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Guía de compra: cereales: Cereales, variedad de sabor y diversidad de nutrientes

La adición de azúcar, sal y aceites vegetales hacen de los cereales de desayuno unos productos más sabrosos y crujientes, pero menos recomendables para un consumo diario

  Probablemente, estemos ante el primer alimento funcional (aquellos que influyen en las funciones vitales del organismo de forma positiva): los cereales de desayuno. En cada cucharada de ellos, se esconde una buena dosis de historia. Ya hace 200 años en Estados Unidos comenzaban a manifestarse enfermedades asociadas a una mala alimentación como la hipercolesterolemia o el estreñimiento. Un reverendo presbiteriano propuso por aquel entonces sustituir el típico desayuno anglosajón (huevos, bacon, mantequilla...) por cereales integrales. Se crearon así las primeras recetas, tan toscas que requerían casi 24 horas de remojo antes de degustarlos. Tiempo después, el médico John Kellogg, fundador de la que con el tiempo sería la multinacional Kellogg's, los perfeccionó y creó una versión más digerible, pero que aún conservaba el cereal integral. Con el tiempo, se han ido desarrollando infinidad de recetas y tipos de cereales, eso sí, con más azúcar, sal y menos integrales que los originales. Y es que los cereales de desayuno son uno de esos productos sobre los que se proyecta un halo de saludable. No ayuda que muchos se comercialicen bajo el mensaje de ser el ingrediente para un "desayuno completo". Pero, ¿realmente lo son y de igual manera entre ellos?

Su lugar en la dieta

En un país donde de media se ingieren cerca de 5 kilos de cereales de desayuno al año, proporción similar a la de los americanos y ligeramente por debajo de la de los ingleses (5,9 kg por persona al año), cabe preguntarse por la mejor manera de incluirlos en nuestros hábitos alimentarios; sobre todo cuando quienes los consumen más son los niños de entre 6 y 9 años según la última encuesta ENIDE -Encuesta Nacional de Ingesta Dietética- de la AESAN.

En esencia, en su estado más natural y menos procesado, los cereales de desayuno constituyen una fuente excelente de hidratos de carbono complejos, elementos que se reivindican como los nutrientes por excelencia para comenzar el día con energía. Sin embargo, la adición de edulcorantes -azúcar, jarabe de glucosa, fructosa, chocolate o miel-, aceites vegetales y sal, para hacerlos más sabrosos y crujientes, desvirtúa el valor dietético de este alimento y lo convierte en un producto más dulce y menos imprescindible para un consumo diario. El valor nutricional de este alimento reside también en las vitaminas y minerales con las que vienen enriquecidos con frecuencia y en su aporte de fibra dietética. En este sentido, un pan integral tanto de molde como de panadería no tienen nada que envidiar a estos cereales. Como tampoco lo tiene una fruta fresca de temporada, un puñado de frutos secos o una ración de muesli (que no conviene confundir con los típicos cereales de desayuno azucarados), bañada en leche desnatada o acompañada de un yogur desnatado.

Con todo ello, no hay por qué defenestrar este producto, lo conveniente es saber reconocer cuáles son los más saludables entre todos ellos y detectar los que por su excesivo contenido en azúcar y sal merecen consumirse de manera ocasional.

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