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: Aditivos: los más difamados de la industria

NI VILLANOS NI PELIGROSOS. LOS ADITIVOS ALIMENTARIOS LLEVAN DETRÁS UNA INMERECIDA MALA FAMA A LA QUE CONTRIBUYE LA PROPIA INDUSTRIA CON ETIQUETAS COMO “100% NATURAL” O “SIN COLORANTES NI CONSERVANTES”. ES HORA DE LIMPIAR SU NOMBRE. TE CONTAMOS QUÉ SON, PARA QUÉ SIRVEN Y POR QUÉ SON SEGUROS.

La preocupación por consumir alimentos seguros está en auge. Según el último Eurobarómetro sobre seguridad alimentaria, cerca del 50% de los europeos considera que esa seguridad constituye un factor fundamental a la hora de llenar su cesta de la compra. Que el 72% de los europeos haya oído hablar de los aditivos alimentarios a priori debería ser una buena noticia; sin embargo, la visión que los ciudadanos tienen sobre ellos no es la mejor. Según la misma encuesta, los españoles identificaron a los aditivos alimentarios como uno de los tres problemas que más les inquietan sobre seguridad alimentaria. Pero, ¿debemos preocuparnos?

Qué son y para qué se usan

Según la Organización Mundial de la Salud, aditivos alimentarios son “las sustancias que se añaden a los alimentos para mantener o mejorar su inocuidad, su frescura, su sabor, su textura o su aspecto”. Esta es una definición muy amplia y en ella tendría cabida todo tipo de sustancias, desde aquellas que hacen más sabroso un alimento hasta las que resultan necesarias para que el alimento sea seguro. La legislación Europea (Reglamento 1333/2008) va un poco más allá y añade tres criterios que todo aditivo debe cumplir: que la evidencia científica avale que es seguro, que exista una necesidad tecnológica razonable (y no alcanzable por otros medios) y que su uso no induzca a error en el consumidor sugiriendo características que no tiene.

Es decir, ni es legal añadir un conservante a un filete fresco ni podemos utilizar cualquier sustancia que se nos ocurra sin haber evaluado antes su seguridad. Los aditivos no se emplean porque añadan valor nutritivo al alimento, ya que en este caso serían considerados nutrientes. Su función principal es ayudar a mejorar alguna o varias de las características del alimento, como seguridad (por ejemplo, la adición de nitritos en productos cárnicos inhibe el crecimiento de la bacteria que causa la toxina botulínica), tiempo de conservación, sabor, color o textura.

Los ocho códigos que deberíamos conocer

La mayoría de los aditivos más utilizados por las industria (tabla inferior) no suelen levantar sospechas en los consumidores, como el ácido ascórbico (vitamina C), el caramelo natural o el ácido cítrico (asociado a las frutas cítricas). Sin embargo, hay otros que no gozan de tan buena reputación.

El edulcorante aspartamo sufrió una controversia en EE UU con su aprobación, retirada y posterior aprobación. La EFSA revisó su seguridad en 2013 y estableció que los niveles de exposición están muy por debajo de la IDA establecida (40 mg por kg de peso y día).

En el caso del glutamato, las razones para sospechar tienen mayores evidencias. Pese a que su toxicidad es muy baja, parece existir un “conjunto de síntomas” que, aunque de forma muy leve (sofocos, dolor de cabeza, aumento de la tensión) pueden afectar a personas sensibles y manifestarse a partir de ingestas de 42.9 mg por kg de peso y día. Gran parte de la población sobrepasa la IDA (30 mg por kg y día) debido a que no solo se añade a numerosos productos (concentrados para caldos, salsas asiáticas, snacks…), también está presente de forma natural en muchos alimentos, como los champiñones, el tomate o diferentes variedades de queso. Por ello la EFSA ha recomendado revisar los niveles permitidos. En enero de este año terminó el límite impuesto a las industrias alimentarias para entregar los datos con los niveles de uso y su justificación tecnológica. En cuanto se analicen se tomará la decisión, que puede suponer un límite o una retirada.

 

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