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Guía de compra: patatas fritas de bolsa: Patatas fritas de bolsa, crujiente explosión de sabor

Con una amplia variedad de alternativas, este producto atrae a todos los públicos por su gran palatabilidad, a pesar de que se ubica en el vértice de la pirámide nutricional

 

Ocupan un lugar preferente en todo tipo de mesas: aquellas en las que se soplan velas, se celebran nacimientos, se estudia y se juega a las cartas o a los videojuegos. Gustan a todos (pequeños, grandes y medianos) y, dada su variedad -se comercializan más de 15 tipos de patatas fritas de bolsa diferentes-, pocos son los que se resisten a su sabor. De hecho, la industria de este tipo de patatas fritas está en continua evolución para que su fórmula siga pareciendo placentera, una receta basada en la mezcla de grasas, sal y el almidón propio de la patata que, además de sabrosa, resulta adictiva.

Para el sector de la alimentación es un snack en alza, que presenta un crecimiento de ventas del 5% anual. Según la Asociación de Fabricantes de Aperitivos (AFAP), en 2013 cada español consumió 1,39 kg de patatas fritas de bolsa. Una cifra que jamás se hubiera imaginado George Crum, su impulsor, cuando en el año 1853 decidió darle una lección a un cliente. Este cocinero trabajaba en el restaurante Moon Lake Lodge's en Nueva York y harto de las continuas quejas de un cliente habitual, quien siempre le recriminaba que no cortaba lo suficientemente finas las patatas fritas, decidió darle una lección. Las cortó excesivamente delgadas para que no pudieran pincharse con el tenedor. El cliente quedó sorprendido y muy satisfecho. Pronto, todos los clientes empezaron a pedir aquella nueva y extraña especialidad, a la que bautizaron como Saratoga Chips. El éxito continuó aumentando y, en 1920, se inventó la primera máquina mondadora de patatas y las tipo chips comenzaron a ser exactamente como se conocen en la actualidad.

Gran diversidad

En la actualidad, se pueden encontrar en el mercado multitud de patatas fritas de bolsa: lisas, onduladas, de sabores, selectas, light, etc. Ninguna, salvo las tipo light y las moradas, presentan muchas diferencias nutricionales entre ellas.

Ahora bien, conviene tener clara cuál es la diferencia entre los snacks en general y las patatas fritas en bolsa:

  • Snacks: son productos de pequeño peso por unidad, manufacturados fundamentalmente a partir de almidón procedente de productos tales como patatas, maíz, arroz, trigo y otros vegetales y otros ingredientes alimenticios. Se elaboran por extrusión, troquelado u otras operaciones y pueden freírse en aceite o grasa comestible.
  • Patatas fritas: se obtienen a partir de patatas sanas, peladas, debidamente lavadas, cortadas y fritas en aceite de oliva u otros aceites y grasas vegetales comestibles.

En definitiva, el mundo del aperitivo es muy amplio. Los snacks y las patatas fritas son dos productos similares. Su nomenclatura es diferente, pero su valor nutricional es similar, de manera que ambos productos se valoran dentro de una dieta saludable con un consumo que se aconseja moderado.

Patatas con sabor a cola y a sopa de pescado agria

 

Es precisamente el sabor el aspecto más curioso de las patatas fritas en bolsa. La gama de sabores es espectacular. En España, somos muy tradicionales y las que más gustan son las versiones al jamón, de queso, de cebolla o barbacoa. Pero hay muchas más. En China, existen las "Pepsi and Chicken" (de pollo y cola ) o las "Hot and Sour Fish Soup" (patatas de sopa de pescado agria y picante). En Estados Unidos las de sabor a hamburguesa con queso o con sabor a capuchino. Y muchas más.

La industria se adapta a los gustos de cada consumidor sin mayor problema. Y ¿cómo lo hace? Una vez loncheada y frita, la patata ya puede envasarse. Es justo antes del envasado, mediante unos tambores gigantes donde las chips giran a gran velocidad, cuando se recubren de sal o del extracto que corresponda a cada sabor escogido. Como el saborizante queda impregnado en la superficie, el impacto en boca es inmediato.

A veces, solemos relacionarlo con la cantidad de sal, pero realmente no es así. Estos saborizantes o aromatizantes no tienen por qué ser un aroma artificial sin más. Con mayor asiduidad, la industria utiliza la pulverización con alimentos naturales para sazonar las patatas. Así es como se consigue, en muchas ocasiones, el sabor a queso o el de jamón. Una práctica que suele encarecer el producto, pero que, a su vez, permite presentar un aperitivo mucho más "natural".

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