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: Bulos sobre alimentación: cuando a los adultos nos engañan como a niños

A diario, los profesionales de la información que escriben sobre salud y nutrición reciben numerosos comunicados. Esa abundancia de noticias y la búsqueda de titulares llamativos provoca que muchas veces los medios se conviertan en meros trasmisores de bulos.

Mikel López Iturriaga, ‘El Comidista’

“Desconfía de los productos ‘enriquecidos’ con vitaminas y alimenta a tus hijos con comida que no los necesite”

Desde su sección en el diario El País bajo el nombre de El Comidista, Mikel López Iturriaga comanda un equipo de periodistas y expertos en nutrición con un solo fin: informar sobre alimentación sin bulos.

Ciertas verdades son un azote para la industria. ¿Qué información le llega por parte de los fabricantes? Cierta industria alimentaria se empeña en confundir a la gente para vender más. Pero son conscientes de que los consumidores cada vez tienen más en cuenta la salud a la hora de decidir qué compran, por eso redoblan esfuerzos para destacar las presuntas cualidades de sus productos. Cuando se trata de ultraprocesados o bebidas alcohólicas tienen que esforzarse por parecer lo que no son. Por eso gastan mucho dinero en estudios poco rigurosos que los retraten como sanos.

¿Hay algún sector especialmente intenso en sus intentos de disfrazarse de saludable? Especial mención merecen el vino y la cerveza, que pueden estar muy ricos, pero los mires por donde los mires no son saludables. Su industria se empeña en contarnos que hidratan, que rejuvenecen y hasta que son buenos para el alzhéimer, para que olvidemos un pequeño detalle: llevan una sustancia tóxica y cancerígena llamada alcohol.

¿Por qué los productos dirigidos a niños son tan susceptibles de ir “avalados” por estudios o asociaciones profesionales? Porque esa preocupación por la salud se dispara cuando hablamos de los niños. Cualquier madre o padre quiere dar a sus hijos alimentos sanos, por lo que la industria de los ultraprocesados tiene que hacer un sobresfuerzo para disfrazarlos y engatusar a esos progenitores preocupados. Los envases de esos productos, cargados de azúcar, de sal o de grasas insanas, están forrados de reclamos saludables (“con calcio”, “con vitaminas A, B y D”…) o de avales de instituciones untadas por la gran industria alimentaria. Mi consejo: desconfía por sistema de todos los productos que lleven estos reclamos, y siempre que puedas alimenta a tus hijos con comida que no los necesite.

Cuando les llega un estudio avalado por tal asociación médica, ¿lo dan por bueno? En los estudios dudosos consultamos a nuestros expertos de cabecera en cuestiones de nutrición, algunos de ellos colaboradores de El Comidista, pero después de 10 años hemos aprendido a detectar en tres minutos los claramente sesgados. Si rascas y aparece la industria alimentaria o la del alcohol, pon de inmediato el estudio en cuarentena. O tíralo a la papelera directamente.

¿Hay voces o entes más fiables, más independientes? Hay entidades y voces fiables y, por suerte, muchos ejercen una labor de divulgación más accesible que nunca gracias a internet y las redes sociales. La cuestión es saber distinguirlos, porque conviven con entidades supuestamente científicas y desinteresadas, financiadas por la industria y con más de un científico que ha vendido su alma al diablo. Hay que fiarse de lo que dicen organismos oficiales o dietistas-nutricionistas, tecnólogos o expertos en seguridad alimentaria con cierta reputación.

El consumidor confía en la imparcialidad y veracidad de la prensa. ¿Qué puede hacer para saber si algo que se publica es veraz? Primero, pensar si está leyendo esa información en un sitio fiable o en una web cazaclics. Segundo, fijarse en las fuentes de las que sale la información: los medios rigurosos suelen enlazar a estudios concretos de instituciones o revistas prestigiosas, incluyen voces autorizadas y matizan mucho sus afirmaciones con explicaciones claras. Los medios cantamañanas usan expresiones del tipo “diversos estudios confirman”, “los científicos aseguran”… Suelen ser más contundentes en titulares y textos, y acostumbran a basar sus afirmaciones en estudios de remotas universidades de las que nadie ha oído hablar. Por último, conviene bucear un pelín en las fuentes para detectar posibles conflictos de intereses o financiación por parte de empresas. Si la información es favorable a sus intereses, ¡cuidado!

Redes sociales: ¿nos podemos fiar?

El interés por el mundo de la nutrición tiene su reflejo en las redes sociales. En los últimos años se han multiplicado los influencers de la alimentación y la vida sana que divulgan sus métodos y opiniones, con o sin respaldo científico, y en cuyas cuentas suman miles de seguidores. Pero ¿hasta qué punto saben de lo que hablan? y ¿en qué medida influyen en la alimentación y nutrición de los españoles?

En esa línea, la Universidad del País Vasco (EHU) y la Fundación Eroski han unido fuerzas para fotografiar esta realidad a través del estudio de investigación Seguridad alimentaria y cibermedios: temáticas, nuevas fuentes y servicios, que acaba de ver la luz. “Queríamos comprobar cuáles eran los temas alimentarios que mayor reacción provocaban en las audiencias. Para ello, nos pareció interesante analizar el engagement [compromiso] o fidelización de una serie de nutricionistas y divulgadores de la alimentación en las redes sociales para comprobar cuáles eran aquellas cuestiones que acarreaban una mayor participación”, asegura José Ignacio Armentia, catedrático de la Universidad del País Vasco (EHU) e investigador principal del proyecto.

Para ello, seleccionaron a los divulgadores en nutrición con mayor influencia en redes sociales en España, su formación y la información que publicaban a través de este medio, además de determinar qué plataformas se utilizaban para hablar de alimentación. En el periodo entre julio de 2017 y el 30 de junio de 2019, los 10 divulgadores en nutrición más importantes eran Julio Basulto, Miguel Ángel Lurueña, Juan Revenga, Virginia Gómez, Lucía Martínez, Aitor Sánchez, Carlos Ríos, Gabriela Uriarte, Juan Llorca y Victoria Lozada. Durante estos dos años de estudio, el número de contenidos producidos por estos nutricionistas fue de 29.655, que provocaron cerca de 18,5 millones de respuestas; con un promedio de 620 respuestas por mensaje.

¿Saben de lo que hablan?

Los divulgadores analizados son expertos en tecnología de los alimentos o dietética y nutrición y, en algunos casos, doctores y escritores, a excepción del cocinero Juan Lorca que, no obstante, cuenta con una amplia experiencia en estos campos. Eso sí, pese a que se trata de divulgadores con formación sólida, no están exentos de revuelo y polémica. La propia realidad, con el reciente caso de la controvertida crema de cacao lanzada al mercado por uno de estos influencers, nos ha mostrado que, en ocasiones, las voces y posturas se contraponen entre ellos.

“Tanto en las redes como en internet, en general, te puedes encontrar lo mejor y lo peor en casi todos los ámbitos y la nutrición no iba a ser una excepción”, aclara el máximo responsable de la investigación. Ahora bien, no debemos perder de vista un detalle: algunos de los influencers analizados han colaborado con la propia industria alimentaria, reconociéndolo abiertamente en sus distintos perfiles de redes sociales o interviniendo con su propia imagen en distintas campañas de empresas de distribución, como Aitor Sánchez o Carlos Ríos.

¿Resta este tipo de prácticas fiabilidad a su discurso? Lo que está claro es que como usuarios y usuarias de redes sociales debemos agudizar los sentidos y contextualizar cualquier información que leamos en ellas. El espíritu crítico no ha de perderse entre likes y retweets. Desde el Departamento de Periodismo de la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación, donde trabaja este grupo de investigación con el nombre de Medialker, subrayan que, normalmente, alguien a quien se pueda considerar divulgador o divulgadora en algún campo viene avalado por una trayectoria.

Probablemente también haya tenido un blog, haya colaborado con algún medio de comunicación o escrito algún texto divulgativo o, incluso, científico. “Además, las redes son un espacio vivo en el que los diferentes puntos de vista pueden ser rápidamente refutados. Por otro lado, aunque en internet puedan circular determinadas noticias falsas, si alguien tiene interés no es tan complicado comprobar la veracidad de los hechos”, aseguran.

Un medio más 

¿En qué medida influyen las redes en la alimentación y nutrición de los españoles? Según José Ignacio Armentia “influye en la medida de que se han convertido en medios a través de los que se informa a un mayor número de la población”. Las redes sociales permiten ofrecer “una mejor información alimentaria en las generaciones más jóvenes”, los usuarios por excelencia de este medio. Así, el hecho de que existan influencers expertos en nutrición y en las redes sociales ofrece la posibilidad de llegar a este colectivo con un lenguaje cercano y fiable.

Es una vía muy interesante para generar opinión de calidad e interés. Más allá de estos datos, el equipo de investigación liderado por el profesor Armentia advierte que el mundo de las redes es muy cambiante y, probablemente, en los dos años que han transcurrido desde la elaboración del estudio se hayan producido cambios. Los informes de la asociación de comunicación, publicidad y marketing digital IAB, y de la consultora The Social Media Family apuntan a un crecimiento de Instagram o a la consolidación de nuevos actores como Tik Tok. “El ascenso de Instagram, unido a su alto grado de penetración entre el público más joven, puede convertirla en una buena herramienta de divulgación”, explican.

Este artículo está basado en la investigación Seguridad alimentaria y cibermedios: temáticas, nuevas fuentes y servicios, financiada por MINECO-AEI-FEDER (referencia CSO2017-82853-R). Sus autores pertenecen al Grupo MediaIker de la UPV/EHU (referencia GIU19/024). Proyecto Universidad/Sociedad US17/15. 

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