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Los datos, informaciones, interpretaciones y calificaciones que aparecen en esta información corresponden exclusivamente al momento en que se realizaron y tienen, por tanto, una vigencia limitada.

Encuestadas más de 800 personas de 17 comunidades autónomas sobre su grado de conocimiento de la alimentación saludable: Alimentación saludable: no lo sabemos todo

El conocimiento general sobre alimentación es bueno (18,5 puntos sobre 26), sin embargo, el de un 22% de los encuestados se calificó como bajo o solo aceptable

Conocimientos generales

Pretender "olvidar"

Nuestros hábitos de vida y alimentación desempeñan una función capital sobre nuestra salud, según el nutricionista Julio Basulto. En este sentido, apunta en su libro, "Secretos de la gente sana", que la mayoría de la población sabe, en el fondo, cómo debería alimentarse. Las actitudes correctas y las incorrectas. Sin embargo, el experto también explica que se sobreestima la percepción que se tiene de lo que se ingiere y se "olvidan" en cierta manera algunos hábitos incorrectos y más habituales de lo que se piensa. Pero está claro que algo no hacemos bien. Los datos no mienten. La mayoría de los españoles presenta como mínimo una enfermedad crónica. Según la Organización Mundial de la Salud, las enfermedades no transmisibles más "asesinas" son las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, las enfermedades respiratorias y la diabetes. Estas dolencias comparten cuatro factores de riesgo: tabaquismo, sedentarismo, alcohol y mala alimentación, sobrepeso u obesidad.

 

Un 30% de los encuestados por EROSKI CONSUMER considera que sus actuales hábitos alimentarios son saludables. En especial, lo piensan los mayores de 55 años. Otro 63% cree que solo los tiene a veces y solo un 7% reconoce que sus rutinas alimentarias son incorrectas (en este caso, son sobre todo los hombres).

Saber mejorar

El grado de conocimiento general sobre la alimentación saludable es bueno. Del máximo de 26 puntos, los encuestados lograron 18,5 puntos, sin diferencias sustanciales en función del sexo, la edad o el nivel de estudios terminado.

Sin embargo, no todos lo saben todo. Un 22% de los encuestados demostraron un conocimiento bajo o solo aceptable. En este caso, destacaban los hombres entrevistados, las personas sin estudios o con un nivel de educación solo obligatoria y los mayores de 55 años (aunque son quienes en mayor proporción consideran que sus hábitos alimentarios son siempre saludables).

Por temáticas alimentarias, el 34% de los encuestados fallaron cuestiones sobre frutas y verduras, otro 21% también sobre alimentos proteicos y un 19% sobre grasas. Además, el 18% no tiene claras las diferencias entre alimentación y nutrición.

Por otra parte, en líneas generales, los entrevistados tienen más claros los conceptos sobre los lácteos, los alimentos con carbohidratos y los nutrientes. Es más, apenas le dan credibilidad a los falsos mitos.

Nutriente, no alimento

Los alimentos son indispensables para la vida y suministran al organismo la energía y los nutrientes necesarios para la formación, el crecimiento y la reconstrucción de los tejidos. Donde acaba la alimentación, empieza la nutrición, un proceso inconsciente e involuntario en el que se reciben, transforman y utilizan las sustancias nutritivas que contienen los alimentos.

En la encuesta, un 82% sabe que alimentación y nutrición son dos conceptos diferentes y un 68%, además, es consciente de que una alimentación saludable debe tener varias características: suficiente, completa, equilibrada, adecuada, adaptada y segura. Sin embargo, el 88% no tiene claro que los alimentos se clasifican en 6 grupos tal y como explica la Estrategia NAOS: lácteos y derivados, alimentos proteicos, alimentos con carbohidratos; legumbres, cereales y tubérculos; verduras y hortalizas, frutas; y grasas, aceite y mantequilla.

La importancia de nutrirse

Existen muchas formas de alimentarse, pero solo existe una para nutrirse. Cuando los alimentos llegan al aparato digestivo reducidas en unas cuantas sustancias, la nutrición es unitaria y monótona. Por este motivo, es importante conocer la composición de los alimentos y nuestra necesidad de nutrientes.

Sabemos, por ejemplo, que cada persona consume el doble de sal de la cantidad recomendada. Así lo aseguró el 90% de los entrevistados. Y es que a pesar de que la Organización Mundial de la Salud recomienda no tomar más de 5 gramos de sal diarios porque el exceso de este producto en la dieta se asocia con la hipertensión (factor de riesgo de las enfermedades cardiovasculares), se calcula que en España cada persona consume, de media, 11 gramos de sal al día.

También somos conscientes de nuestro déficit de fibra, tal y como lo indican el 93% de los consumidores encuestados. La ingesta recomendada para adultos se establece, aproximadamente, en 25 gramos al día de fibra a partir de alimentos, fácil de alcanzar si en nuestra dieta predominan los vegetales y los productos integrales. Sin embargo, actualmente la alimentación de los españoles es deficiente en este nutriente porque la mayoría de los alimentos consumidos están muy refinados, lo que hace que el estreñimiento sea una dolencia común.

Sin embargo, las vitaminas nos generan dudas, sobre todo cuando se habla de cantidades aconsejadas. Solo el 38% indicó que estos nutrientes se necesitan en cantidades muy pequeñas, pero que su déficit puede producir numerosas enfermedades carenciales.

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