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: Aditivos: los más difamados de la industria

NI VILLANOS NI PELIGROSOS. LOS ADITIVOS ALIMENTARIOS LLEVAN DETRÁS UNA INMERECIDA MALA FAMA A LA QUE CONTRIBUYE LA PROPIA INDUSTRIA CON ETIQUETAS COMO “100% NATURAL” O “SIN COLORANTES NI CONSERVANTES”. ES HORA DE LIMPIAR SU NOMBRE. TE CONTAMOS QUÉ SON, PARA QUÉ SIRVEN Y POR QUÉ SON SEGUROS.

Los incomprendidos números E

Todos los aditivos aprobados por la UE tienen asociado un código específico. Este se forma con la letra E, seguida de tres o cuatro números. Inicialmente, el sistema se pensó para que la primera cifra correspondiera a una categoría diferente (su función principal en el alimento), pero hoy hay varios aditivos que pueden desempeñar diversas funciones. En el etiquetado se obliga a enumerar los aditivos empleados mediante su nombre o número E, pero siempre precedidos de la categoría a la que pertenecen. Existen 24 diferentes categorías, de entre las cuales las más comunes son: antioxidantes, colorantes, conservadores y edulcorantes.

Actualmente, cada vez es más común encontrar solo el nombre del aditivo, o el nombre unido al número E, pero rara vez solo este. Esto es lo que unos científicos denominaron la “paradoja de los números E”. Pese a que tener esa letra es sinónimo de seguridad, ya que significa que han pasado todos los controles de la UE, los consumidores han acabado asociando este número E a “sustancias químicas con efectos negativos para la salud”.

¿Y son sanos?

La pregunta que deberíamos realizar no es si un aditivo es sano o no, sino si los alimentos que contienen aditivos son sanos o no. En este caso la respuesta sería que habrá algunos que sí y otros que no, pero nunca tener o no aditivos será un indicativo de ello, sino el perfil nutricional del alimento. Un buen ejemplo de alimento sano son las legumbres. Cuando las encontramos cocidas en bote podemos ver que contienen varios aditivos: por lo general, el secuestrante (desactiva ciertos metales) EDTA y un antioxidante como el ácido ascórbico o el ácido cítrico, e incluso algún conservante como el metabisulfito. Por mucho aditivo que contengan no dejan de ser una opción saludable. ¿Se nos ocurriría pensar que la leche condensada, si no tuviera aditivos, sería un alimento sano?

¿Hay algunos mejores que otros?

No. No hay mejores ni peores. Todos los aditivos aprobados son igual de seguros, por lo que, en este sentido, todos son iguales. Otra cosa son las cantidades máximas en las que se pueden añadir, que sí varían de uno a otro. Pero no porque un aditivo tenga un límite mayor significa que es mejor.

Pese al interés de ciertos sectores (incluida la propia industria alimentaria) por extender el mito de que lo natural es bueno y lo químico malo, no debemos caer en esa falacia. Partimos de la base de que toda materia es química, desde el aire que respiramos hasta el agua que bebemos. ¿Es entonces diferente un químico sintetizado por el hombre que el mismo químico extraído de la naturaleza? La respuesta es no. Sin embargo, la industria se aprovecha de esta “quimiofobia” como estrategia de marketing sacando al mercado productos insanos como las bebidas energéticas bio: con aditivos, sí, pero de origen natural. O, simplemente, vendiendo el mismo producto, pan de molde en este caso, pero poniendo en la etiqueta 100% natural por el simple hecho de no añadir un aditivo sino unos microorganismos que producen ese mismo aditivo al entrar en contacto con el pan. Que en una etiqueta ponga 100% natural, bio, sin aditivos o similares no hace el alimento sea sano.

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