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Guía de compra frutas con hueso: Frutas con hueso, bocados de salud

 

Albaricoques y melocotones, ciruelas y nectarinas, paraguayos y cerezas constituyen una espléndida exhibición de sabor, aroma y delicadeza. Estas frutas de temporada, abundantes en los meses de calor, son llamativas y coloridas. Su textura es suave, tersa y brillante. Lucen tonos intensos y vivos, típicos de la primavera y el verano. Da gusto verlas, por variadas y atractivas, pero más gusto da probarlas por sabor y por frescura. Y es que las frutas con hueso lo tienen todo: una estupenda apariencia, unos sabores deliciosos para incorporar a la cocina, una textura jugosa y unas propiedades nutricionales interesantísimas para cuidar la salud y mejorar la alimentación.

Su lugar en la dieta, ¿cuánto es suficiente?

Las frutas frescas, con o sin hueso, tienen un importante papel en nuestra dieta. Las pruebas que relacionan su mayor presencia en nuestra alimentación con beneficios para la salud son sólidas. Sin embargo, consumimos mucho menos de lo que deberíamos. Por esa razón, las entidades de referencia recomiendan un "mínimo" -y no un máximo- de consumo. Se aconseja comer cinco raciones diarias de fruta fresca y verduras. Una ración supone unos 140-150 gramos de fruta fresca en crudo y limpio. Para hacerse una idea, se aproxima al peso de una pieza de fruta mediana (pera, manzana, naranja, plátano, membrillo, pomelo, etc.), a una rodaja mediana de melón, sandía o piña, a 2-3 piezas medianas de albaricoques, ciruelas, dátiles, mandarinas, higos, a 4-5 nísperos, a 8 fresas medianas o un plato de postre de cerezas, uvas, moras, grosellas, etc.

Según estos cálculos, deberíamos consumir entre 420 y 450 gramos de fruta fresca al día para cubrir las recomendaciones, algo que en España no hacemos, pues los adultos solo tomamos 200 gramos diarios. Es decir, consumimos menos de la mitad del mínimo recomendado. Así lo evidencia la primera encuesta nacional de ingesta dietética española, denominada "ENIDE", llevada a cabo por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN). Tras recoger datos de consumo individual de una muestra representativa de la población adulta española (se encuestó a 3.000 personas de entre 18 y 64 años) se concluyó que este es insuficiente.

 

Resulta evidente que es necesario aumentar la ingesta de frutas, pero ¿cuáles elegir? Pese a que cada una de ellas presenta ciertas características nutricionales, lo cierto es que hay pocos motivos para decantarse por un tipo u otro de fruta con hueso, salvo si se padece alguna alergia alimentaria. Esto es muy importante, ya que todas las frutas detalladas en esta guía pertenecen a la familia de las rosáceas. La alergia a frutas de esta familia es muy frecuente en adultos, razón por la que se debe acudir a un alergólogo ante la sospecha de padecer una reacción adversa tras su ingestión.

En cuanto a si es o no recomendable consumir su piel, un documento elaborado por la Asociación Española de Dietistas, junto al Comité Científico de la Asociación "5 al día", detalló que aunque es cierto que quitar su piel puede generar disminuciones en su contenido nutritivo (como fibra, vitamina C, B1 y ácido fólico), dichas disminuciones no son relevantes a largo plazo cuando se consideran los beneficios obtenidos por el consumo de estos alimentos. El documento, además, detalla que las pérdidas serán probables solo en las zonas inmediatas al corte y no en el interior del alimento. Sí es conveniente lavar bien la piel si la vamos a consumir.

¿Están muy verdes?

La temporada ideal de consumo de estas frutas se enmarca en los meses de más calor. Por tanto, lo más recomendable es consumirlas a finales de primavera y en verano. Ello nos asegurará que estarán en su justo punto de madurez, con lo que su sabor y textura serán mejores. Además, serán más baratas. Sin embargo, puede ocurrir que, al comprarlas, notemos que aún están un tanto inmaduras. En este sentido, conviene saber diferenciar las que son climatéricas de las que no lo son.

Las primeras se cosechan verdes y siguen su maduración después. Las segundas, se recogen en el momento apropiado de maduración porque son incapaces de continuar el proceso una vez separadas de la planta. Todas las frutas aquí descritas, excepto las cerezas, son climatéricas. Así pues, si compramos un albaricoque, una ciruela, un melocotón, una nectarina o un paraguayo que todavía no están en su punto, no debemos alarmarnos, solo debemos saber cómo conservar estas frutas para que su madurez se produzca con éxito en casa. Si las ponemos en una bolsa de papel con agujeros y cerca de otras frutas climatéricas maduras, madurarán antes gracias al etileno que desprende la fruta madura, que estimula la maduración de nuestra fruta menos madura. En cuanto a las cerezas, no hay otra opción que escogerlas en su punto de madurez.

¿Cómo ayudar a madurar la fruta?

  • Albaricoque: lo debemos conservar durante dos o tres días a una temperatura de unos 20ºC. Madura más rápido si lo juntamos con manzanas. Cuando ya esté maduro, lo conservaremos en la nevera.
  • Ciruela: basta con dejarla unos días a temperatura ambiente para que su pulpa se reblandezca. Incluso si la compramos madura se suele mantener en buen estado tras 2-3 días.
  • Melocotón, nectarina y paraguayo: las dejaremos dos o tres días a temperatura ambiente. Esta estrategia, aunque no las torna más dulces, sí aumenta su aroma y sabor. Un color más amarillento en la piel suele indicar una mejor madurez.

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