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Guía de compra: frutos secos embolsados: Frutos secos embolsados, tradiciones renovadas

Enriquecer la dieta con este tipo de alimentos no aumenta ni el peso corporal ni el perímetro abdominal y además son fuente de múltiples beneficios para la salud

 

Hace 13.000 años, se produjo un acontecimiento clave en el desarrollo humano: se inició el cultivo de árboles silvestres, fuente de los frutos secos. Ocurrió antes incluso de que comenzase la agricultura y la ganadería (unos 8.500 años antes de Cristo). Esto explica el valor cultural y el simbolismo que acompañan a los frutos secos, mucho más arraigados que los modernos conceptos relacionados con sus características nutricionales o gastronómicas.

Un ejemplo de ese arraigo puede encontrarse en la simbología cristiana. La almendra representa la figura de Cristo: su divinidad (el fruto) se esconde en su naturaleza humana (la cáscara), que vela el interior, fuente de luz (el nombre hebreo de almendra es "luz"). Asimismo, en el Antiguo Testamento, los pistachos, las almendras o las nueces se mencionan como signos de esperanza o de valor.

Pero los frutos secos existían mucho antes de que el cristianismo apareciese. En el yacimiento arqueológico de Gesher Benot Y'aqov, en Israel, se han observado indicios de frutos secos con 780.000 años de historia. Entre las especies que se han hallado, están los pistachos y las almendras, que aún hoy consumimos.

Una de las características de la dieta de los países que conforman la región mediterránea es el consumo habitual, a lo largo de la historia, de frutos secos. Por desgracia, desde mediados del siglo XX, ha disminuido de forma notable el consumo de estos alimentos en el mundo. Así, mientras que en 1940 cada español tomaba de media 19,1 gramos diarios, hoy se toman tan solo 3,3 gramos/día, con Cataluña, Valencia y Murcia a la cabeza. Aun así, España sigue siendo uno de los países europeos donde más frutos secos se comen, junto con Suiza, Grecia e Italia.

Los más populares

Existe una larga lista de frutos secos, pero los que más se consumen en nuestro país son las almendras, los anacardos, las avellanas, los cacahuetes, los piñones, los pistachos y, sobre todo, las nueces y las pipas de girasol.

Los cacahuetes, desde un punto de vista botánico, no son frutos secos, sino legumbres, pero como su composición nutricional es muy similar a la de los frutos secos, se suelen clasificar en este mismo grupo.

Salvo en el caso de las nueces y los piñones, los frutos secos no se suelen consumir en crudo, sino tostados, asados, fritos o como ingrediente de helados, pasteles, turrones, mazapanes, cremas, bombones, etc. También se toman como parte de preparaciones culinarias en guisos, salteados o salsas típicas (romesco, pesto, picadas), lo que demuestra su gran valor gastronómico.

¿A granel o envasados?

 

Los frutos secos se compraban antaño a granel, mientras que hoy se adquieren casi siempre empaquetados. Ambos sistemas tienen sus pros y sus contras.

Por un lado, en los productos a granel es difícil encontrar la gran variedad de productos con sal añadida que se pueden hallar hoy en día en los envasados. Además, tienen un menor impacto medioambiental, puesto que se utilizan menos recursos naturales durante su producción.

Sin embargo, tienen la desventaja de que hay un mayor riesgo de que se produzcan toxiinfecciones alimentarias. Aunque el fruto seco, como su propio nombre indica, tiene poca humedad, eso no significa que no pueda contaminarse por microorganismos (la humedad favorece su proliferación). Los frutos secos, de hecho, son un buen sustrato para que se desarrollen mohos, como las aflatoxinas.

En todo caso, si se almacenan en lugares frescos, secos y carentes de agentes contaminantes, como mohos o insectos, llegan a conservarse entre 9 y 12 meses en perfecto estado. Si se adquieren frutos secos sin envasar, deben guardarse en un recipiente hermético alejado de temperaturas elevadas y consumirlos en pocos días. Esto también es aplicable a los frutos secos envasados una vez que se haya abierto el envase original.

Por su parte, los frutos secos envasados contienen, en muchos casos, una elevada cantidad de sal, como ya se ha mencionado. Además, en ocasiones, el fabricante utiliza grasas poco saludables para su fritura, como el aceite de palma, rico en grasas saturadas y azúcares. Esto se puede evitar si se escogen frutos secos envasados al natural.

A favor de los frutos secos envasados se puede mencionar el material de envasado: latas de metal, tarros de vidrio o bolsas de plástico. Además de proteger el producto de la alteración, el "enranciamiento" (proceso por el cual un alimento con alto contenido en grasas o aceites se altera con el tiempo adquiriendo un sabor desagradable) o la contaminación por numerosos factores externos, también facilita su utilización y almacenamiento. Incluso permite acompañar el producto de información en el etiquetado, fundamental para conocer su origen, su fecha de envasado o de consumo preferente, su composición nutricional y sus ingredientes. Esto posibilita tomar decisiones informadas y que las personas con alergias se aseguren de si pueden o no consumir el producto.

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