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Estudio sobre el comportamiento y la percepción de los consumidores españoles sobre la gestión de los recursos y de los residuos: Irresponsabilidad en el consumo

Para los consumidores no es prioritario el criterio medioambiental en el momento de la compra

Hábitos de reciclaje

Reciclaje en el hogar

 

Según la investigación, todos los consumidores consultados reconocen la importancia de la conciencia medioambiental en el reciclaje. Se recicla porque hay que hacerlo, porque hay una conciencia más o menos de que los efectos de la actividad humana se nos han ido de las manos.

Así, se comprobó que en torno al 85% de los entrevistados separan en sus domicilios los envases de vidrio y el papel y cartón. Los residuos de envases -latas, plásticos, briks, etc.- los recicla también un porcentaje relevante de consumidores consultados, un 78%, y en proporción similar (un 76%) aseguran que separan pilas, aceites, electrodomésticos y otros desechos reciclables.

En cuanto a los residuos orgánicos, la incidencia de quienes los separan de forma independiente (55%) o junto con el resto de residuos (53%) entre el conjunto de la población es menor, lo cual se produce por el hecho de que el sistema de recogida selectiva de materia orgánica (contenedor marrón) no está implantado en todas las comunidades autónomas.

Pero, ¿consideran cómodo reciclar en casa? Influye la capacidad del hogar y el número de contenedores. En este sentido, el estudio muestra que existe una relación directa según la cual el aumento de los contenedores en los hogares aumenta la incomodidad que estos suponen.

En el estudio se comprobó que un 50% de los entrevistados indica la barrera de la incomodidad en tres contenedores, a diferencia del 74% que la sitúa en cuatro. Así, se confirma que hay un porcentaje mayoritario y relevante de personas para las cuales la acumulación de contenedores en su hogar supone un problema a la hora de separar y reciclar los residuos.

De hecho, el tener que disponer de varios contenedores para separar los diversos residuos generados ha llevado a que muchos hogares hayan optado entre reciclar unos u otros residuos, basándose en criterios medioambientales y de espacio. Así, se puso de manifiesto que algunos hogares tienden a reciclar, por ejemplo, el vidrio, aunque siempre ocupe más que los envases de plástico o latas, por considerarlo que es perfectamente reciclable y por su impacto medioambiental nulo. En otros casos, y de forma negligente, se fuerza a la similitud entre materiales, utilizando los contenedores domésticos como destino final para cualquier objeto que correspondería depositarlo, por el contrario, en un punto limpio.

No obstante, la consecuencia de elegir entre uno u otro tipo de contenedor a la hora de depositar los residuos generados en el hogar, es que el resto de contenedores acoja más materiales de los que deberían, dificultado así su tratamiento posterior. Es el claro ejemplo del contenedor de fracción resto, que se ha convertido en un verdadero cajón de sastre.

¿Persisten las dudas?

La mitad de los ciudadanos encuestados tiene claro cómo se recicla. Así, un 51% de los encuestados afirma que nunca o casi nunca duda a la hora de separar el tipo de basura que se genera en el hogar o a qué contenedor corresponde cada cosa. Tres de cada diez dicen que pocas veces dudan y apenas representan un 15% quienes declaran tener bastantes dudas y muchas dudas.

Con todo, una de las mayores dificultades para reciclar es la falta de conocimiento sobre lo que corresponde a cada contenedor, lo que conlleva a que los contenedores disponibles en el hogar se llenen de objetos inadecuados o impropios que corresponderían a otros contenedores.

Por consiguiente, según la investigación, esto denota que hay un margen de mejora en los sistemas actuales de separación y reciclaje de los residuos de alimentos producidos en el ámbito doméstico.

Dudas sobre los SIG

El sistema de gestión de residuos (SIG) es bien conocido por todos. Pero a pesar de que este modelo de gestión de los residuos ya lleva tiempo implantado, todavía sigue habiendo algunas dudas.

Durante la investigación, se comprobó que lo usual es que no se conozcan los agentes que intervienen en el proceso ni tampoco cuál es la relación que mantienen entre ellos, de manera que finalmente no se tiene claro si la Administración recibe algún tipo de beneficio del reciclaje o bien es pagadora neta.

Tampoco se conoce bien cuál es el ciclo (tan solo a grandes rasgos) y, cuál es la eficacia real de todos los esfuerzos individuales y de la organización de ese sistema. Cumplen con su parte en la medida que entienden que tiene un sentido colectivo y que apunta a esa finalidad razonable o a la conciencia ambiental. Sin embargo, surgen demandas de "compensación" o de "retribución" de ese esfuerzo individual, porque, en última instancia, se desconoce de qué manera concreta se benefician los ciudadanos de su propio esfuerzo por reciclar.

Por lo que respecta a su funcionamiento, se entiende de modo vago que todavía queda mucho por hacer hasta llegar a una situación ideal de reciclaje del 100% de los residuos domésticos.

Sin embargo, consideran que el sistema actual adolece fallos. Algunos de ellos están relacionados con la desigual e incompleta distribución de contenedores en las distintas zonas de una misma ciudad, lo cual constituye el principal límite para la cooperación ciudadana. Resaltan que el esfuerzo individual llega hasta donde el sistema lo permite, de manera que los fallos de ese sistema producen el correspondiente fallo humano: nadie vuelve a llevarse a casa sus basuras sólo porque los contenedores estén llenos.

¿Y sobre el SDDR? El Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR) es un sistema que implica el pago de un depósito en el momento de la compra y afecta al 9% de los envases. El depósito se podría recuperar en el caso de que el consumidor devuelva el envase en el punto de venta en perfectas condiciones: sin aplastar, vacío y con la etiqueta intacta.

El estudio ha detectado tres elementos negativos asociados al SDDR. En primer lugar, el incremento del número de contenedores necesarios en el ámbito doméstico, lo que perjudica a los hogares con menos renta y en ámbitos urbanos. En segundo lugar, que los envases deban conservarse y devolverse en perfecto estado. Y, por último, vincular a los momentos de compra la práctica de deshacerse de los residuos, limitada a los horarios comerciales.

Ante la necesidad de coexistencia de ambos modelos, SIG y SDDR, el consumidor cuestiona que el destino final del producto recogido es el mismo que el del sistema actual, el reciclaje, y no la reutilización del envase.

En consecuencia, los consumidores interpretan que se trata de un cambio de modelo en el que prima lo coercitivo frente a la sensibilización ambiental, y penaliza a quienes ya reciclaban mientras que no asegura la incorporación de las personas que nunca reciclan.

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