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Sonrisas y lágrimas: saludables por dentro y por fuera

La risa y el llanto son sanas y beneficiosas, contribuyen a mantener el equilibrio psicológico y un estado físico saludable

  Llorar es tan bueno para la salud como reírse, aunque bien podría afirmarse que son la cara y la cruz de nuestro estado anímico y una forma muy sana, en su justo equilibrio, de expresar nuestras emociones. Reír a carcajadas equivale a realizar una sesión completa de la mejor gimnasia y a un analgésico natural, mientras que llorar reconforta y relaja tanto como tomar un baño de agua tibia. Por eso, los expertos recomiendan expresar los sentimientos en forma de risas y lágrimas para sentirnos mejor.

El llanto es nuestra carta de presentación al mundo cuando nacemos y alrededor de los dos meses de vida esbozamos nuestra primera sonrisa social. Desde entonces, es inevitable que nuestra existencia se acompañe de sonrisas y lágrimas. Las primeras son bienvenidas, mientras que las segundas son temidas y rechazadas, a menos que broten por una intensa emoción de alegría. Pero tanto unas como otras tienen su razón fisiológica de existir y resultan beneficiosas para nuestra salud mental y nuestro organismo. ¿En qué se parecen la risa y el llanto? Son dos maneras de expresar las emociones y se hallan en estrecha relación con la presión sanguínea, la aceleración y detención de la respiración, la aparición del rubor y la palidez en el rostro e, incluso, con el tono muscular. Gracias a ellas, se consiguen descargar tensiones y ambas poseen una función reguladora que crea circunstancias ventajosas para el organismo.

Desde la niñez hasta la etapa adulta

La risa, y en concreto el sentido del humor, es una forma de expresión genuinamente humana que ha funcionado como cohesión social, como el canto o el baile. Diferentes estudios afirman que la risa se utiliza como una forma de comunicación en la infancia y que, en la etapa adulta, se convierte en un modo de expresión de los sentimientos. Así, mientras los niños de 6 años se ríen alrededor de 300 - 400 veces al día, los adultos lo hacen entre 15 y 100 veces; en cambio, los adultos mayores sonríen menos de 80 veces diarias; las personas más risueñas alcanzan 100 risas al día y las menos alegres apenas llegan a las 15, lo que demuestra que con los años se va pierdiendo esta capacidad expresiva.

Los adultos se ríen entre 15 y 100 veces al día

El llanto se produce, sin embargo, con fines fisiológicos: limpiar el lagrimal, mantener una adecuada hidratación de los ojos, pero también para liberar hormonas del bienestar. Acompaña al ser humano desde el nacimiento, sobre todo durante su etapa de bebé como un acto de comunicación y como un reclamo de atención a su madre y sus cuidadores. En la etapa adulta el llanto todavía se considera un acto de comunicación, pero se transforma para expresar otras necesidades, para mostrar la impotencia que se siente ante un suceso concreto, para aliviar una gran tensión o para eliminar la tristeza. Los "factores gatillo" que lo desencadenan suelen ser emociones muy intensas, que pueden ser negativas, como los pensamientos negativos y dañinos, las malas noticias, la rabia, la pena y el sufrimiento, pero también las positivas, como una intensa alegría.

Hormonas y músculos de la risa y el llanto

  Con la risa, se liberan endorfinas, sustancias opioides endógenas segregadas por el cerebro, con altos poderes analgésicos que mitigan el dolor, además de adrenalina, un componente que, en buena medida, potencia la creatividad y la imaginación, dopamina, que facilita la actividad mental y la serotonina, de efectos calmantes y que disminuye la ansiedad.

En cambio, cuando el llanto se activa se liberan adrenalina y noradrenalina, que es la hormona que hace que nos desahoguemos y tranquilicemos, y otras sustancias como la oxitocina, que liberan las madres cuando están cerca de sus hijos para proporcionarles una sensación de calma. Esto explica que, después de llorar un buen rato, se tenga una sensación de relajación similar a la que se experimenta después de un baño con agua tibia.

En la generación de la risa y el llanto intervienen además distintos grupos musculares. En la acción de reír participan cerca de 400 músculos, incluidos 15 de la cara, algunos del tórax, el abdomen y el estómago, que solo se pueden ejercitar con ella. En esos momentos y debido a la intensidad del ejercicio, cada grupo muscular se estimula como lo haría en una sesión de gimnasia, hasta el punto de que cinco minutos de risa equivalen a 45 minutos de ejercicio aeróbico y ayuda a adelgazar, ya que reactiva el sistema linfático. También produce una contracción de los músculos del diafragma, resonancia de la faringe y del velo del paladar, y contracciones involuntarias de los músculos faciales. Por otro lado, el llanto contrae los músculos faciales y el entorno de los ojos. Como consecuencia, la irrigación sanguínea excita las mucosas oculares y se origina el lagrimeo.

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