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Guía de compra: salsas preparadas: Salsas preparadas, un práctico toque gourmet

La población española toma 15 gramos diarios de salsas y, aunque tienen la cualidad de volver más apetitosos los alimentos, su aportación nutricional a la dieta dependerá de la frecuencia con la que se usen y la cantidad que se ponga en el plato

La palabra salsa proviene de la misma palabra latina (salsa), que significa "salada". En este caso, la etimología de la palabra nos da pocas pistas sobre su origen. Es posible, en todo caso, que su nombre guarde relación con una de las primeras salsas documentadas, el garum, una salsa de la época romana elaborada a base de pescado macerado con sal. Lo que sí se sabe con seguridad es que una salsa, como la mayor parte de los alimentos salados, estimula el gusto y hace más apetitoso el alimento al que acompaña. La realidad es que hace unos años teníamos muy pocas salsas a nuestro alcance. A las pocas que se elaboraban en casa (el tomate frito, la mayonesa o la vinagreta), se podían añadir algunas compradas, pero incluso así su oferta era limitada. De hecho, a principios de los años sesenta, el número total de alimentos que se podían encontrar en las tiendas rondaba el centenar, mientras que hoy, en cualquier supermercado de tamaño medio, la oferta se amplía entre más de 30.000 productos distintos. El lineal dedicado a las salsas no es una excepción. Salsas que antes no sabíamos ni que existían (salsa barbacoa, salsa boletus, salsa mojo picón, salsa César, etc.) están en muchos hogares todos los días del año. Ello refleja la clara influencia de nuevas cocinas, la globalización de nuestro patrón de consumo y, sin duda, nuestro acelerado estilo de vida que nos quita tiempo para preparar en casa alimentos básicos, como la salsa de tomate e, incluso, la vinagreta.

 

¿Qué es una salsa?

La reglamentación vigente las define como cualquier preparado que resulte de la mezcla de distintos ingredientes comestibles y que, tras ser sometido al tratamiento culinario conveniente, se utilice para acompañar a la comida. Esta reglamentación distingue cinco grupos de salsas:

  • Tomate frito.
  • Kétchup, catsup o catchup.
  • Mayonesa o mahonesa y salsa fina.
  • Mostaza.
  • Otros tipos de salsas.

Sin embargo, la industria alimentaria diferencia las salsas en función de su proceso de elaboración:

  • Salsas emulsionadas. Se emulsiona (o bate) un sólido en un líquido en el que no es soluble. Puede hacerse en frío (como la salsa mayonesa) o en caliente (como la salsa holandesa).
  • Salsas no emulsionadas. Se produce por una mezcla de diferentes ingredientes sólidos y líquidos. En esta categoría, están el tomate frito, el kétchup, la mostaza y cualquier otra salsa que haya sido elaborada sin emulsión.
 

Hoy por hoy, la salsa de tomate es una de las más consumidas. Su aparición en la cocina se sitúa en el siglo XVII, pero su producción industrial no se inició en España hasta mediados del siglo XX, según datos de la Asociación Española de Fabricantes de Salsas, Caldos y Sopas.

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