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Los datos, informaciones, interpretaciones y calificaciones que aparecen en esta información corresponden exclusivamente al momento en que se realizaron y tienen, por tanto, una vigencia limitada.

Encuestadas cerca de 1.000 personas sobre sus hábitos de lectura del etiquetado de alimentos: Solo uno de cada dos encuestados lee siempre el etiquetado de los productos

El 94% cree que se utilizan términos excesivamente complejos y el 86% opina que debería modificarse

Los datos, por comunidades autónomas

Andalucía

Encuestadas cerca de 1.000 personas sobre sus hábitos de lectura del etiquetado de alimentos

Solo uno de cada dos encuestados andaluces lee siempre el etiquetado de los productos

Un 95% cree que se utilizan términos excesivamente complejos y el 87% opina que deberían modificarse

  En Andalucía, participaron en la encuesta casi 100 personas. Un 60% eran mujeres frente al 40% de los hombres. Todos ellos ostentaban la mayoría de edad: dos de cada cinco encuestados tenían de 35 a 54 años, uno de cada tres 55 años o más y apenas uno de cada seis entre 18 y 34 años.

La conclusión general es que solo uno de cada dos andaluces entrevistados lee siempre el etiquetado de los productos que adquiere y de ellos, poco más de la mitad entiende con frecuencia esa información. Es más, aunque un 84% lo consideran una herramienta útil, solo a uno de cada dos le influye siempre en la compra. Puede que esto se deba a que el 95% de los encuestados cree que se utilizan términos excesivamente complejos y el 87% considera que en el etiquetado deberían realizarse modificaciones.

La complejidad del etiquetado

La etiqueta de cualquier producto incluye una serie de conceptos que ayudan a los consumidores a clarificar lo que hay en su interior. Entre toda la maraña de términos, la mayoría de encuestados en Andalucía que leen las etiquetas (un 94%) asegura fijarse en la fecha de envasado y caducidad o consumo preferentes, otro 80% también en la información nutricional y la lista de ingredientes y alérgenos, y un 67% en el modo de empleo. Por el contrario, el concepto que menos les interesa es el nombre o razón social y dirección del fabricante o del embalador (solo un 33% se fija en este dato).

Con todo, para que el etiquetado de alimentos sea una herramienta eficaz y un medio de comunicación útil para el usuario, es imprescindible que la información sea clara y legible. Sin embargo, la mayoría de entrevistados andaluces (un 95%) opinan que las etiquetas contienen términos excesivamente complejos.

En este sentido, a cuatro de cada cinco andaluces de la encuesta la información de las etiquetas les ha inducido a error o confundido alguna vez a la hora de hacer la compra. En el 70% de los casos esa información se refería a la composición del producto y en el 30%, a sus características, cualidades y naturaleza.

De hecho, un 87% de los entrevistados en Andalucía considera que el etiquetado de alimentos debería modificarse de alguna manera. Y ¿qué es lo que proponen? Básicamente claridad y legibilidad. En concreto, en torno al 75% cree que las etiquetas deberían ser más legibles y más claras.

Información nutricional

El etiquetado específicamente nutricional engloba toda la información sobre el valor energético del producto y su contenido en una serie de nutrientes (proteínas, hidratos de carbono, grasas, fibra alimentaria, sodio, vitaminas y minerales). Para cuatro de cada cinco andaluces encuestados la información sobre los nutrientes del producto es muy importante y para tres de cada cinco también lo es el valor energético.

Pero ¿ver esta información en el etiquetado del producto que van a adquirir les influye siempre en su compra? Los nutrientes a tres de cada cinco entrevistados, mientras que el valor energético solo a uno de cada tres.

Uno de los sistemas que busca clarificar la información nutricional de las etiquetas es el 'semáforo nutricional'. Consiste en otorgar a los alimentos un indicador que muestre en un rápido vistazo sus características nutricionales y si el producto es saludable. De los casi 100 entrevistados andaluces, solo la mitad conoce este sistema. De ellos, al 90% les parece un sistema comprensible: nueve de cada diez piensan que es útil para realizar compras más saludables, cuatro de cada cinco opinan que también vale para identificar a primera vista de qué tipo de alimento se trata y tres de cada cuatro para conocer rápidamente qué nutrientes aporta.

Cataluña

Encuestadas cerca de 1.000 personas sobre sus hábitos de lectura del etiquetado de alimentos

Solo uno de cada dos encuestados catalanes lee siempre el etiquetado de los productos

Un 97% cree que se utilizan términos excesivamente complejos y el 87% opina que deberían modificarse

  En Cataluña, participaron en la encuesta más de 160 personas. Un 67% eran mujeres frente al 33% de los hombres. Todos ellos ostentaban la mayoría de edad: dos de cada cinco encuestados tenían de 35 a 54 años, uno de cada tres 55 años o más y apenas uno de cada seis entre 18 y 34 años.

La conclusión general es que solo uno de cada dos catalanes entrevistados lee siempre el etiquetado de los productos que adquiere y de ellos, menos de la mitad entiende con frecuencia esa información. Es más, aunque un 75% lo consideran una herramienta útil, solo a dos de cada cinco le influye siempre en la compra. Puede que esto se deba a que el 97% de los encuestados cree que se utilizan términos excesivamente complejos y el 87% considera que en el etiquetado deberían realizarse modificaciones.

La complejidad del etiquetado

La etiqueta de cualquier producto incluye una serie de conceptos que ayudan a los consumidores a clarificar lo que hay en su interior. Entre toda la maraña de términos, la mayoría de encuestados en Cataluña que leen las etiquetas (un 96%) asegura fijarse en la fecha de envasado y caducidad o consumo preferentes, otro 80% también en la información nutricional, alrededor de un 70% respectivamente en el modo de empleo y en la lista de ingredientes y alérgenos, y un 61% en el lugar de origen. Por el contrario, el concepto que menos les interesa es el nombre o razón social y dirección del fabricante o del embalador (solo un 39% se fija en este dato).

Con todo, para que el etiquetado de alimentos sea una herramienta eficaz y un medio de comunicación útil para el usuario, es imprescindible que la información sea clara y legible. Sin embargo, casi la totalidad de entrevistados catalanes (un 97%) opinan que las etiquetas contienen términos excesivamente complejos.

En este sentido, a cuatro de cada cinco catalanes de la encuesta la información de las etiquetas les ha inducido a error o confundido alguna vez a la hora de hacer la compra. En el 65% de los casos esa información se refería a la composición del producto y en el 41%, a sus características.

De hecho, un 87% de los entrevistados en Cataluña considera que el etiquetado de alimentos debería modificarse de alguna manera. Y ¿qué es lo que proponen? Básicamente claridad y legibilidad. En concreto, siete de cada diez cree que las etiquetas deberían ser más legibles y más claras.

Información nutricional

El etiquetado específicamente nutricional engloba toda la información sobre el valor energético del producto y su contenido en una serie de nutrientes (proteínas, hidratos de carbono, grasas, fibra alimentaria, sodio, vitaminas y minerales). Para cuatro de cada cinco catalanes encuestados la información sobre los nutrientes del producto es muy importante y para más de la mitad también lo es el valor energético.

Pero ¿ver esta información en el etiquetado del producto que van a adquirir les influye siempre en su compra? Los nutrientes a dos de cada cinco entrevistados, mientras que el valor energético solo a uno de cada cuatro.

Uno de los sistemas que busca clarificar la información nutricional de las etiquetas es el 'semáforo nutricional'. Consiste en otorgar a los alimentos un indicador que muestre en un rápido vistazo sus características nutricionales y si el producto es saludable. De los más de 160 entrevistados catalanes, solo la mitad conoce este sistema. De ellos, al 90% les parece un sistema comprensible: cuatro de cada cinco piensan que es útil para realizar compras más saludables y siete de cada diez opinan que también vale para identificar a primera vista de qué tipo de alimento se trata y para conocer rápidamente qué nutrientes aporta.

Comunidad Valenciana

Encuestadas cerca de 1.000 personas sobre sus hábitos de lectura del etiquetado de alimentos

Solo uno de cada dos encuestados valencianos lee siempre el etiquetado de los productos

Un 92% cree que se utilizan términos excesivamente complejos y en la misma proporción opinan que deberían modificarse

  En la Comunidad Valenciana, participaron en la encuesta cerca de 100 personas. Un 66% eran mujeres frente al 34% de los hombres. Todos ellos ostentaban la mayoría de edad: uno de cada dos encuestados tenían de 35 a 54 años, tres de cada diez 55 años o más y apenas uno de cada cinco entre 18 y 34 años.

La conclusión general es que solo uno de cada dos valencianos entrevistados lee siempre el etiquetado de los productos que adquiere y de ellos, no llegan a la mitad quienes entienden con frecuencia esa información. Es más, aunque un 72% lo consideran una herramienta útil, solo a dos de cada cinco les influye siempre en la compra. Puede que esto se deba a que el 92% de los encuestados cree que se utilizan términos excesivamente complejos y en la misma proporción considera que en el etiquetado deberían realizarse modificaciones.

La complejidad del etiquetado

La etiqueta de cualquier producto incluye una serie de conceptos que ayudan a los consumidores a clarificar lo que hay en su interior. Entre toda la maraña de términos, la mayoría de encuestados en la Comunidad Valenciana que leen las etiquetas (un 92%) asegura fijarse en la fecha de envasado y caducidad o consumo preferentes, otro 83% también en la información nutricional y alrededor del 65% el modo de empleo, la lista de ingredientes y alérgenos, y el lugar de origen. Por el contrario, el concepto que menos les interesa es el nombre o razón social y dirección del fabricante o del embalador (solo un 25% se fija en este dato).

Con todo, para que el etiquetado de alimentos sea una herramienta eficaz y un medio de comunicación útil para el usuario, es imprescindible que la información sea clara y legible. Sin embargo, la mayoría de entrevistados valencianos (un 92%) opinan que las etiquetas contienen términos excesivamente complejos.

En este sentido, a cuatro de cada cinco valencianos de la encuesta la información de las etiquetas les ha inducido a error o confundido alguna vez a la hora de hacer la compra. En el 66% de los casos esa información se refería a la composición del producto y en entorno al 30%, a sus características y cualidades.

De hecho, un 92% de los entrevistados en la Comunidad Valenciana considera que el etiquetado de alimentos debería modificarse de alguna manera (la proporción más alta del estudio). Y ¿qué es lo que proponen? Básicamente claridad y legibilidad. En concreto, alrededor de siete de cada diez cree que las etiquetas deberían ser más legibles y más claras.

Información nutricional

El etiquetado específicamente nutricional engloba toda la información sobre el valor energético del producto y su contenido en una serie de nutrientes (proteínas, hidratos de carbono, grasas, fibra alimentaria, sodio, vitaminas y minerales). Para cuatro de cada cinco valencianos encuestados la información sobre los nutrientes del producto es muy importante y para dos de cada tres también lo es el valor energético.

Pero ¿ver esta información en el etiquetado del producto que van a adquirir les influye siempre en su compra? Los nutrientes a la mitad de entrevistados, mientras que el valor energético solo a uno de cada tres.

Uno de los sistemas que busca clarificar la información nutricional de las etiquetas es el 'semáforo nutricional'. Consiste en otorgar a los alimentos un indicador que muestre en un rápido vistazo sus características nutricionales y si el producto es saludable. De los casi 100 entrevistados valencianos, no llegan a la mitad quienes conocen este sistema. De ellos, al 84% les parece un sistema comprensible: en torno al 70% piensa que es útil para identificar a primera vista de qué tipo de alimento se trata, realizar compras más saludables y para conocer rápidamente qué nutrientes aporta.

Madrid

Encuestadas cerca de 1.000 personas sobre sus hábitos de lectura del etiquetado de alimentos

Solo uno de cada dos encuestados madrileños lee siempre el etiquetado de los productos

Un 97% cree que se utilizan términos excesivamente complejos y el 91% opina que debería modificarse

  En la Comunidad de Madrid, participaron en la encuesta 140 personas. Un 61% eran mujeres frente al 39% de los hombres. Todos ellos ostentaban la mayoría de edad: uno de cada dos encuestados tenían de 35 a 54 años, tres de cada diez 55 años o más y apenas uno de cada cinco entre 18 y 34 años.

La conclusión general es que solo uno de cada dos madrileños entrevistados lee siempre el etiquetado de los productos que adquiere y de ellos, dos de cada cinco entienden con frecuencia esa información. Es más, aunque un 76% lo consideran una herramienta útil, solo a la mitad les influye siempre en la compra. Puede que esto se deba a que el 97% de los encuestados cree que se utilizan términos excesivamente complejos y un 91% considera que en el etiquetado deberían realizarse modificaciones.

La complejidad del etiquetado

La etiqueta de cualquier producto incluye una serie de conceptos que ayudan a los consumidores a clarificar lo que hay en su interior. Entre toda la maraña de términos, la mayoría de encuestados en la Comunidad de Madrid que leen las etiquetas (un 93%) asegura fijarse en la fecha de envasado y caducidad o consumo preferentes, otro 80% también en la información nutricional y un 71% en la lista de ingredientes y alérgenos. Por el contrario, el concepto que menos les interesa es el nombre o razón social y dirección del fabricante o del embalador (solo un 37% se fija en este dato).

Con todo, para que el etiquetado de alimentos sea una herramienta eficaz y un medio de comunicación útil para el usuario, es imprescindible que la información sea clara y legible. Sin embargo, la mayoría de entrevistados madrileños (un 97%) opinan que las etiquetas contienen términos excesivamente complejos.

En este sentido, a cuatro de cada cinco madrileños de la encuesta la información de las etiquetas les ha inducido a error o confundido alguna vez a la hora de hacer la compra. En el 67% de los casos esa información se refería a la composición del producto y en entorno al 36%, a sus cualidades.

De hecho, un 91% de los entrevistados en la Comunidad de Madrid considera que el etiquetado de alimentos debería modificarse de alguna manera (la proporción más alta del estudio). Y ¿qué es lo que proponen? Básicamente claridad y legibilidad. En concreto, dos de cada tres cree que las etiquetas deberían ser más legibles y más claras.

Información nutricional

El etiquetado específicamente nutricional engloba toda la información sobre el valor energético del producto y su contenido en una serie de nutrientes (proteínas, hidratos de carbono, grasas, fibra alimentaria, sodio, vitaminas y minerales). Para cuatro de cada cinco madrileños encuestados la información sobre los nutrientes del producto es muy importante y para dos de cada tres también lo es el valor energético.

Pero ¿ver esta información en el etiquetado del producto que van a adquirir les influye siempre en su compra? Los nutrientes más de la mitad de entrevistados, mientras que el valor energético solo a uno de cada tres.

Uno de los sistemas que busca clarificar la información nutricional de las etiquetas es el 'semáforo nutricional'. Consiste en otorgar a los alimentos un indicador que muestre en un rápido vistazo sus características nutricionales y si el producto es saludable. De los 140 entrevistados madrileños, no llegan a la mitad quienes conocen este sistema. De ellos, al 81% les parece un sistema comprensible: en torno al 80% piensa que es útil para realizar compras más saludables y para conocer rápidamente qué nutrientes nos aporta, y el 70% para identificar a primera vista de qué tipo de alimento se trata.

País Vasco

Encuestadas cerca de 1.000 personas sobre sus hábitos de lectura del etiquetado de alimentos

Solo uno de cada dos encuestados vascos lee siempre el etiquetado de los productos

Solo uno de cada dos encuestados vascos lee siempre el etiquetado de los productos

  En el País Vasco, participaron en la encuesta más de 115 personas. Un 57% eran mujeres frente al 43% de los hombres. Todos ellos ostentaban la mayoría de edad: tres de cada cinco encuestados tenían de 35 a 54 años, uno de cada cuatro 55 años o más y apenas uno de cada siete entre 18 y 34 años.

La conclusión general es que solo uno de cada dos vascos entrevistados lee siempre el etiquetado de los productos que adquiere y de ellos, apenas la mitad entiende con frecuencia esa información. Es más, aunque un 88% lo consideran una herramienta útil, solo a la mitad le influye siempre en la compra. Puede que esto se deba a que el 94% de los encuestados cree que se utilizan términos excesivamente complejos y el 80% considera que en el etiquetado deberían realizarse modificaciones.

La complejidad del etiquetado

La etiqueta de cualquier producto incluye una serie de conceptos que ayudan a los consumidores a clarificar lo que hay en su interior. Entre toda la maraña de términos, la mayoría de encuestados en el País Vasco que leen las etiquetas (un 94%) asegura fijarse en la fecha de envasado y caducidad o consumo preferentes, otro 86% también en la información nutricional y un 67% en la lista de ingredientes y alérgenos. Por el contrario, el concepto que menos les interesa es el nombre o razón social y dirección del fabricante o del embalador (solo un 26% se fija en este dato).

Con todo, para que el etiquetado de alimentos sea una herramienta eficaz y un medio de comunicación útil para el usuario, es imprescindible que la información sea clara y legible. Sin embargo, nueve de cada diez vascos entrevistados opinan que las etiquetas contienen términos excesivamente complejos.

En este sentido, a tres de cada cuatro vascos de la encuesta la información de las etiquetas les ha inducido a error o confundido alguna vez a la hora de hacer la compra. En el 65% de los casos esa información se refería a la composición del producto, y en tres de cada diez respectivamente a sus características, cualidades y naturaleza.

De hecho, un 80% de los entrevistados en el País Vasco considera que el etiquetado de alimentos debería modificarse de alguna manera. Y ¿qué es lo que proponen? Básicamente claridad y legibilidad. En concreto, cuatro de cada cinco cree que las etiquetas deberían ser más legibles y siete de cada diez más claras.

Información nutricional

El etiquetado específicamente nutricional engloba toda la información sobre el valor energético del producto y su contenido en una serie de nutrientes (proteínas, hidratos de carbono, grasas, fibra alimentaria, sodio, vitaminas y minerales). Para cuatro de cada cinco vascos encuestados la información sobre los nutrientes del producto es muy importante y para siete de cada diez también lo es el valor energético.

Pero ¿ver esta información en el etiquetado del producto que van a adquirir les influye siempre en su compra? Los nutrientes a más de la mitad de los entrevistados, mientras que el valor energético solo a dos de cada cinco.

Uno de los sistemas que busca clarificar la información nutricional de las etiquetas es el 'semáforo nutricional'. Consiste en otorgar a los alimentos un indicador que muestre en un rápido vistazo sus características nutricionales y si el producto es saludable. De los más de 115 entrevistados vascos, tres de cada cuatro conoce este sistema, la proporción más alta del estudio. De ellos, al 90% les parece un sistema comprensible: nueve de cada diez piensa que es útil para realizar compras más saludables, cuatro de cada cinco para identificar a primera vista de qué tipo de alimento se trata y tres de cada cuatro para conocer rápidamente qué nutrientes aporta.

 

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