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Guía de compra: caldos y sopas : De todo tipo

Reparan y entonan el cuerpo y, aunque han estado muy ligados a la salud, no está demostrado que tengan un papel curativo. Su nutriente más destacable es el agua y también la sal. Sin embargo, los adultos tomamos menos de dos raciones mensuales de estos productos envasados, por lo que no son responsables del exceso de sodio en nuestra dieta

De todo tipo

En la diferencia está el gusto

¿Hay diferencias entre los caldos de pollo, de pescado o de verdura? El criterio para decantarse por un caldo de carne (que suele ser a base de ternera), de pollo, de verduras o de pescado debe regirse por las preferencias y gustos de cada uno. Sus diferencias nutricionales son mínimas. Lo apropiado es escoger las opciones con poca sal añadida, en especial, si los caldos y sopas preparados están presentes de manera habitual en nuestra dieta. Diversos estudios han evaluado los aromas y otros compuestos químicos en diferentes tipos de caldos y, en general, suelen atribuir más posibles beneficios para la salud cuando en sopas y caldos existe una alta proporción de alimentos de origen vegetal en la formulación del preparado.

¿Caseros o industriales?

La elaboración de caldos y sopas industriales solo difiere del proceso hogareño en los volúmenes que se manejan y en el exquisito cuidado que se tiene en cuestiones relacionadas con la higiene y la seguridad alimentaria. Para hacerse una idea de las cantidades, una olla industrial puede contener unos 2.000 litros de agua y alrededor de una tonelada de hortalizas, carne, pollo, etc. En el caso de los caldos que ya vienen listos para consumir, en brick, se les somete a un proceso UHT -similar al que se emplea con la leche-. Este proceso, que consiste en calentarlo a 120ºC durante 10 segundos, permite que se conserve durante meses sin necesidad de añadir conservantes.

Desde un punto de vista nutricional, las diferencias nutricionales entre un caldo casero y uno industrial no son relevantes. Las ventajas de un caldo casero sobre uno industrial dependen de la cantidad de sal que utilicemos y de si esta es -o no- yodada. La industria alimentaria no suele usar sal yodada, algo que sí deberíamos hacer en nuestros hogares. En todo caso, las ventajas de elaborar un caldo o una sopa en nuestra cocina van más allá de los aspectos nutricionales: aprendemos habilidades culinarias, compartimos recetas con nuestra familia, evitamos un elevado consumo de envases, etc.

En el caso de las sopas, sí puede haber diferencias interesantes. Las sopas analizadas contienen un aporte bajo de nutrientes y carbohidratos, dada la escasa presencia de cereales y hortalizas en su composición. Sin embargo, al elaborar una sopa en casa, podemos dejar trozos de hortalizas en el plato (zanahoria, patata) u otros productos (pollo, garbanzos), algo que incrementará su aporte de vitaminas, minerales y fibra. En cuanto a los carbohidratos, en casa, podemos añadir una mayor cantidad de fideos o arroz a la sopa. Conviene que sean integrales, dadas las múltiples pruebas científicas que muestran una clara relación entre el consumo frecuente de cereales integrales y beneficios para la salud. No se ha hallado ninguna sopa que se elabore con fideos integrales.

Diferencias entre los caldos deshidratados y los líquidos

Una vez reconstituidos, los productos deshidratados (ya sean sobres o pastillas) generan caldos o sopas con una composición nutricional muy similar a la de los analizados en la presente guía de compra. Sin embargo, la presencia de potenciadores de sabor (como el glutamato monosódico, E-621) es mucho más frecuente en sobres o en pastillas que en caldos o en sopas listas para el consumo. No está claro si el consumo habitual de estos aditivos resulta perjudicial a largo plazo, aunque hay estudios que señalan que podrían contribuir a un mayor riesgo de hipertensión y de exceso de peso.

Caldos naturales, caseros y ecológicos

  • Los caldos o sopas que se anuncian como “naturales” suelen ser productos sin aditivos, colorantes o potenciadores de sabor, lo que no significa que sean más sanos. La clave, como se ha visto con anterioridad, está en la sal.
  • Por lo que respecta al adjetivo “casero”, no está bien utilizado. Un envase con un caldo o una sopa no se ha elaborado en un hogar o en una olla casera, sino en un recipiente gigantesco con miles de litros de producto en su interior. Pese a ello, su similitud con las sopas caseras está cada vez mejor conseguida.
  • Las palabras “ecológico”, “biológico”, “orgánico” o similares pueden usarse para caracterizar a un producto ecológico, sus ingredientes o las materias primas utilizadas según la legislación vigente. El precio de estos alimentos suele ser muy superior, por lo que conviene saber que existen pocas pruebas que muestren que los productos ecológicos sean más saludables que los convencionales.

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