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Guía de compra: conservas de atún: Conservas de atún, una porción de mar en la mesa

Proporcionan una cantidad notable de hierro, yodo, vitaminas del grupo B y ácidos grasos esenciales.

Al natural, en aceite de oliva, con tomate o en escabeche. Las conservas de atún pueden degustarse de múltiples formas, en una gran diversidad de platos y también en cualquier momento y lugar. Tan solo hace falta abrir la lata y al momento, de la manera más sencilla posible, tenemos a nuestra disposición un alimento de calidad, con un valor nutricional muy similar al del atún fresco.

 

Y es que dentro de una lata de atún, hay algo más que un apetitoso pescado. También una sofisticada tecnología con siglos de historia. En el XVIII, el francés Nicolas Appert consiguió esterilizar alimentos en botellas de cristal, algo que poco después repitió el británico Peter Durand en envases de hojalata. Los actuales métodos de enlatado han evolucionado hasta el punto de que no solo garantizan por largo tiempo la inocuidad del alimento, sino que además se esfuerzan en disminuir al máximo el impacto medioambiental del proceso. A la vez, se respetan características importantes para el consumidor, tales como el color, el aroma o la textura del atún. Y, no menos importante, se conserva con éxito el aporte nutricional del alimento.

Pero ¿cómo llega el atún a la lata? Tras su captura, y en el propio barco pesquero, el atún se ultracongela (es decir, se lleva a -18ºC, o menos, en muy poco tiempo). Se mantiene congelado hasta su llegada a las plantas de procesamiento, donde se eviscera, descama, limpia y enlata, siempre con el máximo respeto desde el punto de vista de la seguridad alimentaria. Las conservas de atún no contienen más aditivo conservante que la sal.

En este sentido, es clave priorizar al máximo los productos locales. Para el consumo en España, siempre generará menos contaminación un atún pescado en el Cantábrico que uno pescado en Japón. La razón principal es que productos pesqueros, como el atún, también generan cierto impacto medioambiental. Por ejemplo, un lote de tres latas con 179 gramos de atún supone la emisión a la atmósfera de unos 600 gramos de CO2, tal y como recuerdan expertos de la Universidad de Santiago de Compostela. Esto equivaldría a recorrer 6 kilómetros en un automóvil que emita unos 100 gramos de CO2 por kilómetro. Gran parte de dichas emisiones provienen del carburante que se utiliza durante el transporte del atún hasta la planta procesadora. Así, las toneladas de combustible necesarias para transportar atún desde un país situado a miles de kilómetros serán muy superiores a las precisadas para hacerlo desde una zona cercana.

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