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Guía de compra: galletas: Un universo de galletas

Para acertar en su elección conviene atender a la cantidad de grasa que aportan, su perfil lipídico y la fibra y azúcar que contienen

  No hay armario ni despensa donde no falten. De hecho, su ausencia puede desatar más de una guerra doméstica. ¿Quién no ha empezado el día con la amarga sorpresa de no tener galletas para desayunar? La instantánea es idéntica en cualquiera de los hogares, y no solo de nuestro país: estanterías con un hueco casi oficial para guardar las de chocolate, otro reservado para las de desayuno, el escondite para el surtido por si vienen visitas... Y es que la galleta es uno de esos productos que gracias a su multitud de sabores y texturas ostenta la categoría de universal. En nuestro país, las galletas gustan, y mucho. El consumo per cápita anual en 2010 sobrepasó los 13 kilos, o lo que es lo mismo unos 65 tubos de las tradicionales galletas María. De hecho, en solo tres años la cifra se ha duplicado; en 2007 apenas superaba los 6 kilos. En pocos años, la variedad de galletas también se ha multiplicado: chocolateadas, con un sinfín de rellenos, con frutos secos, de yogur, redondas, cuadradas... El universo de galletas es tan amplio que en ocasiones elegir la más adecuada no siempre es del todo fácil. Pero, ¿hay una galleta ideal para todos por encima de las demás? La respuesta es negativa: todo depende de quién la consume, de la dieta que lleva y de cuándo lo hace. Para ayudar en esta tarea, EROSKI CONSUMER presenta en esta Guía de Compra algunas de las claves para acertar en su elección.

Su lugar en la dieta

  Diez mil años. Este es el tiempo que llevamos comiendo galletas. Su invención fue fruto de la necesidad: nuestros antepasados nómadas descubrieron que si aplicaban calor a una pasta de cereales esta se endurecía lo suficiente como para transportarla con facilidad. Desde sus orígenes, su fabricación se ha sofisticado y las rústicas galletas de antaño han dejado paso a nuevas fórmulas y sabores. Ahora bien, hay algo que no ha cambiado: la fama de ser un alimento que engorda. Las galletas aportan nutrientes diferentes según la variedad a la que pertenezcan. Por eso, es un error generalizar y defenestrar a todas por igual. Se trata de un alimento que constituye una fuente energética para el organismo, y como tal beneficia el desarrollo físico y el crecimiento debido a su rica composición en hidratos de carbono (harina y azúcar, básicamente) y grasas. En su mayoría, con independencia del tipo de galleta por el que nos decantemos, todas tienen entre sus ingredientes harina, que se obtiene del cereal molido. Este es un detalle fundamental para conocer la idoneidad del consumo de galletas, su frecuencia y también, para desterrar mitos infundados. Por ejemplo, la pirámide nutricional de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) incluye en su base la ingesta de hidratos de carbono: patatas, pan, arroz, pasta... La recomendación de los expertos es realizar de 4 a 6 tomas diarias de cereales, entre los que se encuentran las galletas. La meta parece asequible, pero la realidad se aleja de la teoría. Según las conclusiones de la primera encuesta nacional de ingesta dietética española, el consumo de hidratos de carbono está descompensado a la baja. Se aconseja el incremento de alimentos que los contengan como los cereales, más aún si son integrales. La ingesta diaria de hidratos de carbono es de 3,3 raciones per cápita, frente a las 4 a 6 recomendadas.

¿Verdadero o falso?

  •   Los mayores no deben comerlas. Falso. Entre otras cosas, las galletas tienen un alto contenido en almidón. Este componente facilita la digestión y además mantiene los niveles de glucosa en sangre. Si falta alguna pieza dental o se padece alguna dificultad para deglutir conviene elegir galletas con textura blanda que se mastiquen fácilmente. Pueden ser un alimento cardiosaludable si se eligen aquellas que sean bajas en sodio, ayuden a controlar el colesterol u aporten menos calorías en sus versiones ligeras.
  • Estoy a dieta, tengo que prescindir de ellas. Falso. No es preciso desterrarlas de la alimentación. Lo recomendable es controlar su ingesta de forma moderada y siempre dentro de una dieta equilibrada. Merecen atención especial las que tengan chocolate o incluyan dulces u otros componentes muy dulces como rellenos. En estas circunstancias, las integrales pueden ser un recurso interesante: sacian el apetito y son útiles porque lo calman y permiten que la persona aguante más horas sin comer. Por tanto, es más fácil controlar las cantidades que se toman de este tipo de galletas.
  • Las que tienen fibra adelgazan. Falso. Los alimentos integrales aportan más fibra que los refinados, pero su composición en calorías no varía tanto como se suele imaginar. Un ejemplo muy gráfico y extensible al resto de alimentos integrales o enriquecidos con fibra: a igualdad de peso el pan blanco aporta las mismas calorías que el integral. Ahora bien, no por ello debemos obviar la cantidad de beneficios que la fibra tiene para nuestro organismo: reducir el riesgo de padecer determinados tipos de cáncer, aumentar la sensación de saciedad, disminuir el riesgo de enfermedades coronarias, reducir las probabilidades de sufrir diabetes...
  • Pueden ayudar a controlar el colesterol. Verdadero. Son galletas funcionales. Por su naturaleza, colaboran en la prevención y el tratamiento de enfermedades, como por ejemplo, las que ayudan a reducir los niveles de colesterol. En este caso, se trata de las galletas bajas en grasas saturadas y ricas en ácidos grasos esenciales, como el omega 3, que pueden reducir los niveles de colesterol en sangre.
  • Forman parte de un desayuno saludable. Verdadero. Son una opción con la que empezar bien el día porque su aporte en hidratos de carbono las convierte en una fuente de energía y fuerza. Eso sí, habrá que elegir las más equilibradas y no vale tomar un par de galletas: para completar el aporte energético deben acompañarse de un lácteo y una pieza de fruta.
  • Los niños también pueden tomar las ricas en fibra. Verdadero. La recomendación, por sus ventajas para la salud, de seguir una alimentación integral no es exclusiva para los adultos. Niños y adolescentes también pueden, y deben, beneficiarse de un estilo de alimentación caracterizado por la presencia de una amplia variedad de cereales integrales, entre las que se encuentran las galletas de este tipo, además de frutas y verduras. Su consumo ha de ser progresivo para que se mantenga en el tiempo, ya que el niño está acostumbrado a otros sabores y enseguida notará la diferencia, lo que puede ocasionar su rechazo.

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