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Guía de compra: lasaña: Todas las capas de la lasaña

Es una de las recetas que más ha evolucionado en los últimos años y también una de las más versátiles. Además de carne, admite verduras, pescado o huevo, algunos de sus aliados más saludables

La mejor elección

COMPRAR Y LISTO: UNA AFICIÓN QUE CRECE

 

Es difícil saber cuánta lasaña consumen los españoles, especialmente si se hace en casa o si se toma en restaurantes. Imposible de adivinar. No existen datos oficiales tan concretos, "pero seguro que todos han comido lasaña una o dos veces en su vida", aventura Nicoletta Negrini. Lo que sí revelan los análisis de las nuevas tendencias de consumo es que los platos precocinados, aquellos listos para consumir, cada vez están más presentes en nuestros hogares. Lo afirma un informe del Ministerio de Sanidad y Consumo, titulado Las tendencias del consumo y del consumidor en el siglo XXI. Así, entre 2013 y 2014, según el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente (MAPAMA), el consumo per cápita de platos preparados subió casi un 12%. Y la lasaña es una de las elecciones principales. Nicoletta Negrini nos explica por qué: "Son platos que requieren dedicación. La lasaña casera, por ejemplo, necesita unas seis horas; ya que solo la salsa lleva dos o tres". Recurrir a una precocinada permite ahorrarse todo ese tiempo.

CLAVES PARA ESCOGER BIEN

Elegir la mejor lasaña no es fácil. No todos tenemos los mismos gustos, ni la misma situación económica o de salud, ni siquiera nos imponemos las mismas exigencias nutricionales. Cada persona es un mundo. El nutricionista Ramón de Cangas establece una ración de consumo ración razonable para una persona sana: "entre 200 y 250 gramos, pero por tradición o por consumo habitual", puntualiza. Porque "si nos referimos al valor calórico, también dependerá de la persona (su estado fisiológico, su actividad física, sus patologías, el resto de alimentos ingeridos) y, si hablamos de sus ingredientes, habrá que tener en cuenta el resto de comidas del día". Así, entre las opciones del semáforo nutricional, proponemos las siguientes opciones, teniendo en cuenta diferentes condicionantes:

  • Reduce la ración. Tomar 250 gramos de lasaña (lo tradicional) supone una ingesta de energía, grasa, grasas saturadas, azúcares y sal por encima de lo recomendado en una comida (2.000 kcal, 70 g de grasa, 20 g de grasa saturada, 90 g de azúcares y 5 g de sal). Por tanto, conviene reducir la ración a 100 gramos. De hecho, las marcas comerciales suelen establecer su información nutricional tomando como referencia 100 gramos de producto, tal y como marca el reglamento europeo 1169/2011 sobre la información alimentaria facilitada al consumidor.
  • Vigila los ingredientes. Elige lasañas elaboradas con ingredientes que te permitan cuidar tu perfil nutricional: leche desnatada, pasta integral y verduras. Así te aseguras unos valores de energía, grasa, grasa saturada y azúcares más saludables. En este sentido, hay que vigilar la sal, un nutriente que es intrínseco a los platos preparados y que los convierte en una opción ocasional.
  • Mejor de verduras. Entre las diferentes opciones del semáforo nutricional, de media, las lasañas de carne cuentan con valores más elevados de los diferentes nutrientes analizados. Especialmente de sal. De ahí que, las lasañas de verduras sean una mejor opción nutricional.
  • ¿Mejor congelada o refrigerada? La diferencia no es relevante. El proceso de congelación apenas afecta el contenido nutricional de los alimentos, aunque conviene recordar que siempre hay riesgo de alterar alguna de sus cualidades, al igual que sucede con los alimentos frescos: la pérdida de nutrientes que pueden experimentar desde que se recolectan y se preparan hasta su consumo puede ser igual o mayor a las alteraciones durante la congelación. Así pues, los alimentos congelados de manera segura y adecuada no tienen nada que envidiar a los frescos.
  • El precio depende de la marca. En el precio no importa que el relleno sea de carne o de verduras. Lo que de verdad influye es la marca. Teniendo en cuenta una ración de 100 gramos y las opciones refrigeradas, las opciones más caras duplican el coste de las más económicas. Mientras, en las congeladas, los precios se acercan más entre marcas y, de media, las más onerosas tienen un coste un 50% más elevado.

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