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Los datos, informaciones, interpretaciones y calificaciones que aparecen en esta información corresponden exclusivamente al momento en que se realizaron y tienen, por tanto, una vigencia limitada.

Encuestadas 1.050 personas de 9 comunidades autónomas sobre sus opiniones y hábitos de compra y consumo de los alimentos funcionales: Alimentos funcionales: se compran y consumen, pero se duda de sus beneficios

Dos de cada tres consumidores encuestados los ha adquirido en alguna ocasión y de ellos, el 55% los toma a diario

¿Hay suficiente información? ¿La conocemos?

Escasa información

En este sentido, la CEACCU (organización en defensa del consumidor) apunta que hay una escasa información sobre los alimentos funcionales. Tras un análisis del etiquetado de alimentos funcionales (leche, bollería, margarinas, quesos, embutidos, refrescos y huevos, entre otros productos), concluyó que la información de su etiquetado sobre el efecto de los ingredientes funcionales y la cantidad diaria a consumir para que el resultado se manifieste es incompleta.

 

Insisten, además, en que el problema surge cuando directa o indirectamente se vincula esa modificación del alimento con la prevención de enfermedades, puesto que la actual legislación prohíbe atribuir propiedades preventivas, terapéuticas o curativas de una enfermedad humana a los alimentos.

En este sentido, durante la encuesta se comprobó que hay consumidores que se sienten desorientados en relación a los alimentos funcionales. Aunque el 49% asegura que tiene una buena opinión (especialmente las mujeres y las personas de entre 25 y 44 años), otro 43% tiene dudas y no sabe qué pensar. Solo un 8% tiene una mala opinión.

Presentes en los hogares

Pese a todo, es un hecho que compramos alimentos funcionales y que están presentes en nuestros frigoríficos y estanterías. Uno de cada tres entrevistados asegura que adquiere este tipo de productos habitualmente (otro 33% apunta que lo hace a veces). El perfil del comprador de este tipo de productos son las mujeres, los usuarios de 25 a 44 años, los encuestados procedentes de Navarra y aquellos con alguna dolencia.

Sin embargo, también hay quienes no se lo han planteado nunca. Un 34% de los encuestados por EROSKI CONSUMER nunca ha comprado alimentos funcionales. Son en mayor proporción los hombres, los entrevistados mayores de 65 años, los originarios de Galicia y quienes no sufren ninguna dolencia.

Y ¿qué tipo de productos funcionales adquieren? Generalmente yogures, leche, cereales, galletas, barritas o snaks y pan. Los eligen básicamente por dos funciones principales: son bajos en grasa y están enriquecidos en fibra. También optan por los probióticos y enriquecidos con calcio y omega 3. El lugar donde los adquieren es principalmente el supermercado, así lo asegura el 82% de los encuestados. Otro 37% menciona el hipermercado.

La etiqueta

Si la etiqueta es una herramienta indispensable para el consumidor, la de los alimentos funcionales lo es con más razón. Más si cabe cuando el 43% de los consumidores encuestados se siente confuso respecto a ellos y no sabe qué pensar.

Sin embargo, solo el 41% asegura que siempre lee el etiquetado de los alimentos funcionales que compra. En mayor medida son los hombres, los consumidores de entre 25 y 44 años, los procedentes de la Comunidad Valenciana y aquellos con estudios universitarios y posgrados. Sin embargo, el resto solo lo hace a veces o nunca. Estos últimos suponen un 29% del total de personas entrevistadas.

Entre las personas que dicen leer el etiquetado, el 80% se fija en las fechas de caducidad, un 57% en la lista de ingredientes, el 39% en la información nutricional, el 14% en los beneficios del alimento y el 11% en las recomendaciones de consumo y la procedencia.

La publicidad y el etiquetado de los alimentos funcionales están reguladas por la Unión Europea, quien establece las reglas que deberá cumplir la industria alimentaria para poder afirmar que un alimento contiene determinadas propiedades saludables (lo que se conoce como "alegación"). Y es que para ello, son necesarias pruebas científicas aceptadas. La actual legislación prohíbe atribuir propiedades preventivas, terapéuticas o curativas de una enfermedad humana a los alimentos. En ningún caso se alentará el consumo excesivo de un determinado alimento, ni se sugerirá que la dieta equilibrada y variada no puede proporcionar cantidades adecuadas de nutrientes en general. En la encuesta, el 73% de los consumidores encuestados considera que el etiquetado de los alimentos funcionales es lo suficientemente claro. Pero el 27% es más crítico y apuntan a una falta de información y a una letra excesivamente pequeña y con demasiadas palabras técnicas, y exigen una mayor claridad y orden en las explicaciones.

Sin trampas ni engaños

El Gobierno vasco y la Fundación Vasca para la Seguridad Agroalimentaria prestan especial atención a las declaraciones nutricionales y de propiedades saludables de los alimentos funcionales:

Principios generales para todas las declaraciones:

  • No deberán ser falsas, ambiguas o engañosas.
  • No deberán dar lugar a dudas sobre la seguridad y la adecuación nutricional de otros alimentos.
  • No deberán alentar el consumo excesivo de un alimento.
  • No deberán afirmar, sugerir o dar entender que una dieta variada y equilibrada es insuficiente para aportar las cantidades adecuadas de nutrientes.
  • No deberán referirse a cambios en las funciones corporales que puedan generar alarma o miedo en el consumidor.
  • No deben ser incoherentes con los principios de nutrición y salud generalmente aceptados, fomentar el consumo excesivo de cualquier alimento o desacreditar las buenas practicas dietéticas.

Solo se autorizará la declaración cuando:

  • Se ha demostrado científicamente un efecto beneficioso derivado de la presencia, ausencia o contenido reducido de la sustancia sobre la que se hace la declaración.
  • La sustancia objeto de declaración está presente en una cantidad significativa para producir el efecto beneficioso.
  • La sustancia objeto de la declaración está ausente o se ha reducido en una cantidad suficiente para justificar el efecto beneficioso.
  • La sustancia objeto de declaración se encuentra en una cantidad asimilable por el organismo.
  • La cantidad de producto que razonablemente pueda consumirse aporta la cantidad necesaria (del componente objeto de la declaración) para producir el efecto beneficioso.
  • El consumidor medio puede entender la declaración.
  • La declaración hace referencia a los alimentos listos para su consumo.

Restricciones al uso de declaraciones y exenciones:

  • No se podrán hacer declaraciones en todos los productos alimenticios. El Reglamento prohíbe explícitamente su uso en algunos alimentos y establece condiciones en otros.
  • En las bebidas que posean una graduación alcohólica superior al 1,2% en volumen no se podrán hacer declaraciones de propiedades saludables.
  • No se permiten alusiones al ritmo o la magnitud de la pérdida de peso.
  • No se autorizarán declaraciones que sugieran que la salud puede verse afectada si no se consume el alimento para el que se hace la declaración.
  • No se autorizarán declaraciones en las que se haga referencia a recomendaciones de médicos individuales u otros profesionales de la salud.
  • Solo se podrán hacer declaraciones de propiedades saludables en alimentos o categorías de alimentos que cumplan un determinado perfil nutricional.

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