Después queda un reto aún mayor: incorporarlos de forma habitual a la dieta de toda la familia y no solo a la de los pequeños. De nada sirve que el niño tome un picoteo de vegetales si los padres se sientan en el sofá con un bol de ganchitos.

El actual estilo de vida

Quedan otros escollos. El primero, los menús escolares, en los que la presencia de fruta, verduras y legumbres aún sigue siendo baja y abundan los fritos y los postres lácteos azucarados. También las máquinas de vending que fascinan a los más pequeños. Aunque se han hecho intentos de incorporar alimentos frescos (desde frutas cortadas a tarrinas de humus), la propia inminencia de la caducidad y la baja demanda los convierte en productos caros en comparación con los industriales y con escasa presencia. Finalmente, es hora de que la restauración revise el concepto de menú infantil, casi siempre integrado por boloñesas, croquetas, empanados y patatas fritas. Un simple filete a la plancha con unos tomates cherry es una opción más nutritiva.

En casa también hay que incorporar cambios. Hace apenas medio siglo las familias se reunían al menos una vez al día en torno a la mesa. Y se cocinaba a diario. En la actualidad, las jornadas laborales y el enorme tiempo empleado en los desplazamientos en las grandes ciudades complica la conciliación. Y hace mella en la dieta. Padres y madres llegan a casa agotados y estresados, tienen que ponerse con la cena de los pequeños. Para acelerarlo, se recurre a soluciones inmediatas: platos precocinados, fritos ultracongelados, patatas fritas, salchichas y postres dulces. Manjares a ojos de los niños, cada vez en raciones más grandes, que han hecho que, en apenas cuatro décadas, el sobrepeso y la obesidad infantil aumenten en un 400%.

“La mejor manera de avanzar en materia de salud no es a través de la fiscalidad”

JOSÉ MARÍA BONMATÍ, director general de la Asociación española de fabricantes y distribuidores 

¿Qué opinan fabricantes y distribuidores de las medidas para frenar la obesidad infantil? El director general de AECOC, José María Bonmatí, valora las medidas lanzadas desde el Gobierno, como como la subida del IVA en las bebidas azucaradas, y repasa el papel que tienen como industria en atajar este problema.

¿Es un objetivo prioritario para los miembros de AECOC participar activamente en el intento de revertir el problema de la obesidad infantil? Se trata de un problema multifactorial que exige de colaboración en la búsqueda de soluciones y en el que, lógicamente, la alimentación tiene un papel importante, pero también hay que considerar elementos como el sedentarismo o la predisposición genética. La cadena de valor del gran consumo está muy comprometida con el impulso de una dieta alimenticia saludable y con frenar la obesidad, especialmente entre los menores.

Desde el Gobierno se han aprobado medidas para frenar estas cifras como la subida del IVA a bebidas azucaradas, ¿qué les parece? En AECOC consideramos que la mejor manera de avanzar en materia de salud no es a través de la fiscalidad. No hay evidencias de que este tipo de medidas conlleven una mejora en la salud de la población. Países que habían optado por estas políticas, como Dinamarca y Eslovenia, dieron marcha atrás poco después por el nulo efecto que tenían sobre la salud y por el impacto negativo que suponía sobre el consumo y la competitividad de las empresas afectadas.

La publicidad es otra de las patas fundamentales de la estrategia NAOS a través del Código PAOS, que depende de la buena voluntad de sus partes, ¿choca esa buena voluntad con la rentabilidad de las empresas? El debate sobre la conveniencia de publicitar o no determinados tipos de productos también genera controversia, si bien, la mayor dificultad consiste en determinar qué productos y en base a qué deben estar en el punto de mira, cuáles no y, sobre todo, hacerlo según la evidencia científica.

¿Están los distribuidores dispuestos a quitar de las zonas calientes de las cajas los productos poco o menos saludables a los que pueden acceder los niños? Este tipo de planteamientos parte de la base de catalogar los productos en buenos y malos, cuando seguir una dieta sana y equilibrada no está, en absoluto, reñida con ciertos momentos de indulgencia que, además, el consumidor aprecia y demanda. En cualquier caso, este tipo de decisiones están relacionadas con el posicionamiento estratégico de cada compañía, por lo que no hay una visión unánime.

En esta dicotomía entre salud e “indulgencia”, ¿dónde se sitúan fabricantes y distribuidores? Según datos de AECOC, dos de cada tres consumidores buscan una alimentación más saludable. No obstante, esto es compatible con momentos de indulgencia que, si se llevan a cabo ocasionalmente, no tienen por qué estar reñidos con una buena dieta. De acuerdo a nuestros estudios, el 32% de los consumidores reconoce que con la pandemia picotea más entre horas, pero también confirma que el concepto de “premiarse” va de la mano, en numerosas ocasiones, del consumo de productos premium que pueden encajar en ese eje de salud. Por tanto, existe una tendencia clara a apostar por la salud combinada con ocasiones especiales de indulgencia que el sector ha sabido interpretar correctamente.

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