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Los datos, informaciones, interpretaciones y calificaciones que aparecen en esta información corresponden exclusivamente al momento en que se realizaron y tienen, por tanto, una vigencia limitada.

Encuestados 1.050 adultos de 9 comunidades autónomas sobre los hábitos alimentarios de los niños de entre 2 y 18 años que cuidan: Durante la infancia, se cometen errores alimentarios que se agravan en la adolescencia

Entre los más graves, destacan que el 51% de los niños por los que se consultó no come verduras ni hortalizas a diario y el 29% tampoco frutas

Diseñar los menús y comer en familia

La conclusión

Aunque nueve de cada diez personas consultadas por EROSKI CONSUMER consideran que sus hijos tienen unos hábitos nutricionales equilibrados, la realidad es diferente. En la encuesta, se constató que se cometen errores que, en ocasiones, se agravan cuando el niño se convierte en adolescente.

 

El 41% de los niños y jóvenes por los que se consultó nunca incluye fruta en el desayuno y el 57% toma cereales azucarados o chocolateados. Por regla general, el 51% no come verduras ni hortalizas a diario y otro 29% tampoco frutas. Sin embargo, el 14% de ellos toman cada día embutidos, el 12% dulces y el 9% bollería industrial y refrescos. Además, cuando comen, un 39% de los niños siempre ve la televisión.

En la adolescencia, algunos de estos hábitos nutricionales empeoran: no desayunar, no comer frutas a diario, consumir dulces cada día y también beber refrescos. Además, aumenta 17 puntos porcentuales la proporción de jóvenes que ven la tele mientras comen.

Por otro lado, los cuidadores (progenitores, abuelos o con otro parentesco familiar) tampoco siguen algunas rutinas diarias de especial importancia para conseguir que el niño interiorice unos hábitos alimentarios correctos que le permitan desarrollarse y tener una salud fuerte.

En primer lugar, un 30% de ellos no planifican los menús de los niños y el 8% tampoco establece un horario regular para las comidas. En segundo lugar, el 16% no come a diario con los niños y, cuando comen juntos, un 32% utiliza la comida como incentivo (premio o castigo). Por último, el 68% suele tener en casa bollería industrial, gominolas, snacks y alimentos similares que pueden tentar a los niños.

Planificar para regular

Durante la infancia, se establecen una serie de hábitos alimentarios que posteriormente serán difíciles de cambiar. Con unas rutinas adecuadas, se contribuye de forma positiva en la construcción y modelado del cuerpo de los niños y en la mejora de su salud, rendimiento físico e intelectual.

La FESNAD recomienda planificar los menús de los hijos con una periodicidad semanal para incluir en ellos la mayor variedad posible de alimentos. En la encuesta, un 70% de los adultos entrevistados con niños a su cargo asegura que planifican sus menús, en mayor medida cuando se trata de los padres y las madres. Cuando quienes les cuidan son otros familiares se improvisa más y, si el niño es menor de 12 años, la planificación es más frecuente. Sin embargo, al preguntar con qué frecuencia lo hacen, un 62% dice que diariamente y solo el 37% lo hacía semanalmente.

Si el niño va al comedor (ocurre en el 37% de los casos, en especial, cuando tienen entre 2 y 12 años), también conviene conocer los menús escolares para poder diseñar dietas equilibradas. El 86% de las personas entrevistadas que envían a los niños o niñas que cuidan al comedor lo tienen en cuenta para diseñar cenas y meriendas. Precisamente, en el diseño de los menús, la FESNAD también aconseja hacer partícipes de la preparación de las comidas a los pequeños. Así, se aumenta el interés de los pequeños por la comida. Sin embargo, solo lo hace habitualmente un 22% de los adultos encuestados y ocasionalmente el 38%. A partir de los 7 años es cuando se les deja colaborar en mayor medida.

Pero no hay que confundir este hábito con el de preguntar a los menores qué quieren tomar. Según el programa Perseo de la Estrategia NAOS, los adultos tienen la responsabilidad de elegir el menú, de comprar los alimentos y de diseñar una dieta completa. Y es que si se ofreciese esta posibilidad a los pequeños, elegirían alimentos demasiado dulces o salados. Con todo, sí es adecuado ofrecer a los niños la posibilidad de elegir entre dos o tres alimentos que las personas adultas tengan ya previstos, pero dentro de las opciones más saludables.

Otro de los errores más comunes y totalmente desaconsejados por la FESNAD es utilizar la comida como incentivo, alivio al aburrimiento o castigo. El 32% de los encuestados lo cometen, especialmente los cuidadores que no son los padres.

En familia

Uno de los hábitos más importantes es comer en familia siempre que sea posible. De esta forma, se mejora la calidad de la dieta del menor. Incluso hay estudios que indican que estos hábitos pueden evitar comportamientos de riesgo en los adolescentes.

En la encuesta, el 30% de los encuestados aseguraba comer con sus hijos tres veces al día, un 25% dos veces al día y otro 29%, al menos, una vez al día. El resto, un 16%, lo hacía con frecuencias semanales y no diarias: entre 3 y 6 veces por semana y frecuencias superiores. Incluso un 2% reconocía no comer nunca con ellos.

Pero no solo importa crear un ambiente familiar a la hora de comer. La FESNAD también incide en la importancia de dar ejemplo en el ámbito familiar, adoptando hábitos alimenticios saludables. El 69% de los adultos encuestados cree que sus hábitos nutricionales predican con el ejemplo de una dieta saludable (cuando los cuidadores son otros familiares y no los progenitores, esta proporción alcanza el 82%). Sin embargo, otro 27% admite que solo dan ejemplo a veces y un 4%, nunca.

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