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Trucos "salvavidas" en la cocina

Pasarse con la sal, olvidarse del pan o verse en la necesidad de dar de comer a más comensales de los previstos son situaciones habituales en la cocina que se pueden solventar siguiendo unos sencillos consejos

  Con las fiestas navideñas se multiplican las reuniones familiares y las celebraciones y también, a menudo, los esfuerzos para cumplir con tantos compromisos. Las compras y los regalos se pelean en el orden de prioridades con la planificación de menús y la organización sobre dónde se cenará, quién vendrá a casa, cuántos comensales serán... Aunque el espíritu de estas fechas está marcado por la alegría y los buenos sentimientos, lo cierto es que escapar de los sofocos no resulta tan simple. Menos aún para quien cocina. En este contexto, encargarse de los fogones tiene su mérito ya que, de algún modo, en el hogar conviven dos mundos paralelos: el de la cocina... y el resto. Aunque quien no cocine tenga buena voluntad -se ofrece a poner la mesa, unta algunos canapés o coloca los dulces típicos en una bandeja-, es entre los fogones donde "se cuece" todo lo demás y se trabaja, a menudo, a un ritmo de vértigo. Es habitual que la persona encargada de esta tarea tenga dudas sobre el menú, las cantidades que debe comprar o el momento en el que tiene de hacerlo. Y, por si fuera poco, es al cocinero al que le toca el difícil reto de controlar el gasto y lograr que todo esté en su punto en el momento exacto.

Los siguientes trucos y consejos están pensados para quienes se responsabilizan de cocinar en estas fechas tan señaladas y se enfrentan al desafío de dar de comer a muchos invitados.

  •   Planificación. Hay que saber cuántas personas se sentarán a la mesa y, en función de ello, diseñar el menú y hacer la compra. Dedicarse a ello con cierta anticipación permitirá ahorrar tiempo y dudas pero también dinero. Dos de los alimentos estrella de estas fechas, el pescado y el marisco, se pueden comprar con antelación y congelarse ya limpios, troceados y listos para su elaboración.
  • Empezar antes. Anticiparse a las fechas clave es de gran utilidad, sobre todo, con aquellos alimentos que se pueden cocinar unos días antes. Las salsas se pueden elaborar con tiempo y congelarse. El día que se van a usar bastará con sacarlas del frigorífico. Otras preparaciones, como los fritos, los pimientos rellenos, los chipirones en su tinta, los caracoles o los guisados, pueden hacerse con uno o dos días de antelación y guardarse en la nevera. Este proceso, además de aliviar el trabajo el día de la cena o la comida, potenciará el sabor de esos platos.
  •   Organización. Otra manera de disfrutar de la cocina es optimizar la combinación de recetas para ganar tiempo y comodidad. Por ejemplo, preparar dos o tres entrantes fríos, que puedan prepararse mucho antes, y uno caliente, que pueda hacerse en el horno o incluso en una cazuela para que pueda calentarse y servirse en poco tiempo. Conviene evitar las frituras de última hora: generan humo y olores intensos, y nos condenan a estar en la cocina, en lugar de sentarnos a la mesa con los invitados.

Trucos de última hora

Aunque la planificación y la organización son muy importantes (y útiles), no siempre evitan los problemas de última hora. A problemas contrarreloj, soluciones exprés y creativas:

  • Invitados inesperados. Para evitar que falte comida, siempre es bueno tener un fondo de nevera y despensa.
    • Entrantes. Unas tostas de pan, alguna conserva, una bolsa de lechugas variadas y una fruta serán más que suficientes para elaborar una ensalada en tiempo récord, o unos originales canapés, como los de salmón, lechuga y naranja.
    • Platos principales. Las guarniciones son grandes aliadas. Se puede añadir más salsa o más acompañamiento para que los platos rindan al máximo. Idea práctica: tener en casa una menestra congelada para imprevistos. Se cuece en solo 15 minutos y, si la salteamos con un poco de ajo y aceite, combinará muy bien con los pescados asados. Si el plato está hecho a base de carne, la mejor opción es cortar patatas, cebollas y zanahorias en láminas finas y asarlas al horno. También estarán hechas en un cuarto de hora.
    • Platos extra rápidos. Otro modo de inventar un plato rápido consiste en abrir o aplastar unas croquetas. Con esa bechamel se rellenan unos pimientos del piquillo y se cierran. Bastará asarlos en el horno con una salsa de tomate y un toque de nata para obtener unos pimientos rellenos con una estupenda apariencia.
  • Olvidarse del pan. Es recomendable tener pan congelado (sin cocer o de media cocción). Cinco minutos de horno a 180º C serán suficientes para resolver este problema y obtener pan recién elaborado y muy rico. Otra opción es utilizar el pan del día anterior que se guarde en casa. Se corta en rebanadas, se unta con aceite y se hornea durante uno o dos minutos a 200º C y se sirve en forma de deliciosas tostadas.
  •   Ingredientes congelados. La planificación parece una vía segura... hasta que se nos olvida descongelar los ingredientes que se usarán con tiempo suficiente para su elaboración. Si se trata de marisco, no hay problema, ya que se puede introducir al agua de cocción todavía congelado. Pero, ¿y si es pescado? Sin quitar el plástico que le protege, se sumerge en un recipiente con agua y bajo el chorro de agua fría -nunca de la caliente-. Se descongelará en unos diez minutos. Otro modo de hacerlo es utilizar la función de descongelado del microondas, pero con la precaución de hacerlo en pequeños intervalos (primero, de 5 minutos; luego, de 30 segundos) para evitar que se empiece a cocinar.
  • Pasarse con la sal. El primer paso es determinar si con un poco más de caldo o de agua podemos resolver el problema sin estropear el plato. Si no es así, una solución práctica es agregar dos o tres trozos de patata y dejar que se cocinen con el plato durante unos minutos más, para que la patata absorba la sal. Una tercera opción es rescatar el producto principal -la carne, el pescado, etc.- y aligerar por separado la salsa o, si es necesario, elaborar una nueva.

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