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Cerca de la mitad de los menores españoles presenta sobrepeso u obesidad. El origen es multifactorial, pero no puede obviarse el papel de una alimentación poco saludable. ¿Es responsabilidad de los fabricantes? Representantes de la industria, nutricionistas y expertos en seguridad alimentaria analizan las causas y apuntan posibles soluciones. : ¿Con qué alimentamos a nuestros hijos?

España: más fiambre

Pese a ser colosos a escala mundial, no todas las multinacionales tienen la misma penetración en España. Nuestro país presenta una peculiaridad: se consumen menos snacks, pero más fiambre y muchos lácteos. Sobre todo, de producción local. Esto hace que el retrato de las 10 marcas (no empresas) con mayor peso en la cesta de la compra de los hogares españoles sea algo diferente. Según el último informe Brand Footprint de Kantar (2020), Coca-Cola es la marca más elegida en España. Está presente en el 74,5% de los hogares. Le siguen El Pozo, Campofrío (en ambos casos, con una presencia superior al 70%), Central Lechera Asturiana, Gallo, Danone, Activia, Pescanova, Bimbo y Puleva.

De nuevo se trata de marcas habituales en el menú infantil: muy apetecibles para los pequeños, asequibles y con una imagen familiar. Pero, sobre todo, fáciles de consumir y sin discusiones con los pequeños. En tiempos de prisas o, simplemente, con pocas ganas de conflictos, los productos frescos ceden posiciones frente a los listos para abrir y tomar (yogures bebibles, fiambre loncheado y envasado al vacío o varitas de merluza como opción de pescado “rico y sin espinas”). Los padres delegan parte del menú en la industria alimentaria y esta determina qué y cómo comen los niños.

La voz de los fabricantes

Pero, ¿qué opina la industria? Hemos preguntado a las 10 empresas que controlan el mercado mundial de la alimentación sobre su responsabilidad en la obesidad infantil y si, como compañías, están implicadas en el impulso de una dieta saludable entre los más pequeños. “Está claro que nuestra sociedad se enfrenta a retos de gran impacto social y sanitario, que van a estar directamente vinculados a la actuación de las empresas de alimentación”, cuentan desde Nestlé, una de las dos compañías que accedieron a responder. La multinacional suiza dispone de una red privada mundial de I+D dedicada a la nutrición, con 23 centros de investigación distribuidos por todo el mundo. “En uno de estos centros, el Nestlé Research Center, en Lausana (Suiza), se hacen avances científicos en el área de azúcares, sal y grasas y sus efectos en la salud, y se investiga acerca de innovaciones tecnológicas que permitirán reducir los que añadimos en nuestra cartera de productos sin comprometer la seguridad, la calidad y el sabor”, explican los responsables.

Desde Nestlé inciden en los cambios de sus productos infantiles. “Ponemos especial foco en los productos destinados a niños; por ejemplo, hemos reducido en un 40% de azúcar en algunas variedades de cereales de desayuno como Chocapic o Fitness”, cuentan. En cuanto a la publicidad, desde Nestlé aseguran que no hacen publicidad directa a menores de seis años. “No publicitamos chocolates, bebidas azucaradas, galletas ni helados dirigidos a niños de entre seis y 12 años. Tampoco realizamos comunicaciones en escuelas de educación primaria”, concluyen.

Para Unilever, la segunda empresa en responder, “la obesidad infantil es una enfermedad multifactorial que debe abordarse desde todos los ámbitos: sanitario, educacional, familiar y comunitario, y empresarial (entre ellos, la industria alimentaria, como ya está haciendo)”. Entre las medidas que ha puesto en marcha la multinacional estadounidense, destaca el Plan Unilever para una Vida Sostenible. “En 10 años, redujimos más de 15.000 toneladas de azúcar de nuestros helados. En nuestros refrescos a base de té, disminuimos el azúcar en un 23%”, enumeran. En cuanto a la publicidad, opinan que “el Código PAOS está funcionando bien”.

El dilema de las raciones

Es una costumbre muy mediterránea poner comida de más, no sea que el niño o la niña se quede con hambre y no crezca. Pero mientras la población infantil cada vez se mueve menos, las raciones medias no han parado de aumentar. Y no hay una tabla oficial realizada con metodología científica, contrastable, específica y repetible con la porción de referencia de cada alimento para cada edad. “Las que hay son inventadas por la industria con mejor o peor criterio. Y deberían ser las instituciones públicas de salud conjuntamente con nutricionistas quienes las establecieran, como ya sucede en EE UU y Portugal”, cuentan desde la Academia Española de Nutrición y Dietética. El etiquetado tampoco ayuda a determinar qué cantidad servir. La legislación europea solo obliga a desglosar el aporte nutricional por cada 100 g o 100 ml. Sin embargo, rara vez la unidad o la ración que indican los fabricantes se ajusta a esa medida. Puede que la ración sean varias unidades (en el caso de las galletas) o que la unidad supere ese peso (un yogur son 125 g). Leer el listado de ingredientes por 100 g induce a equívocos y a creer que la comida será bastante menos energética de lo que realmente es.

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