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Alergias alimentarias: Alimentos que dan miedo

Recientes estudios aseguran que las alergias alimentarias entre la población infantil y adulta se han duplicado en los últimos diez años

Recomendaciones prácticas

  No hay tratamiento para esta afección, sino que el manejo de la enfermedad pasa por evitar el alérgeno y tratar los síntomas. Por ello, es importante conocer las manifestaciones más habituales de una reacción alérgica a un alimento, que son sobre todo cutáneas, en especial urticaria y angioedema (hinchazón), justo después de su consumo. También se pueden registrar síntomas digestivos (náuseas, vómitos, diarrea, dolor abdominal) y, aunque con menos frecuencia, se describen casos de rinitis y asma.

El diagnóstico de alergia a alimentos puede ser complicado, entre otras cosas, debido a las reacciones no alérgicas, conocidas como intolerancias alimentarias (hipersensibilidad alimentaria no alérgica), que a menudo se clasifican como alergias. También pueden interferir en el correcto diagnóstico los denominados test de sensibilidad alimentaria, basados en análisis de sangre y utilizados como pruebas diagnósticas para la detección de posibles alergias e intolerancias alimentarias, así como para tratar la obesidad y muchos trastornos más. No obstante, la comunidad científica no ha validado ni estas pruebas, ni los tratamientos dietéticos que se pautan a raíz de sus resultados.

  Con el fin de minimizar los riesgos de alergia, es habitual recomendar el retraso de la incorporación de determinados alimentos (pescado, huevos o fresas, entre otros) en la dieta de los lactantes. Según las evidencias científicas actuales, no hace falta retrasar los alimentos potencialmente alergénicos más allá de los seis meses, incluso en bebés con riesgo de desarrollar alergia, ni tampoco son necesarias dietas de exclusión en el embarazo y la lactancia.

Al hablar de alergia a un alimento, se ha de tener presente que se establecen familias de alimentos "alergizantes" que pueden provocar reacciones alérgicas en personas sensibles. Es decir, una persona con alergia a la leche de vaca presenta mayor sensibilización hacia la carne de vacuno (ternera, buey). Quien es alérgico al chocolate lo puede ser también al cacao y a la cola. En la familia de los guisantes se incluyen además de dicha legumbre, cacahuetes, judías secas, regaliz y goma tragacanto (E-413). A la familia de la rosa pertenecen fresas, frambuesas, moras, zarzamoras y otras variedades de frambuesa.

Alergia al huevo: difícil dieta de exclusión

  Hasta el momento, las dietas de exclusión absoluta del alimento problemático son el tratamiento más prescrito por ser el más seguro. No obstante, la dificultad de su puesta en práctica es un escollo en su consecución. Una persona con alergia al huevo no puede llevar una vida alimentaria normal ya que el ingrediente dañino puede estar tanto a la vista como oculto tras el más insospechado de los aperitivos, salsas y hasta en algunos vinos clarificados con clara de huevo.

Según la Sociedad Española de Inmunología Clínica y Alergia Pediátrica, SEICAP, es imprescindible llevar a cabo unas estrictas normas para evitar tener contacto con el ingrediente dañino, y por tanto deben excluirse de la dieta varios alimentos, entre los que se encuentran:

No hay tratamiento para esta afección, sino que el manejo de la enfermedad pasa por evitar el alérgeno

  • Dulces: merengues, helados, batidos, turrones, flanes, cremas, caramelos y golosinas.
  • Productos de pastelería y bollería: bizcochos, magdalenas, galletas, pasteles...
  • Hojaldres, empanadas y empanadillas con cubierta brillante.
  • Sopas: consomés, salsas como la mayonesa, algunas margarinas, gelatinas
  • Diversos cereales de desayuno.
  • Pasta al huevo y rebozados.
  • Embutidos: fiambres, embutidos, salchichas y patés.
  • Cafés con crema sobrenadante (capuccino) y algunos vinos que estén clarificados con clara de huevo.

Algunos pacientes muy sensibles pueden reaccionar con pequeñas cantidades de proteínas de huevo presentes en alimentos elaborados y que pueden figurar en las etiquetas como albúmina, coagulante, emulsificante, globulina, lecitina (salvo que se indique que es de soja), livetina, lisozima, ovoalbúmina, ovomucina, ovomucoide, ovovitelina, vitelina, luteína (pigmento amarillo), E-161b (luteína), E-322 (lecitina) y E-1105 (lisozima).

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