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Guía de compra: chocolates a la taza: Chocolates a la taza, un cuenco de tradición

Los adultos consumen una media de 81 gramos de chocolate a la taza al mes, cifra que no preocupa a las autoridades sanitarias, aunque recuerdan que, como todo alimento rico en azúcar, debe consumirse de forma ocasional

 

"Chocolate frío, échalo al río". Así reza un conocido proverbio que nos recuerda que es mejor servir el chocolate caliente. Pero no demasiado, porque "chocolate, poco cocido y poco movido". Estos dos refranes sirven para mostrar la importancia del chocolate "a la española" en el folclore de nuestro país.

Este delicioso producto llega a Europa a principios del siglo XVI. Lo hizo rodeado de mitos, como el de su papel en la dieta de dioses de imprecisa antigüedad o sus supuestos poderes terapéuticos, estimulantes o calmantes. ¿Cuándo llega a España? No está claro, pero parece que los primeros españoles en probarlo fueron los monjes cistercienses de Aragón. Sí se sabe que hasta comienzos del siglo XVII no se depuró el modo de fabricación del chocolate y, también, que hasta principios del siglo XX los españoles lo consideraban una bebida. Ahora, sin embargo, la palabra nos recuerda un producto sólido a temperatura ambiente.

A partir del momento en el que la población aprende a preparar un buen chocolate, aparecen las primeras "chocolatadas", es decir, la costumbre de beber chocolate en grupo, tal y como reflejan innumerables cuadros y grabados.

Pronto, sin acabar el siglo XVII, el chocolate caliente dejaría de ser exclusivo de la aristocracia para ser consumido en todos los hogares españoles. Sin embargo, el gran momento del chocolate es el siglo XVIII, cuando se impuso en todas partes hasta el punto de que en las calles de Madrid era normal encontrar muchísimos puestos de venta de chocolate en jícaras (vasijas pequeñas de loza).

En el siglo siguiente, el desayuno tradicional de media Europa, pero sobre todo de España, era el chocolate. Su bajo precio, su aporte calórico y, sobre todo, su delicioso sabor, que combina dulzura y amargor, contribuyeron sin duda al éxito de churrerías como "Can Culleretes" en Barcelona, que nació en 1786, u otra todavía más antigua, que data de 1700, "Can Joan de S'Aigo" (en Palma de Mallorca). También ha sido famosa, en Madrid, "Doña Mariquita", ya desaparecida.

No en todas las ciudades de España se acompañaba el chocolate a la taza con el mismo elemento. Mientras en Barcelona se servía con bizcochos de soletilla y sequillos, en Valencia lo hacían con porras y buñuelos y, en Madrid, con churros (de hecho, muchas chocolaterías se denominan hoy "churrerías"). Lo que sí tenían en común todas estas chocolaterías era la textura del chocolate, mucho más espeso de lo que era en otros países europeos.

El chocolate a la taza empieza a perder peso en nuestra dieta con la aparición del chocolate en estado sólido (como tabletas y bombones), hacia 1870. Este tipo de chocolates se pudo producir gracias a enormes avances tecnológicos que fraguaron el éxito de grandes industrias del chocolate como Suchard, Lindt y Nestlé. También en España nacen en esa época empresas chocolateras emblemáticas como Nutrexpa, Elgorriaga, Valor o Lacasa. A comienzos del siglo XX, el éxito de los chocolates de onza es tan incuestionable como su papel en las meriendas: pan con chocolate.

La Guerra Civil redujo el consumo de chocolate a causa de la falta de abastecimiento, lo que dio lugar a sustitutos como el chocolate de algarroba. El chocolate a la taza también sufrió otro revés inesperado: el éxito de las cafeterías. El acto social de compartir un chocolate junto a familiares o amigos se sustituye de forma progresiva por tomar café. Los consumidores se inclinan cada vez más por las cafeterías en detrimento de las chocolaterías, que pasan solo a conservar un papel importante en invierno.

Sea como fuere, hoy por hoy, España está entre los primeros productores mundiales de chocolate para confitería y nuestro consumo de este producto va en aumento.

Tipos

El chocolate a la taza tradicional se denomina "a la española". Aunque sorprenda, lo cierto es que se elabora con agua y no con leche.

Para hacer cuatro tazas, se calienta un litro de agua y se añade, cuando esté caliente, 250 gramos de chocolate para cocer. Cuando se disuelva, se vuelve a calentar hasta que hierva. En el momento en que empieza a hervir, se retira la cazuela del fuego y se espera a que deje de burbujear. En ese momento, se vuelve a poner la cazuela al fuego, de nuevo, hasta que hierva. Este proceso debe repetirse tres veces (siempre sin dejar de remover con una cuchara de madera). El objetivo es que quede un chocolate bien denso.

Si en vez de agua, se usa leche, entonces se trata de chocolate "a la francesa", y si se añade nata montada a la taza de chocolate (mitad chocolate, mitad nata), es un "chocolate suizo".

En todo caso, los tres tipos más habituales de preparados para elaborar chocolate a la taza que se encuentran en el mercado son:

  1. A partir de cacao azucarado en polvo.
  2. A partir de tabletas de chocolate.
  3. Ya listo para consumir (basta con calentar el preparado).

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