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Operar la miopía: del láser a las lentes intraoculares

La cirugía con láser permite abandonar las gafas o lentes de contacto, hasta ahora un utensilio indispensable en los miopes, y ver con claridad lo que antes eran imágenes difuminadas y borrosas

  Liberarse de las gafas sin perder un ápice de visión es el sueño de muchos miopes que han visto crecer su graduación desde la infancia y que dependen por completo de ellas. En la actualidad, la cirugía con láser está consolidada como tratamiento para la miopía y, además, han surgido otras alternativas, como la colocación de distintas lentes intraoculares, para resolver este problema de visión. Un trastorno que afecta a buena parte de la sociedad; en concreto el 25% de la población de más de 40 años es miope.

Ver las siluetas difuminadas, los rostros borrosos, no captar sus expresiones y no poder leer letreros por la calle son algunas de las dificultades más comunes con las que conviven las personas miopes. Hace unos años se definía con la frase coloquial "tener la vista corta", ya que los miopes ven muy bien de cerca, pero no de lejos. Las gafas o las lentes de contacto se convierten en un objeto indispensable para ellos. Por eso, muchos deciden operarse para no depender de las gafas o de las lentillas.

La miopía se relaciona con el tamaño del ojo, a la curvatura de la córnea o a una combinación de ambos factores. Así, un ojo tipo mide unos 24 milímetros de diámetro; si es más grande, se sufre miopía y, si es más pequeño, hipermetropía. También se padece miopía cuando la córnea, la lente principal del ojo, está más curvada, o hipermetropía, si está más plana. De hecho, el objetivo de la cirugía con láser es aplanar la curvatura de la córnea para eliminar la miopía o abombarla más para corregir la hipermetropía.

Cirugía con láser: por qué y para quién

La cirugía con láser (LASIK) da muy buenos resultados en personas con miopías bajas, con una graduación de hasta 6 dioptrías, aunque se ha aplicado en casos de hasta las 8, 9 o 10 dioptrías como máximo. No obstante, en los últimos años, se impuesto la tendencia de realizarla por debajo de las 8 dioptrías ya que, cuanto más alta es la miopía, peor es la calidad de visión resultante. En estos momentos, para las graduaciones altas hay otras alternativas quirúrgicas.

La cirugía con láser (LASIK) da buenos resultados en personas con miopías bajas

El LASIK, cuya finalidad es moldear la superficie de la córnea para corregir la miopía, se puede practicar a partir de los 18 años -aunque es preferible hacerlo a partir de los 20-, ya que si se hace antes la curvatura de la córnea se encuentra sujeta al desarrollo y la graduación puede ir en aumento. Aunque no hay una edad máxima para aplicar el láser, lo más habitual es realizarla hasta los 50 años y que, a partir de esta edad (los 50-55 años), se consideren otras opciones quirúrgicas más resolutivas.

Antes, durante y después

  • El preoperatorio: para someterse al LASIK, el paciente debe realizarse unos exámenes donde se estudia si cumple los requisitos para operarse y minimizar los riesgos de esta cirugía, pues, aunque tiene pocos, son menos si se selecciona bien a los pacientes adecuados. No pueden beneficiarse de ella las personas con la córnea muy delgada o con muchas dioptrías.
  • La operación: consiste en aplicar un láser de femtosegundo primero y el excimer después. Primero, con el láser de femtosegundo se practica un corte para levantar el epitelio corneal (también llamado flap corneal), que es la piel de la córnea. Luego, con el láser excimer se moldea la superficie corneal que, en el caso de la miopía, se rebaja. El láser no toca el ojo, que permanece abierto. La intervención apenas dura cinco minutos por ojo y se suelen operar los dos a la vez por lo que el acto quirúrgico dura diez minutos. Para que el paciente no sienta dolor durante el proceso se le administra una anestesia tópica (gotas).
  • El postoperatorio: dos horas después de concluir la cirugía, el paciente recibe el alta y puede irse a casa, con los ojos cerrados para evitar molestias y estar más cómodo. Al cabo de dos o tres horas, puede abrirlos, aunque es posible que tenga la visión borrosa y sensación de arenilla durante cinco o seis horas. No obstante, poco a poco se recobra la visión nítida hasta hacer vida normal.

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