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Nutrición terapéutica: Un alimento para cada órgano

Mientras que el cerebro se alimenta de glucosa y vitaminas, los ojos necesitan de las vitaminas A,C y E y el corazón exige alimentos sanos

Los alimentos sanos para el corazón

  Las enfermedades cardiovasculares constituyen la primera causa de muerte en España. En gran medida, su prevención reside en una adecuada selección de alimentos. Tres son los componentes clave para la buena nutrición del corazón y de las arterias: las grasas insaturadas, la fibra y los antioxidantes.

Una dieta es cardiosaludable si al mismo tiempo que suma grasas buenas como las poliinsaturadas (en particular, los ácidos grasos omega-3, característicos del pescado azul y los frutos secos) y monoinsaturadas (aceite de oliva virgen extra y aguacate), resta grasas malas (las saturadas y las grasas trans). El fin terapéutico es regular solo con dieta los niveles de colesterol y triglicéridos, así como la densidad de la sangre, con el propósito de evitar la obstrucción arterial y reducir el riesgo de patología cardiovascular (infarto) o cerebrovascular (ictus, embolia).

Las enfermedades cardiovasculares se pueden prevenir con una adecuada selección de alimentos

Con el fin de minimizar el aporte de las saturadas, se debe abandonar el hábito de comer a diario o semanalmente carnes grasas, derivados -embutidos, tocino-, leche y derivados grasos -leche entera, quesos curados, nata, mantequilla- y bollería elaborada con aceite de coco o palma. Respecto a las grasas trans, el consejo es eliminarlas radicalmente de la dieta, sin dilación, dado que su perjuicio es mayúsculo: elevan las tasas de LDL-c o colesterol malo y reducen los niveles de HDL-c, colesterol bueno. Basta leer la lista de ingredientes para identificar qué alimentos llevan grasas trans (aparecen como 'grasas parcialmente hidrogenadas / aceites parcialmente hidrogenados): bollería, repostería, precocinados, etc.

La fibra y los antioxidantes juegan un papel indiscutible en una dieta cardiosaludable. La fibra dietética elimina parte del colesterol junto con las heces, por lo que contribuye a reducir sus niveles en sangre. Un adecuado aporte de antioxidantes reduce la oxidación de las moléculas de LDL-colesterol, un paso previo para su adhesión a la pared vascular y el inicio de la aterosclerosis (estrechamiento del diámetro de las arterias que dificulta el paso de la sangre). La ingesta diaria y abundante de hortalizas, verduras, frutas, frutos secos, legumbres y cereales integrales es fundamental para procurar al organismo la dosis diaria precisa de fibra, antioxidantes, potasio y magnesio, nutrientes todos ellos que intermedian en la salud de corazón y arterias.

Verduras verdes para el hígado

  Una adecuada selección de alimentos normaliza la función de hígado y vesícula biliar, órganos claves para la eliminación de residuos acumulados (residuos de medicamentos, pesticidas, metales pesados, etc.). Los síntomas más leves de una sobrecarga hepática son fáciles de identificar, aunque pocas veces se asocian al malestar de este órgano: prurito o picor en la piel, dolor de cabeza, fatiga o malestar digestivo con pérdida de apetito, dolor, náuseas y vómitos. Los grupos de alimentos que mejoran la función hepática son: cereales integrales como el trigo (en grano, bulgur, cuscús), legumbres (guisantes), verduras verdes, germinados y hortalizas fermentadas como el chucrut. Además, para el cuidado dietético del hígado es preciso atender las cocciones y tender a realizar elaboraciones suaves: al vapor, hervidos durante corto tiempo, escaldados...

Nutrir al que nutre: estómago, páncreas e intestinos

El sabor dulce marca a estos órganos, de los que depende la digestión de todos los alimentos: páncreas e intestinos sintetizan enzimas necesarias para digerir azúcares, proteínas y grasas. La buena digestión es el paso previo imprescindible para el buen funcionamiento de las células y, en consecuencia, de todos y cada uno de los órganos y sistemas que componen el cuerpo humano.

  Para cuidar de estos órganos digestivos la dieta debe incluir hortalizas de raíz, como la zanahoria o las redondas como la remolacha, la calabaza y la cebolla, más dulzonas porque absorben los nutrientes de la tierra y los asimilan en forma de azúcares. Sucede lo mismo con las frutas recogidas en su momento óptimo de maduración, su temporada natural. La ingesta diaria de estos alimentos equilibra la función de los órganos digestivos. En este sentido, la cocina juega un papel fundamental para obtener el máximo dulzor natural de los alimentos sin necesidad de añadir azúcares: con el uso de especias que aportan dulzor y potencian el sabor dulce natural del alimento (canela, nuez moscada, cardamomo, anís, clavo, vainilla), mediante la cocina con frutas desecadas y a través de la elaboración de cocciones largas y su posterior rehogo a fuego lento.

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