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Helados infantiles : Los ingredientes con peor fama

Aunque tienen menos azúcares que las versiones para adultos, su consumo debe ser muy puntual.

Los ingredientes con peor fama

Entre los ingredientes que podemos encontrar en los alimentos, sin duda los que peor fama tienen son los aditivos. En realidad son sustancias seguras, pero a pesar de ello su presencia preocupa a muchas personas, especialmente cuando se trata de alimentos dirigidos a la población infantil. Las empresas son conscientes de esos recelos y, por eso, tratan de evitar su uso. Sin embargo, no siempre es posible, ya que cumplen importantes funciones tecnológicas, como conseguir que los ingredientes se mezclen de forma homogénea o que la textura del helado sea adecuada.

A veces se puede sustituir esos aditivos por otros ingredientes que desempeñen la misma función y que no tengan mala fama. Por ejemplo, en los helados Spiderman y Calippo se utiliza jugo de remolacha concentrado y de baya de saúco concentrado, presuntamente para aportar color (en cuyo caso deberían declararse como colorantes en la lista de ingredientes).

En otros casos lo que se hace simplemente es tratar de elegir aditivos que gocen de buena imagen y nombrarlos de otro modo. Es decir, en lugar de indicar en la lista de ingredientes el código alfanumérico con el que se clasifican (por ejemplo, E160a, E100 o E410), se muestra su nombre completo (por ejemplo, “carotenos, curcumina o goma garrofín”). Se trata de una opción legal, pero que podría llegar a resultar engañosa en algunos casos. Por ejemplo, en Spiderman se indica “con colorantes de origen natural”, algo que es cierto (se trata por ejemplo de curcumina y carbón vegetal), pero como la palabra “natural” no está legislada con ese uso, lo que interpretan muchas personas es que el producto no contiene aditivos, cuando en realidad no es así (esas sustancias son los colorantes E100 y E153).

Información nutricional

Desde el punto de vista nutricional, lo que más destaca en este tipo de helados es el contenido de azúcares. Estos proceden tanto de los que añade el fabricante (azúcar, jarabe de glucosa…), como de los zumos y purés de frutas, sobre todo en productos como los sorbetes. A efectos prácticos, el origen de estos azúcares es irrelevante en estos casos porque todos ellos se comportan igual desde el punto de vista metabólico, al tratarse de azúcares libres. Es decir, nuestro organismo los absorbe rápidamente cuando los consumimos, lo que puede tener un efecto adverso sobre la salud, si lo hacemos de forma habitual o abusiva. El contenido medio de azúcar en los helados analizados es del 18,5%, es decir, unos 10,6 gramos por ración, lo que equivale a más de dos cucharaditas (4,5 g cada una).

En algunos productos también es significativo el contenido de grasas. Se trata de Mikolápiz (10%), Fantasmikos (11%) y Frigo Chuches (9,8%). En el primer caso es algo esperable, porque pertenece a la categoría “helados”. Lo curioso es que estos dos últimos contengan tanta cantidad de grasa, ya que se trata de sorbetes y helados de agua, aunque se explica porque forma parte de la cobertura. También llama la atención que Spiderman, que pertenece a la categoría “helados”, tenga menos cantidad de grasa que los anteriores (4,9%).

A la hora de consultar la etiqueta no solo debemos tener en cuenta la cantidad de grasa, sino también su origen, porque no todas son iguales. En los casos analizados en esta guía la grasa más utilizada es la de coco. Desde el punto de vista nutricional, serían preferibles aceites saludables, como el de oliva o el de colza, aunque tecnológicamente plantean inconvenientes para la elaboración de helados por su alta proporción de grasas insaturadas. Por eso, en los helados de categoría comercial superior, lo que se utiliza es grasa láctea (nata o mantequilla). Eso sí, no debemos olvidar las características del producto en el que se encuentra: estamos hablando de helados, que son productos insanos, independientemente del tipo de grasa que contengan.

El contenido en proteínas es prácticamente nulo en todos los productos analizados, salvo en los de la categoría “helados”, donde se explica por su contenido en leche. De todos modos, su proporción es muy baja, concretamente 3,2% en Spiderman y 2,3% en Mikolápiz, lo que supone apenas 1 gramo de proteínas por ración en cada uno de los casos.

En la mayoría de los productos el promedio de aporte de energía es de 60 kilocalorías por ración, lo que es equivalente a un puñado de almendras. Sin embargo, en algunos productos (Fantasmikos, Frigo Chuches y Mikolápiz) el aporte calórico es mayor debido a la proporción de grasas que contienen, concretamente 104 kcal de media (por ejemplo, como un flan de vainilla). De todos modos, no deberíamos centrarnos en contar calorías sino en considerar de dónde proceden: si se trata de alimentos saludables, como un puñado de almendras, o insanos, como un helado.

La puntuación de Nutri-Score

Para calcular la calificación en el sistema Nutri-Score se aplica un algoritmo que puntúa de forma positiva algunos ingredientes o nutrientes, como la fibra, las proteínas o las frutas y las verduras; mientras puntúa negativamente el contenido de azúcares, grasas saturadas, sal y energía. En los productos analizados encontramos sobre todo una cantidad significativa de azúcares y un contenido muy bajo de otros elementos o incluso nulo (por ejemplo, fibra o proteínas). Eso explica que la mayoría de ellos presenta un Nutri-Score C, salvo Mikolápiz y Fantasmikos, que tienen una D por su mayor contenido en grasas saturadas. Destaca Pirulo Tropical de Nestlé, que tiene una B debido a su menor proporción de azúcares (13% frente a un 20% de media en el resto). En cualquier caso, esto no significa que se trate de un producto saludable, sino que su composición nutricional es mejor que la del resto.

¿Pensados para niños?

En los envases de algunos productos se muestran diferentes reclamos relacionados con la salud. Por ejemplo, en algunos se promociona el contenido de frutas. En muchos envases se incluyen, además, diferentes sellos que hacen referencia a la nutrición infantil (por ejemplo, “Created for kids” (creado para niños) en productos Nestlé o “Comprometidos con la salud infantil” en Frigo. Y añaden mensajes genéricos (“específicamente formulados para niños”, “tienen la proporción adecuada”, “vendemos de forma responsable”) que en realidad no ofrecen información concreta acerca de sus características. Es cierto que la composición de muchos de estos productos está “adaptada” a la población infantil; por ejemplo, generalmente contienen menos cantidad de azúcares que los helados para adultos (unos 10 gramos por ración frente a los 18 gramos de un producto para adultos). Y lo mismo ocurre con las grasas. Pero estos mensajes no deben llevarnos a pensar que estamos ante productos saludables, ni siquiera aunque contengan zumos de fruta. En España los niños y adolescentes consumen una gran cantidad de azúcares añadidos (unos 50 gramos por persona y día, según el estudio Anibes, 2017), sobrepasando las cantidades que la Organización Mundial de la Salud recomienda no superar (menos de 25-45 g para esos rangos de edad), lo cual contribuye al sobrepeso y la obesidad. En definitiva, se trata de productos que se deberían reservar únicamente para ocasiones puntuales.

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